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Opinion

Un país jaqueado por las reglas de plastilina

Adivinanza sencilla para usuarios entrenados en argentinidad mediante la mera rutina de ver caer las hojas del almanaque: ¿En qué se parecen el impuesto al viento, la idea de derogar las PASO, el nuevo índice jubilatorio y la embestida contra el traslado de los jueces?

Ya adoptadas o en proceso de desarrollo, estas medidas o acciones, de rubros diversos (puede haber más, claro), tienen algo en común muy importante: cambian las reglas de juego en el medio del partido. Independientemente de que se las considere pertinentes o desacertadas generan imprevisibilidad, porque contravienen los marcos de actuación previamente acordados. Son incompatibles con un plan de gobierno, con una mirada de mediano plazo. Responden a la determinación de sumar parches -a veces parches con aspavientos- para paliar la realidad adversa sin importar que la confianza social se debilite.
Muchos análisis de estos días coinciden en señalar la falta de confianza como el problema número uno, el factor común de los fracasos gemelos (antes era un poco mejor, hablábamos de superávits gemelos), los de la economía y la pandemia. Falta de confianza en las autoridades, en la institucionalidad, en el gobierno de dos cabezas.

Pues bien, he aquí uno de los corrosivos intrínsecos de la confianza, la liviandad con la que se asume que quien dispone de la mayoría es el dueño de las reglas. Las reglas entendidas como accesorios vitales de la política, una plastilina capaz de tomar la forma de las necesidades del oficialismo.
en la Argentina suele ser más intensa la discusión camuflada de las nuevas reglas, o las viejas reglas repuestas. Sucede con la fórmula para calcular la movilidad jubilatoria.
No existen en las últimas décadas dos elecciones presidenciales consecutivas bajo la misma normativa (entendiéndose por normativa el conjunto de disposiciones legales y resoluciones judiciales impuestas por los distintos estamentos del Estado a los participantes). Si los cambios estuvieran motivados por un anhelo de mejorar cada vez más el sistema habría que hablar, tal vez, de un perfeccionismo frustrante. Pero es peor: la causa del desvelo casi siempre consiste en acomodar las reglas al servicio del que manda, desviación culturalmente legitimada. Ahora mismo todo el mundo en la política sabe que la idea oficialista de suprimir las PASO en 2021 se debe en primer lugar a la intención de perjudicar a Juntos por el Cambio, bajo el supuesto de que es la oposición la que necesita que el Estado organice primarias obligatorias para ordenar su pelea interna por las candidaturas.

Escribe: Pablo Mendelevich – Fuente: La Nación

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