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Opinion

JOSÉ NASELLI | ¿Qué te pasha Fernandez? ¿Estás nerviosho? Honestidad e intelecto

ESCRIBE: José B. Naselli – ex Tribuno – Vecino

EL LADRÓN… “El Ladrón cree que todos son de su condición”. Conocido dicho de origen español, que denota la facilidad con que pensamos o sospechamos que otros son, o actúan, como nosotros, en especial cuando se trata de malas acciones. El refrán, alude a un mecanismo de defensa inconsciente, denominado por los psicólogos “PROYECCIÓN”, que consiste en ver en los demás, lo que no queremos admitir en nosotros mismos. Esa es la impresión que me produjo Alberto Fernández, cuando, al referirse a los productores agropecuarios, los acusó de ser carentes de “HONESTIDAD INTELECTUAL”. La defensa de sus derechos, convierte a los ruralistas en simples opositores, lo cual, para la estrecha visual del Presidente, es deshonesto. Me pregunto: ¿Cuál es la “honestidad intelectual” de este estrafalario “co-presidente” (o “presidente a medias”), que hoy reniega de su propio pasado, demostrando una inconsecuencia acomodaticia y contemporizadora, que no presagia nada bueno para el futuro del país?

EL CÍNICO… Se conoce como “cinismo” la conducta de quién MIENTE, en forma desvergonzada e insolente. Cuando las palabras de un gobernante son consecuentes con sus actos, no es necesario que vaya repitiendo en sus discursos: “Yo tengo la tranquilidad de que estoy cumpliendo mi palabra con quienes me votaron”. Quien apenas días antes de las elecciones, se desgarraba las vestiduras por las condiciones de la clase pasiva, llegado al poder, no titubeó en utilizar los magros dineros de los mismos jubilados, convertidos en variables del peor ajuste de las últimas décadas. Sin embargo, muy fresco, hoy afirma, “…que estoy cumpliendo mi palabra…”. Podrá estar, tranquilo, sí, porque la conciencia de los políticos, es permeable a los anestésicos y sedantes espirituales y psicológicos que diariamente se inyectan. Vivir en la mentira, suele ser insoportable para la persona común. Salvo para una casta maldita que se ha apoderado de nuestra tranquilidad, e incluso de nuestras vidas.

EL DIARCO Y LA DIARQUESA. El art. 87 de la Constitución, dice que, el Poder Ejecutivo, será desempeñado por un ciudadano con el título de “Presidente de la Nación Argentina”. Sabemos que ese mandato constitucional se cumple en las formalidades, PERO NO EN LOS HECHOS. En mi artículo anterior (Diarquía) afirmaba que, en la Argentina, el poder presidencial está repartido entre dos Fernández. Fruto de una jugada electoral “genial, pero siniestra”, la Diarquesa Cristina teje pacientemente la tela de la IMPUNIDAD, mientras el Diarca Alberto cumple el triste papel de verdugo. Esta conducción binaria cada día se exterioriza más y más. YA NI EN LAS FORMAS PROTOCOLARES SE OCULTAN, como todos observamos, en ocasión del discurso presidencial en el Congreso.

PELIGRO INMINENTE. Un poder repartido, como el que ostenta en los hechos el “Diarca” Alberto, es un poder DEBILITADO, ENFERMO, ENCLENQUE. Y eso puede acarrear consecuencias funestas. Para muestra vale rescatar el episodio “Scioli”, sentado de apuro en una banca que éticamente ya no le pertenecía. Podrán aportarse decenas de excusas para validar le legitimidad de esa acción. Pero su bajeza moral, es indudable. Como también la abyección y el servilismo de toda una bancada, aplaudiendo este acto de supuesta “viveza política”. De la lectura de las declaraciones de Alberto Fernández, tachando de “deshonestos intelectuales” a los productores rurales, se advierten síntomas de CANSANCIO ESPIRITUAL, de un hombre obligado a rendir cuentas, constantemente, a quienes ejercen el PODER REAL desde las sombras. TODAS LAS PERSONAS TIENEN SU LÍMITE PSICOLÓGICO. Y CUANDO ESE LÍMITE SE DESBORDA, EL HUNDIMIENTO, LA HECATOMBE, TIENEN LA MESA SERVIDA.

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