Opinion

JOSÉ NASELLI | Malas compañías, ¡¡dime con quién andas!!

ESCRIBE: José Naselli – ex Tribuno – vecino
AVIZORANDO EL FUTURO
Apenas faltan días para que Alberto Fernández asuma la presidencia, y muchos aspectos esenciales de las primeras medidas de gobierno que se esperan, constituyen una incógnita. Guiños a la derecha, al centro, y
especialmente, a la izquierda, más bien confunden que clarifican el panorama.
Y si bien el catálogo de asuntos que reclaman la atención del próximo gobierno, es casi interminable, EL RUMBO ECONÓMICO es el que ocupa el primer lugar en las listas de prioridades. De tal manera, desde los analistas políticos que creen saber mucho de estas cosas, hasta el común de la calle, se preguntan hacia dónde vamos, o, mejor dicho, hacia dónde nos llevan FERNANDEZ Y EL EQUIPO QUE LO GUÍE Y ACONSEJE. Las únicas (y precarias) señales que observamos es un permanente coqueteo con estamentos que ocupan todo el arco de opiniones. Pareciera que el “Tío Alberto”, en sus declaraciones, se especializa en quedar bien con todos. Hasta ahora, una especie de “poli-amor” llevado a la política.
UNA HISTORIA DE HACE SETECIENTOS AÑOS
Esta actitud de dejar contentos a todos, sin largar prenda concreta sobre los futuros pasos, me hizo recordar una historia que sucedió en la Ciudad de Florencia (Italia), cuando era una de las urbes más importantes de la Europa de hace 700 años. Un tal Buoso DONATI, dueño de una considerable fortuna, había muerto. Sus parientes y herederos, se habían congregado alrededor de su lecho, mientras afanosamente, buscaban en el mobiliario de la estancia, el testamento por el cual, sus vidas, algo miserables, podían cambiar de rumbo.
La sorpresa (y la desesperación) se apoderan de ellos, cuando encuentran el documento, y advierten que todos  habían quedado desheredados, y la fortuna había sido asignada a la Iglesia. Se suceden gritos, lamentos, gestos, hasta que, uno de los sobrinos de Donati, propone llamar en consulta, a un tal GIANNI SCHICCHI, personaje famoso, porque muchas veces se había burlado de la ley, pero poseía la rara habilidad de que jamás la ley le alcanzara en sus malas andanzas.
UNA IDEA GENIAL
Llegado Schicchi, propone un plan para recuperar la fortuna. Como nadie, (salvo los parientes allí congregados), sabía del fallecimiento, resuelven esconder al muerto en el ropero, mientras Schicchi toma su lugar en el lecho,
convenientemente camuflado para no ser reconocido, y mandan llamar al escribano, para dictarle un nuevo testamento. Todos cambian de humor, el llanto y la impotencia se transforman en alegría y felicidad. Y mientras
esperaban por la llegada del notario, de manera poco disimulada, se acercaban al lecho donde reposaba el falso muriente, y le sugerían les legara los bienes más importantes, a cambio, lógicamente, de un soborno. Y el falso Donati A TODOS LES RESPONDIA QUE SÍ. Pero había algo más. El mismo Schicchi les había advertido a los herederos, que, si se descubría la maniobra, se les aplicaría la ley de entonces para este tipo de delitos, que era la siguiente: Se les AMPUTARÍA EL BRAZO IZQUIERDO Y SE LES DESTERRARÍA de la
ciudad.
LA REPARTIJA
Finalmente aparece el escribano acompañado de dos testigos. Para evitar que éstos se acerquen al falso moribundo, se les dice que la enfermedad que padece, es sumamente contagiosa. Abierto el acto, el falso Donati cambia su testamento, comenzando por el legado a la iglesia, que reduce a unas pocas monedas. Luego adjudica, para cada uno de los congregados, bienes de bajo valor. Y al final, lo inesperado. El grueso de la fortuna, los bienes más valiosos, indica que deben ser entregados “…a mi amigo de toda la vida, a mi amigo del
alma, GIANNI SCHICCHI…”. Es en ese instante que los “herederos” advierten que han sido estafados nuevamente, y se levanta un coro de reprobación que es acallado por el mismo falsario, que desde su lecho, levanta y agita su brazo izquierdo, como diciendo: “cuidado… si esto se descubre, todos vamos a acabar como les dije”. Terminado de dictar el nuevo testamente, el notario y los testigos se retiran. El grupo se abalanza sobre Schicchi, al grito de “LADRÓN…LADRÓN”. Pero el falsario, ya dueño de casa, con gesto determinado les indica
la puerta de salida, al grito de “FUERA… FUERA… FUERA…”.
MORALEJA
En realidad, son muchas las lecciones que deja esta historia, que, aunque es situada hace siete siglos, conserva una vigencia y permanencia absolutamente de actualidad. Aunque tiene rasgos cómicos, sus enseñanzas son dramáticas. Todos sus personajes resultan, en mayor o menor medida, transgresores.
Cada uno procuró sacar tajada de un acto perverso. Y luego, frustrados, descargan su ira en el bribón que los estafó, Y AL QUE ELLOS MISMOS HABÍAN ELEGIDO para que los guiara en las maniobras de sustitución de
identidad y falsedad documental. Cuando parecía que todo iba bien, se deshacían en muestras de afecto para con quién sabían de antemano que era un estafador consumado. Cuando todo salió mal, lo tildaron de ladrón. Esta historia a veces se reitera, corregida y aumentada, A NIVEL DE LAS RESPONSABILIDADES PROPIAS DE LOS GOBERNANTES. Espero del próximo presidente, que en la elección de quienes le guíen, aconsejen y
acompañen en la gestión que el pueblo le ha encomendado, NO COMETA EL ERROR DE LOS DONATI DE NUESTRA HISTORIA.
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