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Opinion

Y ya lo ve, es Tío Alberto y su ballet

Es comprensible que la gente esté ansiosa. ¿Cómo no entender el apuro por superar la crisis y resolver este problema lo antes posible? Sin embargo, una mirada sabia indica que debemos ser cautos y no adelantarnos a los acontecimientos. En otras palabras, seamos pacientes. Todavía no ha llegado la hora de otorgar el premio al Pelotudo del Año.

Aclaremos que ya están anotados en el concurso todos los consorcios y vecinos de los edificios que amenazan a los médicos o enfermeros que allí viven y los intiman para que se muden. Por supuesto, lo primero que cualquiera de estos Pelotudos va a hacer, en cuanto les duela la garganta, es llamar urgentemente a uno de esos mismos médicos a los que ahora les están pidiendo que se vayan. Son tantos estos Pelotudos que nos obligan a organizar el certamen en muchos grupos. Como la Libertadores.

La participación que está en duda es la de la joven que se escondió en el baúl de un taxi para ver a su novio. Obviamente, a primera vista no habría dudas de que estamos ante una Pelotuda que pasa el casting cómodamente . Sin embargo, también puede pensarse que lo que esta pavota hizo fue un acto de amor. Es un caso dudoso al que por ahora podríamos dictarle una nominación preventiva. En el fondo, tiene su lado romántico.

Y por supuesto, tenemos a toda la banda de Pelotudos del Ministerio de Desarrollo Social que compraron fideos y aceite pagando mucho más que lo que cualquiera de nosotros hubiera pagado en el chino de la esquina.

Mucho se ha discutido sobre el asunto. Hay quienes le echan la culpa a los funcionarios que responden a un par de intendentes del conurbano, otros responsabilizan a los funcionarios que puso La Cámpora, otros a los que representan a las organizaciones sociales y otros a los que designaron los sindicatos. También hay un debate sobre si estamos ante un episodio de corrupción o simplemente son unos inútiles. A simple vista, es la combinación de ambas cosas. Un clásico del kirchnerismo.

En total se habla de 15 funcionarios involucrados en el escándalo. Por las dudas, y para no cometer ninguna injusticia ni ser mezquinos, van los 15 a la final.

El episodio de la compra de alimentos por parte del Estado Nacional, del mismo modo que el desastre de los jubilados agolpados el viernes pasado, desnuda un problema estructural mucho más profundo, y que la pandemia está poniendo en evidencia como pocas veces. Veámoslo desde un punta de vista futbolístico que es mucho más fácil de entender.

En estos días de cuarentena, los futboleros hemos tenido la oportunidad de ver en varios canales de deportes algunos momentos inolvidables del fútbol argentino. Por ejemplo, los partidos de la selecciones mundialistas del 78, del 86 y del 90 entre otros grandes equipos.

Pensemos por ejemplo en el equipo de Menotti del 78. Los pocos delanteros contrarios que lograban sobrevivir en el medio campo a los tapones del Tolo Gallego, después en defensa se encontraba con Olguín, Galván, Passarella y Tarantini. Y si se daba el milagro de pasar, todavía tenías a Fillol en el arco.

Lo mismo podemos decir de los equipos de Bilardo. Si después de conversar en el medio campo con el Checho Batista todavía te quedaba un hueso sano, después te las tenías que ver con Cucciufo, el Tata Brown, Ruggeri y el Vasco Olarticoechea. Te aflojaban hasta las muelas.

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Ahora pensemos en el equipo de Tío Alberto. La defensa se arma con cuatro en el fondo: Luana Volnovich​ (Pami), Ginés García (Salud), Daniel Arroyo (Desarrollo Social) y Alejandro Vanoli (Anses). Con todo respeto, un colador.

Pese a que cada semana tenemos la sensación de haber encontrado al ganador, siempre aparecen nuevos candidatos que merecen entrar en lo que promete ser la competencia del año. Sin ir más lejos en los últimos días se sumaron decenas de nuevos aspirantes. Uno más Pelotudo que el otro.

No tienen la culpa. Fueron convocados para un partido de campeonato local y de golpe se encuentran jugando la final del mundo en el Olímpico de Munich contra Alemania capitaneada por Beckenbauer.

Dicen que Daniel Arroyo​ es un jugador con experiencia y eventualmente es el que puede ordenar un poco esa defensa. El resto no transmite ninguna seguridad.

Por izquierda marca Vanoli que, en el partido del viernes pasado contra los jubilados, entró en el segundo tiempo en reemplazo de Miguel Pesce​ (Banco Central). A los dos los desbordaron toda la tarde. Se comieron 6 y les hicieron precio.

De marcador derecho convocaron a Luana Volnovich. Maneja el PAMI con un presupuesto de 5.000 palos verdes y tiene que darle prestaciones médicas a casi 6 millones de personas, una tarea titánica. Pensando en tiempos normales, el puesto ya le quedaba grande, teniendo en cuenta que su principal experiencia era militar en La Cámpora y haber integrado durante dos años una comisión parlamentaria de Previsión Social.

Esta muchacha jamás en su vida firmó un cheque y ahora tiene 12.500 empleados y casi 3.500 contratados. En realidad son un poco menos porque tenés que restarle a todos los que despidió de entrada por ser sospechosos de haber votado a Macri, pero igual son un montón. Yo entiendo que la piba le pone voluntad pero era una jugadora para probarla en un torneo de verano. Imaginátela jugando contra Francia con Mbappe desbordando por la punta que marca Volnovich. Eso es el Coronavirus. Ahí necesitabas mucho oficio, gente de carrera, jugadores que tengan 20 años de PAMI por lo menos. Si no, inevitablemente te vas a comer cuatro.

Y Ginés está puesto por trayectoria pero digamos la verdad: es un ex jugador. Lo pusieron como marcador central al lado de Arroyo pensando en partidos de campeonato local. La idea era que el tipo se quedara quietito en el fondo y cuando Alberto fuera a tirar el corner al grito de “¡Aborto!”, Ginés subía a cabecear. No más que eso. Ahora se le viene encima la delantera de la selección nigeriana que corren con pelota dominada a 120 kilómetros por hora.

Esta es la defensa que tenemos. Entiendo que al kirchnerismo nunca le gustó la meritocracia, pero tampoco es cuestión de repartir cargos para pagar favores políticos porque el día que llega el tsunami te agarra en bolas.

No me quiero olvidar de Guzmán ​que está allá arriba, solito. Lo trajimos a préstamo para que negocie la deuda y ahora, comparado con el zafarrancho económico que enfrentamos, aquel es un tema que ya no le importa a nadie. A los fondos de inversión los están enterrando en fosas comunes del Bronx y los bonistas ya ni se acuerdan de lo que es el Bonar 2024.

Para motivar al equipo, Tío Alberto hace malabares con los números. Saca el pizarrón y te muestra que tenemos menos infectados que Chile.

La realidad es que, según la Organización Mundial de la Salud, al 2 de abril nosotros habíamos realizado 157 testeos por cada millón de habitantes mientras Chile había hecho 1.843 testeos por cada millón de habitante. Es obvio que ellos iban a encontrar más infectados que nosotros. Pero Tío Alberto te la dibuja para mantener la moral en alto y tratar de construir la mística. Es lo que hay.

Vamos a defender el empate colgados del travesaño con el único recurso que tenemos: quedarse en casa y bancar a los médicos, enfermeros, repartidores, cajeras de supermercado y todos los que le están poniendo el pecho al quilombo.

A nosotros, como buenos hinchas que somos, sólo nos queda guardarnos y alentar.

Ooooohhh… nosotros alentamos,
Ooooohhh… nosotros alentamos,
pongan huevo,
que ganamos…

Alejandro Borensztein

FUENTE: https://www.clarin.com/

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