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Opinion

MIGUEL ANDREIS | ¡Lo que se viene! ¿¡El mundo de las mil adicciones!?

‘EL DILEMA DE LAS REDES SOCIALES’

El Frankenstein de la era moderna…

Escribe: Miguel Andreis.

Fue sin dudas, una de las documentales que más me impactó. A pesar de que, se podría decir que he superado la edad del riesgo de las adicciones -más de 60-, el problema ya no es uno, sino lo que dejamos con nuestro ADN. Hijos y nietos. Familiares. Amigos. Se trata de una de las perversiones más elaboradas de la que tengo noción. Aludo a lo que nos muestran en el documental: “El dilema de las redes sociales”

Por mi trabajo, periodista, soy uno de los tantos que consumo Netflix, Google, Facebook, Instagram, Twitter y otras. Luego de esta investigación de Netflix, ya nada volverá a ser igual, en cuanto a estar frente a una pantalla, sea telefónica o de la PC. Ya no observaré el accionar de niños como si se tratase de una inocente travesura. Tal como lo dicen en los distintos relatos los involucrados, estamos ante el negocio más redituable en la historia de la humanidad. Redes and company. Provechoso y perverso hasta lo impensado. Armamentos, drogas, industria farmacéutica, bancos, etc. Cada uno de los testimonios, espanta.

Hasta sentarme a consumir dicho film, me causaba cierta ternura ver a pequeñines con sus flacos deditos jugando con la pantalla de un celular. Encontrando lo que buscaba inmensamente más rápido que cualquier grandulón sin experiencia en la materia. Me bastaron dos horas con yapa para comprender que el mundo que se viene, manejado por unos pocos que, ya demostraron, pueden manipular el mundo y pasar desapercibidos.  Como jamás antes la tecnología se ha vuelto no solo peligrosa sino también tenebrosa. Las redes sociales son eso. La infamia en su máxima escala. Todo está pensado. Nada es al azar. Hasta el más fino detalle tiene una misión. La dependencia y el consumo. Nacen las adicciones.  La dopamina que genera dicho instrumento captura las mentes más frágiles y las exponen para futuras adicciones. Dicen los estudiosos en la materia que solo es preciso abrir la primera adicción. Hoy, por lejos, se llama conectividad, virtualidad, que va aumentando su imperiosa necesidad de sumar dinero, conjuntamente con el desarrollo que logran de la dopamina que manipula el pensamiento de niños y adolescentes. Todo se vuelve más comprensible, pero más dramático.

La influencia de la dependencia

Por años supuse que cuando un chico lloraba porque le quitaban el teléfono o lo sacaban de estar frente a una pantalla, y el llanto se expandía, no era otra cosa que una acción de defensa – “artistiada” diríamos- como para que no le sacaran eso tan importante que era y es para su vida.  Me abrieron los ojos. El niño llora porque, aún chiquito, su organismo necesita de la dopamina que le genera el ver lo que le quieren hacer ver.  No hay artistiada, existe una relación física, psíquica y química. Los padres en no pocas ocasiones permiten, por desesperación en casos, y tranquilidad en otros, en continuar dejando que niño “juegue” con el cianuro del futuro.

Solo repasar con algunos trabajos de psiquiatría y niñez, pero no solamente niñez, también adolescentes. Cuando alguien fue atravesado por una adicción, las otras son más fáciles de volverlos dependientes. Nosotros, desde la inconsciencia colectiva, colaboramos. ¿¡Tenemos en cuenta el riesgo que ello implica para el futuro inmediato!?

Cinco en silencio observando una pantalla

Allí se explica de qué manera en la adolescencia va quitando capacidad de generar estímulos de individualidad reñida con la natural y necesaria sociabilidad de los humanos. Cinco chicas/os es una mesa, cada una hablando o generalmente observando el teléfono y sin diálogos entre ellos.  Por allí andarán los logaritmos, es decir una proyección creada por mentes brillantes para que pensemos y actuemos lo que ellos/as, quieren, o que dirijamos nuestros pensamientos hacia los objetivos por los mismos creados. Es una herramienta de un poder extraordinario. En una parte, uno de los ex trabajadores de una plataforma, describía que dispusieron para una fecha, que todo un país, tenía que hablar sobre algo que ellos habían proyectado. Un logaritmo. Así fue, era el tema que todos hablaban. Entre pensamientos rasguñados, seguramente vale preguntarse ¿No pasará los mismo con el Coronavirus? Google tiene una herramienta que no deja de ser un arma. Su poder supera el más sobrestimado poder de las atómicas. Puede diluir los pensamientos y a las personas también.

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Preguntas y respuestas de los entrevistados…

¿Es fácil crear una adicción a las redes sociales?

A juzgar por lo que se expone en El Dilema de las Redes Sociales la respuesta sería un rotundo y contundente sí, ya que, tal y como explica Tristan Harris (ex trabajador de Google) la psicología es la que está detrás del funcionamiento de las redes sociales. Tanto que, ellos mismos afirman que es tu propia mente la que se vuelve en tu contra. Estudios de los comportamientos humanos, de sus hábitos, gustos…todo con un fin: ganar dinero gracias a la publicidad en las redes sociales.

¿Están los niños y los más jóvenes haciendo un buen uso de la tecnología?

Tal y como plantea El Dilema de las Redes Sociales, si Instagram, Facebook o cualquiera de estas plataformas puede resultar de lo más «peligrosa» en manos de un adulto no nativo digital, ¿qué ocurre con los más pequeños que aún no tienen una personalidad bien formada? El hecho indiscutible de que son las nuevas generaciones las primeras con las que están experimentando cómo convivir desde sus primeros años de vida con las redes sociales. Aparece como tarea de padres y educadores regular el uso de estas plataformas, que ya forman indiscutiblemente parte de nuestro día a día, aunque los ex trabajadores de estas compañías afirmen que tienen muy restringido su uso a sus hijos.

¿Están las redes sociales favoreciendo la polarización política?

Este es otro de los grandes debates que abre El Dilema de las Redes Sociales, dramatizado por la figura del adolescente de la familia con la que se ejemplifican las cuestiones que exponen los expertos. Un asunto de plena actualidad y sobre el que se han realizado enormes estudios con opiniones de lo más dispares entre sí. En el punto de mira se encuentran dos de los elementos más poderosos de Internet dados de la mano: las fake news y la rapidez para su propagación. Una de las frases más apocalípticas que muestra el documental la proporciona Tim Kendall, ex presidente de Pinterest quien asegura: «¿Qué es lo que más me preocupa? Creo que, a muy corto plazo, una guerra civil.»

El Dilema de las Redes Sociales también deja testimonios para la reflexión

«Vivimos en un mundo que un árbol vale más muerto que vivo, el que una ballena vale más muerta que viva. Mientras la economía funcione así y las corporaciones no estén reguladas seguirán destruyendo árboles, matando ballenas. Lo aterrador y ojalá sea la gota que rebalsa el vaso, es ver que ahora somos el árbol, ahora somos la ballena. Somos más rentables si miramos mucho una pantalla que si pasamos ese tiempo viviendo una vida plena», con estas palabras, Justin Rosenstein lanza una importante reflexión sobre el papel real que juegan los usuarios. Un testimonio más que impactante teniendo en cuenta que hablamos de un ex trabajador de Google y de uno de los grandes pensadores detrás del Facebook que conocemos hoy en día, creador del botón de «Me Gusta» y de las páginas de Facebook.

¿Es todo malo en las redes sociales?

Por supuesto que no. De hecho, el problema no aparece con las redes sociales, sino con el uso que les damos y con el hecho de que podamos permitir que estas plataformas distorsionen el mundo real. Porque, aunque en El Dilema de las Redes Sociales llama mucho más la atención lo negativo, en el documental también hay hueco para señalar los beneficios que las redes sociales han proporcionado a las comunicaciones modernas, desde la histórica Primavera Árabe hasta familias reencontradas gracias a Facebook, pasando por recaudación de fondos para múltiples causas humanitarias.

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Sin darnos cuenta, hace algunos años, silenciosamente unas mentes “brillantes”,  pusieron en marcha el Frankenstein de la modernidad… El mismo que quizás ya esté condenando a las nuevas generaciones y nosotros lo seguimos alimentando…

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