Opinion

En alerta: cómo cuidarnos de un manipulador

Entre las muchas maneras en las que podemos ser manipulados, las dos más frecuentes que ha de utilizar el manipulador son:

a. Identificación de un deseo, una vulnerabilidad que tiene la persona: -“Me siento sola”, “Necesito que me reconozcan y me valoren”, “Quiero que pasen tiempo conmigo”, “Me gustaría que me digan que soy capaz”- y comenzará a satisfacerle esas necesidades. Le dará mucho en poco tiempo y, lentamente, sin que el otro se dé cuenta, irá quitándole algo -por ejemplo, dinero- o manipulando sus emociones. Al advertir este proceder, la persona que ha sido manipulada suele decirse: “¡Qué tonto que soy! ¡Cómo no me di cuenta!”. El hecho es que el manipulador estaba satisfaciendo las vulnerabilidades del manipulado, mientras le quitaba lo que le pertenecía. Por eso, es importante que podamos suplir nuestras propias necesidades y no esperar a que sea el otro el que lo haga.
  • b. Identificación proyectiva: el manipulador buscará proyectar o colocar en el otro, algo que él está haciendo. En general, se trata de una culpa que tiene, pero a la persona le hace sentir, creer y pensar como si realmente fuera ella la que lo está haciendo.

En una oportunidad, un amigo atravesó por una situación con estas características: en su trabajo tenía un compañero que robaba. Un día, este señor le dijo a mi amigo: “Mañana te espera el jefe en su oficina: te descubrieron; preparate”. Durante la noche, mi amigo no pudo descansar pensando en este tema.

-¿Qué te sucede? -le preguntó su pareja.

-Me descubrieron -respondió mi amigo.

-¿Qué descubrieron? -insistió ella-. ¿Robaste, engañaste, hiciste algo malo?

-No -respondió él luego de pensarlo un rato-. Tenés razón, no hice nada, ¿por qué estoy intranquilo?

¿Qué le sucedió a mi amigo? Fue manipulado. La manipulación es hacerte sentir culpable de algo que no hiciste, que no dijiste, hacerte sentir responsable de una maldad que no tenés. Los manipuladores tienen la habilidad de introyectar y hacerte creer que hiciste algo malo.

Seguramente alguna vez te pasó que fuiste al cine o a comer con un grupo de amigos y cuando uno de ellos, al salir, se quedó callado, pensaste: “Uy, ¿habré dicho o hecho algo malo que lo molestó?”. Luego, cuando finalmente ese amigo comenzó a hablar, te tranquilizaste creyendo que todo había vuelto a la normalidad; pero, cinco minutos más tarde, volvió a hacer silencio. Le decís: “Disculpame, ¿hice algo malo?”, y él responde: “Vos sabrás…”. Y te quedás pensando: “¿Lo habré tratado mal?”. Después de reflexionar un rato, llegás a la conclusión de que no hiciste nada malo. Simplemente, te hizo sentir culpable de algo que ciertamente no hiciste.

Somos nosotros quienes debemos satisfacer nuestras propias necesidades y jamás hacernos cargo ni sentirnos culpables de las faltas de los demás.

Fuente: La Nación

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