Sociedad

Masculinidad y violencia: un estudio detalla características recurrentes en jóvenes

El consumo excesivo de alcohol y drogas, el culto a la fuerza física, algunas de las características recurrentes 

El consumo excesivo de alcohol y drogas, el culto a la fuerza física, las agresiones racistas y clasistas, así como la pertenencia a cofradías masculinas (la “manada”), son algunas de las características recurrentes en el estudio de estas violencias intergénero (cuando los varones atacan a mujeres, gays, lesbianas o personas trans) e intragénero, como la que tuvo lugar a la salida de la discoteca Le Brique.

Desde el Mascs también se busca visibilizar “masculinidades disidentes”, que cultivan otras formas de socialización masculina mediante la construcción de nuevas referencias cotidianas, públicas y colectivas. Al evitar el “guion de género” dominante o patriarcal, se alienta una mejor convivencia. El instituto, que desarrolla capacitaciones y campañas de información, está integrado por el médico pediatra y de adolescentes Juan Carlos Escobar (coordinador del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación), la licenciada en Ciencia Política Agostina Chodi (que participa en el programa coordinado por Escobar), el licenciado en Ciencia Política y doctor en Ciencias Sociales Luciano Fabbri, y el licenciado en Ciencias de la Comunicación e investigador Ariel Sánchez.

Procesos identitarios

Consultado por LA NACION, el doctor Escobar indica que la violencia no es constitutiva de un género u otro. “Los varones no nacemos machos, ni mucho menos violentos, sino que es un proceso de aprendizaje que se internaliza a lo largo de un proceso de socialización desde que nacemos”, dice. En este sentido, la fuerza física, la virilidad, la represión emocional operan como “medidas para separarse de aquello que está connotado como femenino u homosexual”.

No ser un niño, una mujer ni un homosexual marca el camino para la construcción de la identidad masculina. “A su vez, será el grupo de pares el que en este proceso identitario acreditará nuestra pertenencia, ya que los varones estamos permanentemente bajo el cuidadoso escrutinio de otros varones -agrega-. Nos miramos y clasificamos entre nosotros mismos, para certificar que pertenecemos al mundo de la virilidad”.

En opinión de este integrante del Mascs, ese proceso cobra gran importancia en la etapa de la adolescencia y la juventud, “donde la mirada del otro y el sentido de pertenencia al grupo de pares serán los constituyentes de la identidad”. Según Escobar, muchos chicos no harían determinados actos si estuvieran solos, y sin embargo los cometen o presencian sin decir nada si están en grupo. “La complicidad y el silencio por temor a quedar afuera son los grandes sostenedores de estas violencias”, agrega.

Respecto del asesinato en Villa Gesell, el coordinador del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia sugiere que no debe ser atribuido solamente a esta construcción de la masculinidad dominante, sino que además se tienen que considerar otros factores, como el consumo excesivo de alcohol, la impunidad de clase, y la mirada esquiva y ausente del mundo adulto. “¿Dónde estaban los guardias de seguridad del boliche? -se pregunta Escobar-. ¿Quiénes regulan los alquileres de departamentos a grupos de adolescentes y jóvenes en vacaciones? ¿Un padre o una madre sería capaz de reconocer la criminalidad de su hijo en lugar de ayudarlo a escapar?”.

Desde el Mascs se insiste en la necesidad de trabajar esos ejes desde los primeros años. “Es imperioso problematizar la construcción de género en la adolescencia y juventud para prevenir las violencias no solo hacia las mujeres, sino también entre varones, así como fortalecer la Educación Sexual Integral. Creemos que esta es una de las herramientas clave que tiene el Estado actualmente”, concluye.

Fuente: La Nacion

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