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La historia de Jeannette Campbell, la nadadora que le abrió el camino a las mujeres en el deporte argentino

Se cumplen 84 años de la medalla de plata que conquistó Jeannette Campbell en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

La historia no sólo la escriben los que ganan. A veces, también dejan huellas aquellos que ni siquiera se lo proponen. Jeannette Campbell viajó a Berlín 1936 con la ilusión que cualquier atleta siente al tener la oportunidad de participar de un Juego Olímpico, pero jamás pensó en todo lo que vendría después de su aventura por tierras alemanas.

En tiempos donde los años se contaban entre guerras mundiales, la nacida en Francia probó con el hockey sobre césped pero terminó inclinándose por la natación, la disciplina que marcó su vida y le permitió convertirse en la primera mujer en llevar la bandera argentina a un podio olímpico.

Arrancó la travesía subiéndose al barco Cap Ancona, viajando desde la década infame de Buenos Aires rumbo a la Berlín nazi de Adolf Hitler. Sobresalió como la única mujer entre los 54 hombres de la delegación argentina. Se entrenó durante el viaje con una soga atada a la cintura en una diminuta pileta. Bajó del transatlántico y siguió preparándose, asombrada por la organización de un certamen que el régimen alemán utilizó para mostrarle al mundo su (espantosa) grandiosidad. Se inspiró en su hermana Dorothy, la encargada de transmitirle el amor por la natación. No llegó al 10 de agosto de 1936 como una de las favoritas. Sin embargo, se acomodó con confianza en el andarivel número 6 y saltó al agua al escuchar la orden del juez. Brazada tras brazada iba escribiendo su nombre en la historia. En los 100 metros libres llegó apenas cinco décimas por detrás de la holandesa Rie Mastenbroek. Tenía 20 años. Jeanette Campbell rompió por tercera vez su récord sudamericano (1:06,4) y se bañó en plata para siempre: fue la primera mujer argentina en participar en un Juego Olímpico y también la primera en colgarse una medalla.

La nadadora amateur del Belgrano Athletic no sabía que en la cita de Berlín, además, iban a premiarla por sus lindos ojos celestes como la “Reina” de la belleza. Tampoco se imaginaba que inmortalizaría su legado en el Salón de la Fama de la Natación, ni mucho menos que el natatorio del Centro Nacional de Alto Rendimiento (Cenard), donde se cultivan nuevas ilusiones todos los días, iba a llevar su nombre.

En definitiva, la nieta de Mary Gorman -una de las maestras que Sarmiento convocó al país- no era consciente de que se transformaría en la mujer que le abrió las puertas al deporte femenino en nuestro país. “Fue la que le demostró a las mujeres que se podía entrenar y competir”, sostiene Martín Rodríguez, encargado del Museo Olímpico Argentino, mientras repasa la trayectoria de la nadadora durante una charla con Filo.News.

La hazaña de la nadadora en Alemania es una de las 13 medallas conseguidas por atletas argentinas a lo largo de 84 años, junto a las actuaciones de Noemí Simonetto (Londres 1948, atletismo), Gabriela Sabatini (Seúl 1988, tenis), Serena Amato (Sidney 2000, yachting), Georgina Bardach (Atenas 2004, natación), Paola Suárez y Patricia Tarabini (Atenas 2004, tenis), Paula Pareto (Beijing 2008 y Río 2016, judo) y Cecilia Carranza Saroli (junto a Santiago Lange en Río 2016, yachting), además de Las Leonas (Sidney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012, hockey sobre césped).

Interiormente, Campbell sabía que con una mejor preparación, sumada a su experiencia, podía aspirar a otro podio en los Juegos siguientes. Y así fue como se llevó todos los laureles que se propuso en el Campeonato Argentino y a nivel sudamericano entre 1938 y 1939. Sin embargo, el estallido de la segunda guerra mundial obligó a la cancelación de Tokio 1940 y, finalmente, ella decidió dejar la alta competencia al año siguiente.

A pesar de retirarse, su vida continuó ligada con los anillos olímpicos. Se casó con Roberto Pepper, representante olímpico en Los Ángeles 1932 y tuvo tres hijos: Inés, Susana y Roberto. Precisamente, Susana se nutrió del legado de su mamá y fue la mejor nadadora argentina en los ’60, consiguiendo un lugar para competir en los Juegos Olímpicos de 1964. Esa fue una cita especial: es que en la capital japonesa, la abanderada argentina fue la eterna Jeannette Campbell por elección del Comité Olímpico Argentino. Un merecido reconocimiento para la mujer que logró mucho más que una medalla.

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