Opinion

JOSÉ NASELLI | Apocalipsis viral

EMPATÍA VIRAL. Para esta columna que, generosamente, me proporciona “El Regional”, tenía pensado completar una trilogía sobre las prácticas corruptas de la política, inficionadas de CINISMO, HIPOCRESÍA (abordadas en las dos ediciones interiores) y SOBERBIA. Pero alguien me reenvió un texto, que firma “Edna Rueda Abrahams”, con una reflexión sobre la pandemia del COVID 19, que me impresionó por su cosmovisión, plena de humanismo, y también, de poesía. Por ello, decidí postergar la continuidad de la saga prevista, y acercar al lector, aunque sea en forma fragmentaria, esta mirada de una tragedia, que la misma autora titula, EMPATÍA VIRAL.

FRONTERAS QUEBRADAS. “Y así, un día, se llenó el mundo con la nefasta promesa de un apocalipsis viral, y de pronto, las fronteras que se defendieron con guerras, se quebraron con gotitas de saliva…” Luego nos habla de la EQUIDAD del contagio, que se reparte de manera IGUAL, PARA RICOS Y POBRES, mientras potencias que se sentían infalibles, caen ante un beso, ante un abrazo. Edna nos cuenta como, una enfermera se volvió más indispensable que un futbolista. Y un hospital se hizo más urgente que un misil. Y, ante la prohibición de “encuentros masivos”, hubo más tiempo “…para la reflexión a solas, para esperar en casa que lleguen todos, y reunirnos frente a fogatas, mesas, mecedoras, hamacas, y contar cuentos que estuvieron a punto de ser olvidados”.

TRES GOTITAS DE MOCOS. Es lo que, tan prosaico y fútil, nos lleva a valorar la ciencia, por encima de la economía, y agrega: “…no sólo los indigentes traen pestes, que nuestra escala de valores estaba invertida, que la vida siempre fue primero…” y que las demás cosas son accesorias. Continúa con una frase que me impresionó, por su semejanza conceptual, con el pensamiento de un gran filósofo del siglo XX, llamado Jacques Maritain. Este sostenía que cada persona, es un MICROCOSMOS, o sea, un pequeño mundo, ya que, en razón de estar dotada de espíritu, puede contener, dentro de sí mismo, el universo entero. Y Edna, a su vez, nos dice: “EN LA MENTE DE TODOS, NOS CABEN TODOS”. Ese concepto de “igualdad” mariteniana, fundamento del concepto de la suprema dignidad de la “persona”, nos lleva “…a desearle el bien al vecino, que se mantenga seguro, que no se enferme, que viva mucho, que sea feliz…”. Y agrega que “…en una paranoia hervida en desinfectante, nos damos cuenta que, SI YO TENGO AGUA Y EL DE MAS ALLÁ NO, MI VIDA ESTÁ EN RIESGO”. Así Edna, con admirable sencillez literaria, nos eleva a los firmamentos de las verdades del ser y el conocer.

UNA “ALDEA” SOLIDARIA. Con una percepción e intuición que me emociona, habla de una SOLIDARIDAD TEÑIDA DE MIEDO, y que, a riesgo de perdernos en el aislamiento, existe una sola alternativa: SER MEJORES, JUNTOS. Y nos habla de un cambio “para siempre”, en el que saludaremos con la mirada, y reservaremos el beso para quién ya posea nuestro corazón. Y cuando todos los mapas se tiñan de rojo, LAS FRONTERAS YA NO SERÁN NECESARIAS, y no importarán las diferencias de idioma, de color de piel, de forma de vida, de fe religiosa, de quienes vienen a dar esperanza, y extenderte la mano, cuando nadie más lo quiera hacer.

EL “PODER” DE UN VIRUS. Finalmente, rememorando el “pacto del arco iris” entre Dios y Noé, cuando, el primero prometió que nunca más las aguas se convertirán en un diluvio para destruir a todos los mortales, la autora nos expresa su ilusión de que este virus “…NOS HAGA MAS HUMANOS, Y DE UN DILUVIO ATROZ, SURJA UN PACTO NUEVO, CON UNA RAMA DE OLIVO, DESDE DONDE EMPEZARÁ DE CERO…”. Sólo me animo a agregar dos palabras: GRACIAS, EDNA.

ESCRIBE: José B. Naselli – ex Tribuno – Vecino

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