Opinion

JOSÉ NASELLI | El desprestigio de la política: incoherencia e inmoralidad

Escribe: JOSÉ NASELLI   Ex Tribuno – Vecino

¿QUÉ ES LA INCOHERENCIA?

La incoherencia es un trastorno del pensamiento y de la conducta humana, signado por la desorganización de las ideas y de las acciones. Se advierte, por la falta de relación del pensamiento y del lenguaje. Por ejemplo, una persona emite juicios contradictorios entre sí, o se contraponen el lenguaje, por una parte, y la propia conducta por la otra. Las formas avanzadas de la incoherencia pueden comportar trastornos mentales, como las manías y la depresión. La incoherencia se manifiesta por la falta de relación o ilación entre dos o más ideas. El incoherente utiliza un lenguaje desorganizado, sin secuencia lógica, con significados a veces incomprensibles, y generalmente sus pensamientos se trasladan a la conducta privada o pública del sujeto.

LA INCOHERENCIA POLÍTICA

El notable desprestigio de la clase política, palpable en nuestra sociedad, deviene del comportamiento incoherente de la mayoría de aquellos que han ejercido, ejercen o pretenden ejercer funciones de gobierno. La ausencia de planteos programáticos claros y consistentes. La incompetencia y la impericia al momento de tomar decisiones trascendentales. La permanente contradicción entre las palabras y las acciones, entre lo que se dice y lo que se hace. Todo ello es causa de la perplejidad y la incertidumbre ciudadana, el desinterés por la actividad política, el malestar por las promesas incumplidas. Asistimos a una verdadera escalada de DEMAGOGOS Y POPULISTAS, de izquierda, de centro o de derecha, que a la postre deterioran la confianza del pueblo hacia sus dirigentes, fomentan la suspicacia, la inercia y la apatía, que atentan contra la gobernabilidad, y ponen al borde del descrédito a todo el sistema democrático.  Se trata de un COMPORTAMIENTO DESOHNESTO de quienes se proclaman como dirigentes políticos, que menoscaba la credibilidad de sus promovidos liderazgos, que podrán reflejarse en un éxito en las urnas, pero que se los percibe como hipócritas y demagogos, carentes de toda sombre del sentido de la moral republicana.

EL DESPRESTIGIO DE LA DIRIGENCIA

Leo por allí que San Agustín definía a la política, como las más noble de las actividades humanas, cuyo propósito es lograr el bienestar de las personas y la creación de condiciones sociales que permitan el pleno desarrollo de las comunidades. Si San Agustín volviera a la vida, sin duda reescribiría sus libros. Quedaría estupefacto al comprobar que la mayoría de los dirigentes disocian sus ideas y sus discursos, de sus propios actos. Cuando han llegado al poder, lo ejercen contradiciendo sus prédicas pre electorales. Las incoherencias entre lo que se dijo antes en campaña, con lo que se hace después desde el Gobierno, SON LA RAZÓN PRINCIPAL DEL DETERIORO DE LA IMAGEN DE UN LÍDER POLÍTICO Y DE LA VALORACIÓN NEGATIVA SOBRE SU GESTIÓN.

LAS CAMPAÑAS ELECTORALES

Publicidad, gigantografías, webs, redes sociales, sonrisas impostadas, colorinches, promesas de campaña, folletos, frases hechas, caravanas ruidosas, pancartas, todo vale a la hora de conquistar el favor de la ciudadanía. Pero en realidad, los días previos a las elecciones, SON UN HIMNO A LA INCOHERENCIA MÁS DELEZNABLE, ya que generalmente, la mayoría de las promesas, se quedan en eso, una expresión literaria divorciada de la realidad. Ejemplos los encontramos a cada paso. Se prometen gestiones signadas por la transparencia y la cristalinidad en el manejo de los dineros públicos, mientras se niegan a los dirigentes opositores las informaciones necesarias para el control institucional del gasto del estado. Se abren verdaderos comités de campaña, financiados enteramente con los aportes del erario. Se prometen solemnemente auditorías que nunca se realizan. Se desvían ingentes sumas dinerarias a diversos entes descentralizados, cuyos directores jamás rinden una sola cuenta. Se dilapida el dinero de la gente en aventuras judiciales que terminan de la peor manera. Se estigmatiza a quienes, utilizando sus derechos constitucionales, acuden a la justicia para que se investigue la conducta de algunos funcionarios. Se extorsiona sutil, o abiertamente, a magistrados, que se convierten en meros encubridores de delincuentes. Y esta orgía de la incoherencia más inmoral, SE REITERA UNA Y OTRA VEZ. De tal manera se cumple, inexorablemente, el sueño maquiavélico de llegar al poder, y mantenerse en el mismo, SIN REPARAR EN LA MORAL DE LAS ACCIONES POLÍTICAS. Aunque ese aparente logro, en realidad, es la demostración más palpable de una sociedad incapaz de luchar por los valores más elementales. Ese éxito de algunos, es la contracara del fracaso de todos. UNA SOCIEDAD CIMENTADA SOBRE LA INMORALIDAD Y LA INCOHERENCIA, NO TIENE MOTIVOS DE ORGULLO O JACTANCIA. POR EL CONTRARIO. ESTAMOS TRANSITANDO POR UN VERDADERO CALLEJÓN, RUMBO AL INFIERNO TAN TEMIDO.

 

 

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