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Opinion

MIGUEL ANDREIS | ¡¡Cuando Villa María le clavó el taco al gobierno y al poder de la oligarquía!!

Escribe: Miguel Andreis      –        Días pasados desde Córdoba capital, el COE que maneja el tema de los protocolos, con respecto a la pandemia, habría determinado que algunos rubros, retrocedieran una fase. En este caso en particular en nuestra ciudad y la vecina villa, se bajó la orden, tal indicaría el COE regional, con un importante rol de la Municipalidad, de cerrar por 15 días todo el sector de gastronomía. Lo que podría dejar a muchos, que se encuadran en dicho rubro, en muy malas condiciones económicas. Lo curioso es que se había llamado a una marcha solicitando que se anulara tal determinación. Llamativamente, el intendente interino, dialogó con un sector de los propietarios de negocios de gastronomía, convenciéndolos que dieran marcha atrás con la iniciativa. Ignoro cuál fue la actitud de AERCA, no observé notas ni expresiones oficiales de la institución, que apoyaran a dichos empresarios. En ocasiones es saludable, que estos entes autárquicos, como el de los empresarios, mantengan cierta distancia de quienes detentan el poder, los que les permitirá percibir con mayor objetividad sus resoluciones.

¿Nuestra ciudad tiene un nivel de contagio como para adoptar dicha medida?

Las dudas se expanden. Lo llamativo es que nadie, ni el mismo COE que abarca a nuestra geografía, salieron a defender un posicionamiento.  Aceptaron a pie juntilla lo que bajaba desde la Docta. La respuesta es “son órdenes que vienen desde arriba…”. Tal vez dicho criterio responda a las normativas que se bajan del orden nacional, como si todo el país fuese la CABA. ¿Hay alguien que defienda los derechos, de los que, según el tiempo y la mirada del poder, son sacados de la faz de la comercialización? Este ir y venir se transformó en una constante.

Existe la autonomía en dichos entes. La impresión es que todo sigue una verticalidad como la que vimos años atrás, donde la democracia estaba amordazada y casi conminada a su desaparición. No todas las geografías son lo mismo, aunque parecería que sí. Las decisiones que se toman, no pocas veces entre cuatro paredes, no reflejan la totalidad de la problemática de la pandemia. Tampoco se observa que se analicen todos los componentes y los factores concomitantes. Si bien la vida humana es de sustancial importancia, seguramente la de mayor relevancia, también la economía y su anemia conllevan problemas de extrema gravedad. Que, seguramente se dimensionarán cuando todo esto termine, claro que para muchos ya será tarde. El tiempo no se vuelve. Las consecuencias tampoco. Quiero narrar una anécdota ocurrida en Villa María que tomó relevancia en todo el país. El acto disparador provino de un Intendente, que no había terminado tercer grado, que llegó como fotógrafo, luego canillita, lustrabotas y más tarde periodista, nos referimos a Salomón Deiver. La dignidad de un cargo no necesita de grandes títulos curriculares. Tampoco eso lo otorga Universidad alguna. Es la convicción que, gobernar es pensar y accionar en defensa de la ciudadanía que representa… Cada quién que saque sus propias conclusiones. Sobre lo que es gobernar de verdad… no obstante, cuando se desconoce la historia de su terruño, lo que está pasando por estos días en nuestra ciudad, suelen suceder…

¡CUANDO GOBERNAR ES DEFENDER A SUS CIUDADANOS!

12 de junio de 1958, ese día Villa María cobró notoriedad en el ámbito nacional. Para el poder un mal ejemplo. En realidad, la noticia traspasó las fronteras del país. Todo se originó con el conflicto azucarero que ya llevaba varias semanas en la provincia de Tucumán, y cuyo gobernador se puso a la cabeza del mismo. Decía defender los derechos de su pueblo. La realidad indica que él era uno de los propietarios de esos grandes ingenios que elaboraban dicho producto. Sin embargo, jamás se le habría ocurrido que a más de 700 kilómetros de distancia un intendente también adoptó una medida sorprendente, aduciendo defender los derechos de los ciudadanos que representaba.

El telegrama que fue tapa de los grandes medios indicaba: “Si mandan azúcar los tucumanos, Villa María remitirá carne”. Lo firmaba Salomón Deiver. Sin dilaciones ese hombre que fuera fotógrafo, canillita, periodista y más tarde político, tomó otras medidas. Lo primero que hizo fue decretar que (textual): “Visto que en la ciudad de Tucumán se encuentran detenidos quince camiones cargados de azúcar consignada  a firmas comerciales de esta ciudad; demora que según es de conocimiento de este Departamento Ejecutivo, obedece a una orden emanada del Superior Gobierno de Tucumán, lo que constituye una medida drástica, que afecta y llena de angustia a nuestra ciudad y a todo el país, medida inhumana que clama venganza, ya que el derecho de justicia y sacrificio debe ser solidario en el momento más precario de la vida nacional, y atento a ello; el intendente municipal, en uso de sus atribuciones y en defensa de las madres que claman por un terrón de azúcar, decreta: Art. 1º- Prohíbase embarcar en las jaulas del ferrocarril Mitre, seiscientos animales vacunos con destino a la provincia de Tucumán.

Art 2º- Inspección General prohibirá el tránsito de hacienda hacia cualquiera de los bretes de los ferrocarriles y transportes en camiones u otros medios, que se dirijan con destino a la precitada provincia. Comuníquese…”(*)

Al conocerse el hecho, el episodio se comentó en todos los tonos, cabe aclarar que tal actitud llevó a que el nombre de Deiver adquiriera simpatía y admiración a lo largo y ancho de la geografía nacional. Naturalmente que tal decreto adolecía, según los leguleyos, de gruesas falencias jurídicas. El mandatario estaba al tanto de eso, pero no le importó. Personalmente se puso al frente de un piquete de empleados municipales y de ciudadanos que se identificaban con la actitud asumida, y se encargaron de hacer bajar los seiscientos vacunos de los vagones. La operación se realizó, según escritos de la época, a pocos metros de unos corrales, ya desaparecidos, ubicados sobre la ruta 9 (al frente de Servicentro Baudino) donde operaba una feria ganadera. Un asesor letrado le explicó, Constitución en mano, que, al ser el ferrocarril de jurisdicción nacional, tal determinación le podría traer serias dificultades, hasta la propia intervención de su administración. No hizo caso al posible conflicto institucional. No conforme solamente con lo actuado, y frente a periodistas que llegaban de la capital provincial, avanzaba con sus argumentos sosteniendo: “Si el cañero tucumano, para poder vivir necesita cultivar setecientos surcos y sólo cultiva doscientos o trescientos, no es justo que el resto de los habitantes del país los tengan que mantener”.  Más revuelo aún, desafiaba a quienes manejaban una porción importante de la economía nacional. Y agregaba que “el minifundio es un cáncer en esa provincia; que las tierras están empobrecidas por falta de rotación de los cultivos; que esa minúscula provincia, con su nefasta industria para la economía nacional, que obliga al resto del país a pagarle cuatro veces o más el precio internacional del azúcar, tiene además absorbido en préstamos de vidriosa recuperación, más de la cuarta parte de la cartera del Banco Nación, etcétera” (*)

Hasta Frondizi debió intervenir

Desde varios ministerios del gobierno nacional, presidido por Arturo Frondizi, llamaban insistentemente al intendente villamariense en busca de un desenlace formal que destrabara el contexto. Temían que esto pudiera desembocar en una sucesión de reclamos similares. Aseguran que Deiver se comunicó telefónicamente con el presidente, y le expuso que no cejaría en su posición. Vittolo, que era el Ministro del Interior, llamaba varias veces por día, con “ofertas tentadoras” para que el Turco, accediera a levantar la medida.  La respuesta nunca dejó de ser “NO… manden azúcar y va la carne”. El gobernador Celestino Gelsi, intentó una y mil veces convencerlo. Tampoco tuvo éxito.

A la distancia del tiempo podría decirse que se trató de un acto “piquetero”. Solo cuando desde Tucumán se dio vía libre para que los quince camiones se encaminaran para Córdoba y Villa María, dejó partir el tren con los seiscientos animales.

 Deiver, tal vez uno de los intendentes con menor formación intelectual del pasado siglo, demostró poseer una sensibilidad y sentido de la oportunidad realmente notorios. Eso explicaba por qué llegó a ser dos veces intendente, y sin contar con ninguna estructura de los dos grandes partidos. Más aún, dos veces derrotó en internas al máximo caudillo radical, Amadeo Sabattini.

Tal acto de ” si quieren carne manden azúcar”, quedará en los anales de la política Argentina, sin embargo, existió un ocultamiento sistemático de la aludida determinación. Para el poder, para los dueños del poder económico, aquél mal ejemplo de sublevación “populista” no merecía ser tenido en cuenta. Difícilmente se animen a imitarlo…, claro que como decía Borges “la esperanza nunca es vana…”

 

* (Párrafos extraídos del libro Salomón Deiver, de Pedro V. Capdevila)

Fotografia de Villa María de Antaño.

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