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Sociedad

Desgano social en los argentinos: cómo la pandemia resquebrajó las ilusiones de una sociedad entera

El cambio abrupto producto de la pandemia significó una montaña rusa de emociones para la población. La mirada de especialistas sobre la percepción de los argentinos con respecto al futuro del país

Hernán L. todavía no se recupera de tener que resignar el negocio familiar debido al contexto actual. Laura O. sueña con volver a la normalidad pero todo cambió para ella: la despidieron en plena pandemia. Paula R. todavía sigue esperando que la compañía de viajes de egresados la llamé para avisarle que tiene una fecha nueva para viajar a Bariloche junto con sus compañeros de curso. Sin embargo, nada parece mejorar y la situación no parece tener fin.

Cuando las enfermedades atacan, dicen los expertos, proyectan una pandemia de lesiones psicológicas y sociales. Esta “sombra” a menudo es persistente a la pandemia por el virus y continúa atacando por semanas, meses e incluso años. Y recibe poca atención en comparación con la enfermedad, a pesar de que también devasta familias, daña e incluso mata.

“La pandemia arrasó el mundo y es un suceso del orden de lo excepcional. A medida que el mundo reportaba las muertes, caídas de mercados y el virus ganaba la batalla a diario, la sociedad fue respondiendo como si se tratara de una guerra. Vimos que con la Peste Negra quedó una sociedad conmovida por la muerte, al punto que han quedado pinturas murales, baladas, escritos que intentan elaborar tamaña calamidad y transformación en su modo de vida. Aquí y ahora comenzó el hartazgo. Algunos sectores de la sociedad se organizan para protestar y otro tanto, ante la necesidad imperiosa de sobrevivir, sale a trabajar y a asistir a sus familiares, con miedo a enfermar y contagiarse. La fuerza del suceso fue devastadora y lo seguirá siendo en la post pandemia”, explicó a Infobae Sonia Almada psicoanalista y presidenta de Aralma.

De acuerdo a Manuela Gutiérrez, socióloga de la Universidad de Buenos Aires, magíster en medicina social y especialista en derecho a la salud, políticas públicas y género, la pandemia es un fenómeno relativamente novedoso en su forma de manifestación: “Todavía no están del todo claras las secuelas que va a dejar esta situación en la vida de las personas. Las consecuencias van a repercutir en distintas dimensiones de la vida social e individual. La concepción de normalidad se encuentra radicalmente alterada. Esto afecta sin dudas a la salud mental. Las repercusiones de la pandemia en este plano van a ser las más costosas”.

En este contexto, un informe realizado por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), denominado Crisis Coronavirus, reveló que han escalado posiciones todo el espectro de emociones negativas como “temor al futuro”, “angustia”, “bronca” y “desesperanza”; al tiempo que han quedado en los dos últimos lugares “optimismo” y “tranquilidad”. Esto lleva a hipotetizar que la incertidumbre ha comenzado a catalizar gran parte de los otros sentimientos y emociones negativas. Esta invade todos los ámbitos de la vida (salud, trabajo, familia, economía, proyectos de vida, etc) y constituye una verdadera “incubadora” de inseguridad, estrés, ansiedad, angustia y temor al futuro.

“En un primer momento prácticamente nadie imaginaba que el encierro se extendería como sucedió. Tampoco sabemos con precisión cuánto tiempo más se van a extender las medidas que indican que el encierro es el mejor antídoto. Este es un tiempo extraordinario, los cambios en la vida cotidiana transforman nuestras formas de ser y estar en el mundo. La desconfianza en los otros se va a radicalizar seguramente por un tiempo prolongado. Sin embargo, sería pertinente comprender que somos seres sociales, y dependemos de los otros para ser. Por eso la confianza en el otro es fundamental para el bienestar general. Más allá de la pandemia, esa es una premisa que deberíamos recordar siempre”, enfatizó Gutiérrez.

El desgano de una sociedad

Almada define al desgano como la falta de motivación: “Se lo asocia al tedio, el hastío y el aburrimiento pero siempre nos lleva a pensar en la tristeza e indefectiblemente en la clínica nos alerta sobre alguna de las formas de la depresión. Sin patologizar, el desgano puede ser una manera de tomarse un recreo de una brutal realidad que nos asedia. Por ejemplo en los niños y adolescentes es una manera de ponerse a Imaginar, jugar, desconectándose del presente para entregarse a otro tipo de labor de suma importancia. Es su manera de apropiarse del mundo. En los adultos esto tiene lugar en la ensoñación y el sueño donde se inhibe la acción para poder desplegar todo un capital simbólico que luego será el fertilizante de las acciones, en la manera en lo posible, que se llevarán adelante.

La pandemia sumado a las medidas económicas adoptadas en el último tiempo llevaron a que muchos expresaran su descontento y desilusión con el país. Sin embargo, de acuerdo a Gutierrez, Argentina es uno de los países latinoamericanos que se caracteriza históricamente por darle un lugar central al tema de la economía y su compleja relación con el dólar.

En este sentido, una investigación llevada a cabo por la consultora Taquión Research Strategy, junto con las compañías Inclusion y Gestión Aplicada, reveló que el 50,8% de los argentinos ya está pensando en el día después de la cuarentena, y que ocho de cada diez argentinos que tienen la posibilidad de proyectar sus problemas a 10 años, se irían del país si tuvieran las condiciones para hacerlo.

Argentina, un país con antecedentes en crisis sociales

“Personalmente viví la crisis del 2001 de una manera muy agobiante. Perdí mi casa en la que vivía con mis dos pequeños hijos de 2 y 5 años. Atendía pacientes por trueque, pero a diferencia del contexto actual de la crisis del 2001 fue estrictamente política. El peor derrumbe social de la historia argentina. No fue solo una crisis económica, sino que se puso en juego la posibilidad de la continuidad del Estado nacional como entidad con capacidad de gobernar. En este caso la crisis es producto de una peste. Nos encuentra desnudos debiendo enfrentarla con lo poco que se tiene y asumiendo la reconstrucción de un tejido destrozado. Las personas que vivimos estas crisis en Latinoamérica estamos acostumbrados a enfrentarlas aunque duela y de alguna manera se encuentra la forma de salir adelante”, confesó Almada.

A pesar de que aún no se saben con certeza los efectos a largo plazo que trajo la pandemia, a partir de información oficial del Indec y los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina estiman que como resultado de la crisis provocada por la pandemia de coronavirus, la tasa de desocupación ascendió de 10,4% en el primer trimestre del año a valores cercanos al 15,5% en el segundo trimestre (abril, mayo y junio). Este incremento de 10,4% a 15,5% habría generado un aumento en la cantidad absoluta de desocupados de 2,2 millones a 3,3 millones. Se trata de 1.090.000 desocupados más, bajo el supuesto de una tasa de actividad sin cambios (47,1%). Las cifras son proyectadas para un total de población económicamente activa de 19 millones de personas.

“Aunque es una situación difícil de atravesar, existe algo en el ‘ser social’ que sabe vivir con esa situación de crisis que aparece, es como la definición propia de la ‘argentinidad’, que al mismo tiempo brinda una forma de ser flexible, adaptable, y que sabe disfrutar incluso en momentos dolorosos. Los sueños se cumplen quizá a otro ritmo, o se transforman. Pero no creo que la economía sea el único elemento que determina el bienestar social en Argentina. Influye, sí , claro. Sin embargo, no es lo único. Son momentos trágicos a nivel mundial, y las secuelas van a ser muchas, pero la sociedad Argentina ha sobrevivido a eventos trágicos y sigue adelante, con avances y retrocesos pero ahí va”, expresó la socióloga.

El escenario post pandemia

“Como sostiene el filósofo italiano Franco Berardi: ‘Hay que reinventar el placer’. Esta coyuntura nos enfrenta a nuevos desafíos, y uno de ellos es crear nuevas formas de vivir en el encierro, al menos por un tiempo. En momentos de crisis apelar a la creatividad puede ser una salida para no caer en sentimientos como la tristeza, la angustia, que terminan dañando nuestra autoestima. Creo que es fundamental inventar nuevas formas de vivir, incluso cuando implique un desafío casi imposible para quienes las condiciones de vida son complicadas. Siempre hay una salida, buscar modos que nos encuentren con los pequeños placeres de la vida”, enfatizó Gutierrez.

“No creo que la pandemia deba pensarse sólo en sentido trágico, si bien ha dejado un tendal de pérdidas y temores relacionados a la certeza de una postpademia que será muy difícil de afrontar. Apuesto más bien a una salida colectiva, de solidaridad y ayuda mutua que nos podrá encontrar hermanados en busca de salidas posibles, especialmente comprometidos con aquellas personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad”, concluyó Almada.

Fuente: Infobae

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