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Opinion

Maldito Covid ¡¡ Yo, culpable…!!! Miguel Andreis narra su propia experiencia tras contagiarse…

Escribe: Miguel Andreis     –     Comienzo diciendo que la intención de este escrito es simplemente el describir lo que sucede si en realidad te toca ser contagiado de COVID 19, dentro de una de sus fases más riesgosas. Los contextos internos y un mundo extraño y negro, si no te toca, en general lo desconocemos. Este flagelo no te vuelve mártir ni héroe, te transforma en víctima. Cualquier caminante, de un minuto a otro puede ser un portador y, desde ese momento y por un largo espacio de tiempo, su vida, si es que el destino así lo quiere, ya no será igual. No será el mismo, desconozco por cuanto tiempo. No obstante, los protocolos en los que la ciencia está trabajando hablan de un año de control post pandemia. En lo personal y es lo que pretendo remarcar, jamás soñé atravesar tremendo calvario. Siempre pensé que esto les pasaba a los otros, por ello y por mi inconciencia, no fui un ciudadano aplicado en cuanto al uso del barbijo y del distanciamiento. Suena extraño en un país, como el nuestro, donde la culpa siempre es el otro, asumir la propia. Es mi vivencia… la vivencia de alguien que en cierta medida subestimó la capacidad de daño de este virus…

Jueves 26- 1.15 de la madrugada. Comienzo con la narrativa. No podía hacerla si no era de noche
¡¡El enloquecedor temor a la muerte!!

El 29 de octubre no sería un día más. Comencé a no sentirme bien. Fiebre y un malestar que no dejaba parte de la anatomía sin punzar. Mis pensamientos comenzaban a ser inmanejables. El viernes 30 es el momento que, afortunadamente ingresa en mi vida el doctor Pedro Trecco, jefe de la Asistencia Pública e integrante del COE Regional; él había tratado de comunicarse conmigo no menos de tres veces. No nos conocíamos personalmente. Situación que se dio veinte días después. Ente, el COE, sobre quien me había expresado públicamente ya sea gráficamente o por la radio, no menos de tres ocasiones definiendo mi posicionamiento crítico sobre su funcionalidad. Hasta lo habíamos debatido al aire con otros integrantes del mismo.
Edgardo Munch, director del Grupo Radial Centro donde ocupo mis espacios comunicacionales, (programas) es amigo del galeno, pero además quien estaba en permanente en contacto con Trecco. Leo un WhatsApp, donde el cardiólogo muy amablemente me indica “Hola Miguel, sé todo lo que está ocurriendo. Urgente, hacéte un hisopado en la Asistencia y avísame. Si querés te envió una ambulancia…”. Agradecí, tomé un remise y me dirigí hacia dicho establecimiento sanitario. El trámite fue rápido. El personal actuante, médicas y enfermeras, actuaron, lo hicieron con calidez y prontitud. El “Positivo” llegó en menos de diez minutos. Recibí algunas instrucciones. La toma de temperatura era una de ellas. Reposo, aislamiento y algún antitérmico. Le comunico de lo sucedido al médico. Regreso a mi casa, le digo a mi esposa, Susana (Roganti), que estemos en piezas separadas. Ella no tenía síntomas aún. Su mirada sobre este flagelo, es diferente, ella fue por años bioquímica. Era el principio de noches difíciles. La temperatura no bajaba y el cuerpo parecía estar fuera de punto, desconfigurado, emitiendo un extraño bufido que golpeaba las vísceras. A la mañana siguiente me pongo nuevamente en contacto con el Dr. Trecco. Le explico. Me dice que vamos urgente para el Hospital Pasteur. Le remarco que mi cobertura de PAMI está en la “Clínica de la Cañada”. Y expeditivamente replica: “Bien, yo habló con el doctor Darío Quinodoz (Director del establecimiento) … tranquilo que primero te harán una TAC para saber el estado de los pulmones y algunos estudios más… Andá para el sanatorio que te espera la doctora Guzmán. Ya me comuniqué con ella” Así de expeditivo. Así de rápido. Así de eficiente. Algo comenzaba a ser distinto en mi cuerpo.
¡Apenas dos manchitas en los pulmones!
En pocos minutos paso por la tomografía Computada y me hacen laboratorio. Pregunto sobre el resultado, hasta que una joven, que no sé de quién se trataba, me responde que “se ven dos manchas pequeñas en los pulmones…. Me retiro del lugar algo más tranquilo. La idea era quedarme en cama en mi casa, como lo hacía la gran mayoría. Por el momento Susana no mostraba los síntomas que le llegarían después.
En el medio quedan dos o tres mensajes de parte del Dr. Trecco. Ya estaba al tanto del resultado de la tomografía. Había preguntado reiteradamente. Este escrito lo guardo como un disparador a la reacción de un testarudo. Yo: “Buen día Miguel. Fíjate hoy como te sentís y me avisás, más vale internación precoz que no andar corriendo más tarde”. Mi respuesta, de obsecado, fue “Dr. Me dicen que apenas son dos manchitas en el pulmón”. Lo suyo fue terminante: “No se trata de dos manchitas, son algo más que eso. Mucho más. La internación es lo aconsejable”. Me explica sobre lo que harán conmigo. “Usaremos el ibuprofeno inhalada y posiblemente plasma y…”.
Ya no leí más. En minutos ya estaba en la Clínica dispuesto para ser internado. Y describo tal contexto porque de no haberle hecho caso al profesional Trecco, posiblemente hoy no estaría escribiendo esta experiencia. No persigo otro fin con este relato, que le pueda servir de ejemplo a uno de los miles de tercos y obstinados como quien teclea, sobre lo que no hay que hacer. Con que uno solo lo comprenda y asuma, el objetivo estará logrado. Me consta que otros que adoptaron mi insólita tosudez no pudieron salir del trance….

El miedo que se dimensiona…
No sé si fue la tercera o cuarta noche donde la “guerra” se volvió de una crueldad inusitada. Los pinchazos y las canalizaciones comienzan, desde muy temprano. Medicamentos a granel y brazos que van tomando un color borravino. Comencé a percibir algo absolutamente desconocido para mí, la insubordinación del pánico. La pérdida del manejo de la cabeza. No te pertenece. El tocarse las mandíbulas y percibir del modo en que te vibraba el rostro. No sabía si era la fiebre o esos bichitos repugnantes que no paraban de zumbar dentro de mí. El miedo a la muerte es indescifrable. El cuerpo pierde todos sus parámetros. Ni la diabetes tiene sus valores normales, ni el hígado o los riñones. Nada de lo que te toman o miden, tiene alguna relación. Tus órganos se retuercen. Sentía en mi entrecejo, casi en la platea de los ojos, caras de bichos raros que me espiaban. Pedí un Clonalgín con desesperación. Si llegaba el fin que me tomara dormido. Las imágenes de aquellos tuyos o cercanos que ya no están, desfilan incansablemente en tus pupilas una mil veces. Rostros y nombres de los que se fueron antes, como brazas que se asientan en la frente
La cabeza salió de sus cabales.

El ahogo es algo físico y mucho más psíquico. El ibuprofeno se usa con una máscara muy práctica con el que te riegan los pulmones. Podría decirse que se trata de un invento cordobés. La aplicación ronda los 10- 14 minutos. No hay notorios síntomas de mejoría. Al menos en mi caso. Eso se repite tres veces por día. Claro que sin el efecto de la misma muy posiblemente los resultados habrían sido diferentes. La noche se vuelve terrorífica entre la fiebre y sus efectos colaterales.
No recuerdo si aquel paroxismo de presunción a la muerte, descansa en algún momento. Creería que no. A todo esto, Susana ya había sido internada en la misma pieza donde ya estaba. Si bien lo mío era complicado, ella lo estaba más aún. Tal vez su lejano pasado de fumadora le pasó alguna factura. Observar que su oxímetro -con lo que se mide el oxígeno- no levantaba, se volvía desesperante. Temíamos ser llevada a terapia intensiva. Si bien nuestra sala estaba condicionada con todo, no es lo mismo.
“A mi no me va a tocar…”
En los nueves meses de cuarentena, si bien no participamos de alguna fiesta especial, jamás dejé de ir a visitar a mis nietos. No siempre usé el tapabocas, solo para ir de compras o compartir la mesa de café con los amigos. A todos ellos les pido mil disculpas por no respetar, en no pocas situaciones, el ponérmelo. Yo era uno de los que creía que esto siempre les toca a los demás. No a uno. Casi que actué como una manera de rebelión a las determinaciones que se tomaban desde las más altas esferas del poder nacional, provincial y municipal. Me molestaba la creación de un estado casi policíaco. Los encierros. Las consecuencias de la que tanto hablé. Equivoqué mi accionar. Ya era tarde.

Pude ver de cerca, casi en carne propia, la lucha de médicos y enfermeras. Incansables. Incondicionales. Ambos se revisten con una protección de plásticos máscaras y guantes que se asemejan a personas de la NASA. Solamente pueden ingresar a las piezas, con ese atuendo de protección dos o tres veces por turno. En situaciones especiales, vuelven a cambiarse para atender al paciente, lo que le lleva varios minutos.
Médicos y enfermeras forman parte de un tironear por la vida, y eso se observa a cada instante. Están comprometidos. Poco y nada se sabe sobre lo que acontece en otras habitaciones, por allí se conoce sobre una cama que quedó vacía. La pulmonía bilateral no solo es cruenta, sino se vuelve un puñal que está detenido en tu garganta. El esfuerzo para que entre el oxígeno es titánico. Los ojos se vuelven rojos.
No podría decir con precisión cuánto duró esta agonía que uno la suponía la antesala al final definitivo, fueron quince días de internación para ambos. Más el reposo en casa…

Todos los días llegaba uno o dos mensajes del Dr. Trecco. Recién por entonces tuve noción racional de lo que había acontecido con mi férrea, absurda e impertinente negación.
Las estadísticas sobre los contagiados

Uno de los profesionales nos cuenta sobre el COVID 19, ante la pregunta del por qué tanta desigualdad de síntomas. De achaques. La respuesta que nos llega del profesional, que si bien es mucho lo que se ha avanzado aún es mucho más lo que debe descubrirse. Describe que: “sobre 100 personas contagiadas, 85 de ellas no tendrán una sintomatología grave, perderán el gusto y el olfato, dolores de cuerpo como una fuerte gripe, y otras variantes que en una semana o menos de 10 días desaparecerán… con algunas secuelas que en dos o tres meses desaparecerán. Un 13 % de los padecientes – donde nos encontraríamos nosotros-, casi con seguridad ingresarán en una neumonía bilateral, donde los desórdenes y complicaciones toman todo el organismo. Cuerpo y mente que se han desconfigurado. Se podrán apreciar la pérdida de los glóbulos rojos y varios efectos concatenados. La descomposición de minuto a minuto. En general estas propagaciones conllevan una alta carga viral. La cabeza pesada y abstracta, las órdenes no te responden, todo parece moverse en cámara lenta. Algo similar sucede con los movimientos del cuerpo. Nos aclaran que esos síntomas pueden durar meses. El equilibrio perdió espacio… hablar y no recordar nombres y apellidos se vuelve casi común. Muy seguramente no acontece con todos de igual manera. Y, por último, el 3% restante, tienen el peor final…”

Después de casi 15 días de internación nos enviaron a nuestra casa. El panorama comenzaba a mostrar otro rostro. Nos entregan un informe de 25 páginas de cada uno de los estudios que nos hicieron. Allí se indica día por día análisis, TAC, mediciones que se nos hizo.
Esto nos permite comprender la dimensión de los cambios de valores fisiológicos y lo que implica. Nada está dentro de su normalidad. Es un relato en números sobre lo que es transitar la cornisa del adiós definitivo. Con muchos de estos valores, se sobrevive solamente con la contracción y entrega de los profesionales que te atienden. Lo demás juega dentro de lo fortuito…

Mi observación sobre el COE…
He sido y, muy posiblemente siga siendo un crítico de esta organización, desde su creación hasta las idas y vueltas que, entre otras cosas, con el cambio de horarios, llevó casi a una situación de paraplejia al centro comercial de la ciudad. De la metodología de un encierro interminable y las consecuencias que ello trajo y traerá; claro que también digo que eso, poco y nada tiene que ver con la infraestructura creado en el estricto plano de la salud social. El de la lucha contra la pandemia. Allí, y vaya pare ellos todo mi reconocimiento. Un servicio, en todos los órdenes, desde el hisopado hasta los diagnósticos más complicados, son para observar con reverencia. Posiblemente sea tiempo de establecer autocríticas. Es preciso, en el país, perder los temores a asumir responsabilidades y determinar las falencias. Perder el temor a reconocer errores es un camino que ayuda.
Ya finalizando este largo escrito, no puedo dejar de reflexionar sobre la importancia de hacerle caso los profesionales y científicos. Ellos mismos definen que les falta más conocimientos, sin embargo, lo logrado los enaltece. Entiendo que no hay un tratamiento que cure definitivamente, pero en la prueba y error que llevaron adelante en este tiempo, a no pocos nos ha permitido vivir.
El barbijo, es la antesala de la vacuna que esperamos llegue pronto. Lo es también el distanciamiento. Si yo hubiese hecho caso, quizás no hubiese pasado por una experiencia tan infernal como ignominiosa.
Un agradecimiento a todos los médicos y enfermeras, sería injusto el sobresaltar un nombre. Muy especialmente, repito al Dr. Pedro Trecco; a veces la vida te juega esas sorpresas, como ese whatsapp que me envió indicándome que un día más, puede ser y generalmente es tarde…
Y deseo cerrar con algo interior, antes si cuestionaban a las vacunas, no me importaba demasiado, ahora, después de lo vivido y observado como el desdén de otros, me molesta terriblemente cuando se las quiere usar políticamente. De un lado u otro. Seguramente a quienes apelan a tan miserable acción nunca supieron lo que son esos bichitos en tu cabeza como dándote el último adiós… Espero que lleguen lo más pronto posible… No olvido que cualquier científico, cualquiera, está dotado de infinitamente más conocimientos que aquellos que tenemos la responsabilidad de comunicar.
No quiero olvidar a mis amigos que donaron sangre; juan Carlos “Pato” Fonseca; Chapa Villanorvo; Diego Guyón y Franco Ortiz; Carlitos Gagliano; Gabriela Beck y todos los chicos del Grupo de la FM Centro, a Edgardo; y todos los amigos y conocidos que diariamente llamaban para interesarse por nuestra salud. Por los buenos deseos. ABSOLUTAMENTE A TODOS… Un abrazo sin Covid
Cuídense, el barbijo es lo que antecede a la vacuna… No sea terco como yo.

Gracias en nombre de Susana y el mío…

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