Opinion

La intuición de la eternidad

Hace pocas semanas, bajo el título: “EL ESPEJO DELATOR”, desgranaba la historia de una mujer que, a punto de caer en un precipicio, descubre que su esposo le está siendo infiel. El relato, fue compuesto en base a una lectura de un “grande” de la historia de la literatura italiana, nacido en Sicilia, en setiembre de 1925 y que, a sus 93 años, no sólo se encuentra totalmente lúcido, sino que sigue apasionando a sus miles de seguidores, por sus definiciones precisas sobre las angustias elementales del ser humano. Su nombre es ANDREA CAMILLERI y su salto definitivo a la fama, deviene del éxito literario y luego televisivo, de una saga protagonizada por un comisario de policía, llamado SALVO MONTALBANO. Camilleri fue guionista, director teatral y de televisión, y finalmente novelista de éxito con millones de copias de sus libros traducidas a distintos idiomas y vendidas en todo el orbe. Afiliado en 1944 al Partido Comunista, habiendo ganado un concurso de la RAI, por razones políticas, fue postergada, por unos años, su selección como empleado de ese emprendimiento. Hoy, su vejez, vino acompañada por una minusvalía denominada CEGUERA. Más, a pesar de ello, los ojos de su alma, siguen escrutando los espacios infinitos del ser y del no ser. Periodistas de una publicación “on line” italiana (Fampage.It), realizaron un reportaje conmovedor, luego subido a You Tube. Aprovecho esta columna que generosamente me proporciona “EL REGIONAL”, para acercar a los lectores, algunos pantallazos de la entrevista. Y pido perdón desde ya, si algún involuntario error de traducción se desliza.

UNA MUERTE PREMATURA.

Camilleri, un maestro del género policial, se define a sí mismo como un verdadero asesino. “No dejo rastros detrás de mí”, confiesa, sonriendo. Y lo dice en el contexto de que, ya hace 13 años, ha escrito (y reescrito) el relato sobre el final (probablemente la muerte) del personaje que lo ha llevado a la fama, esto es, el comisario Salvo Montalbano. Cuenta Camilleri que, ya aproximándose a los 80 años, comenzó a temer por la llegada del Alzheimer. Por ello decidió anticiparse a tal eventualidad, y redactar una especie de saga póstuma, por el cual, el propio final del escritor, coincida con la probable muerte de su personaje. “En mi momento final, también terminará Montalbano”.  Y sigue diciendo: “Pero Montalbano no muere, ni tampoco se jubila, Siendo un personaje literario, muere como tal”.

LA EDAD DE LA DUDA

“Yo siempre fui un dubitativo. Meditaba largamente antes de hacer alguna cosa. Sin embargo, luego, arribado a cierto punto, decía que había llegado la hora de cortar con las incertidumbres. Hoy, el asunto es un poco más complejo, porque hago menos cosas, dada la ceguera, y más dudas me surgen, de tal manera que LA EDAD DE LA DUDA no sólo no ha terminado, sino que es como que se ha EXTENDIDO”   

LA MELANCOLÍA DE LA CEGUERA

Su ceguera le resulta dolorosa, por varias razones, entre ellas “No ver más a las mujeres… no ver más la belleza femenina… esta es la cosa que me ha hecho convertirme realmente en un melancólico… Y luego no ver más la televisión que tanto he amado”.  Y agrega: “Uno de los primeros ejercicios que hice cuando dejé de ver, fue reconstruir en mi mente la “Flagelación de Cristo”, de Piero della Francesca. Recordar el color de sus personajes, las vestimentas que llevaban. Me gusta acostarme temprano PORQUE EN EL SUEÑO VUELVO A VER. Veo bellísimo, y cada tanto, me hago esta pregunta: ¿Pero… no eres ciego? Y me respondo: No tiene importancia, ahora estás viendo. Veo con colores vivísimos. Me llegan con una belleza, una fuerza extraordinaria. He descubierto que todos los otros sentidos corren en socorro del sentido que me viene a faltar. El tacto me ha devenido muy sensibilísimo. Y a pesar de haber fumado tanto hasta perder el sentido del gusto y del olor, ahora, ellos, han vuelto. Y remata: El cuerpo humano es un milagro.

DIOS Y LA ESPIRITUALIDAD

Casi una confesión: “He tenido mis momentos en los cuales querría sentirme espiritual. Nunca tuve éxito, porque el cuerpo siempre resultó vencedor. Naturalmente, las limitaciones que devienen de la edad, TE HACEN PENSAR MÁS EN ALGUNAS COSAS QUE VAN MÁS ALLÁ, que no es Dios, no sé, alguna cosa, pero… ¿queréis saber cuál es la verdadera razón por la que estoy aquí? Es porque a los 93 años, después de haber escrito más de cien libros, creado situaciones en forma continuada, personajes, haber dirigido teatro, radio, televisión etc. EN ESTE SILENCIO QUE SE ESTÁ CREANDO DENTRO DE MÍ, me ha venido el deseo, no de comprender, porque será muy difícil de comprenderla, sino INTUIR, QUÉ COSA PUEDE SER LA ETERNIDAD”.

 

Escribe: JOSÉ NASELLI   Ex Tribuno – Vecino

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