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Debido al coronavirus, ¿el año escolar está perdido?

A punto de iniciar el último tramo del ciclo lectivo de manera virtual (los docentes retoman hoy con revisiones pedagógicas y el miércoles con los alumnos), y sin fecha de retorno para la presencialidad, recrudece el debate sobre si 2020 es “un año perdido” en lo educativo.

Esta sensación de pérdida que manifiestan algunos padres y alumnos, y también maestros de entornos vulnerables, tomó fuerza en los últimos días en las redes sociales al conocerse que sólo la mitad de los niños de escuelas estatales primarias se conectan de manera remota todos los días con sus maestros o que la deserción escolar será un récord jamás visto en el sistema educativo.

Desde el 16 de marzo, día en que las escuelas cerraron en el país a causa del Covid-19, docentes, estudiantes y familias reinventaron la manera de enseñar y aprender, con idas y vueltas, con mayor o menor éxito, vinculada a las posibilidades de los contextos socioeconómicos y culturales preexistentes a la pandemia, al retraso tecnológico y a la falta de capacitación en enseñanza remota.

¿El año está perdido o es un año ganado? Cuatro especialistas consultados  consideran que plantear la cuestión en términos de ganancia o de pérdida es inconveniente y hasta riesgoso.

Los contenidos, creen, se recuperarán de una manera u otra y se capitalizará el sacudón que la pandemia dio al sistema educativo al obligarlo a cambiar de manera acelerada. El mayor desafío estará vinculado a las consecuencias que provoquen, en niños y adolescentes, la falta de contacto, de encuentro y de vivencias compartidas.

“Preguntarse si 2020 es o no un año perdido no ayuda en ninguna de las actividades humanas. Ciertamente, es un año sumamente difícil en muchos sentidos. Sin dudas la pandemia, la cuarentena y la crisis económica vienen teniendo efectos terribles, particularmente en los sectores más vulnerables. Ya sabíamos desde antes que incluso el impacto de las vacaciones es diferente para un chico de clase alta que para uno de clase baja”, plantea Ivana Zacarías, del Laboratorio Summa de Investigación e Innovación en Educación para América Latina y el Caribe.

Liliana Abratte, directora de Educación Superior del Ministerio de Educación de Córdoba, también cree que la lógica de la pérdida y la ganancia no es propicia para analizar la educación. “El proceso educativo es complejo, dialéctico, por momentos contradictorio y rompe toda linealidad como para pensarlo en términos acumulativos cuyo resultado sea una ganancia o una pérdida”, opina.

En su lugar, propone otras preguntas. ¿Qué queremos para el futuro en nuestras sociedades y qué aportes puede hacer la escuela? ¿Qué lugar deberá tener la escuela en tiempos de pandemia? ¿Qué mensaje nos trae este virus?

Zacarías considera que en estos tiempos turbulentos se observan elementos esperanzadores. “Se han tomado a la fuerza algunas decisiones que en el mediano plazo podrían ser beneficiosas: por ejemplo, muchos docentes que antes no habían utilizado la tecnología con fines pedagógicos ahora lo hacen. También forzosamente ha habido una necesidad de priorización de currículums y foco en el bienestar de los estudiantes, a la que no estábamos acostumbrados”, dice.

En palabras de Abratte, estamos siendo testigos de “una hazaña pedagógica inédita”.

Para Zacarías las crisis son momentos en los que se hace más clara la necesidad de cambiar, aunque, en realidad, los problemas del sistema educativo se conocían desde antes. Subraya que todavía queda medio año por delante, mucho trabajo de docentes, de estudiantes, de padres y de gobiernos.

“Sabemos que la mejor forma de llegar a la mayor cantidad de chicos (y familias) es combinando distintas plataformas . Mucho se está haciendo y ya a muchos nos está empezando a resultar menos atípico. También vendrán planes de nivelación y de aprendizaje acelerado. Somos seres capaces de adaptarse, tenemos mucha más plasticidad de la que creemos. Me rehusaría a pensar en que sólo hemos perdido”, remarca Zacarías.

Gustavo Iaies, director de la Escuela de Gestión Educativa del Instituto Universitario Eseade, cree que los contenidos curriculares se recuperarán antes que los efectos psicológicos que dejen el encierro y la soledad en la experiencia vital de niños y jóvenes.

“Me parece que ha quedado claro que, además de contenidos, la escuela propone vínculos y modelos de socialización. La tristeza de los chicos, la sensación de soledad, tiene que ver con estas cuestiones que se han perdido. La melancolía de los adolescentes que no logran pensar un futuro desde su habitación o de los niños que se han quedado sin amigos y sin historias, es grave”, opina Iaies, para quien no hay que pensar el año como algo que se pierde y hay que recuperar.

“Creo que el tema de los contenidos curriculares es lo más recuperable, pero la experiencia vital es una pérdida que no se recupera con más experiencia. Ha cambiado y debe ser contenida. Son otros chicos, otros padres, otros docentes y hay que buscar un modo de contenerlos”, insiste.

Una nueva escuela

La doctora en Educación Cecilia Bocchio, investigadora del Conicet y profesora de la Escuela de Ciencias de la Educación de la UNC coincide en que el año no está perdido. “Con los limitados recursos y las condiciones materiales y tecnológicas que cuentan las escuelas, los equipos docentes y directivos están llevando adelante un enorme trabajo. Lo digo irónicamente: mucha gente se ha enterado del trabajo cotidiano que hacen nuestros docentes y –al menos discursivamente– se ha vuelto a reconocer la relevancia del trabajo que hacen y ello incluye una revalorización del sentido de la escuela”, refiere.

En el mismo sentido, opina Abratte para quien la pandemia deja en evidencia la importancia de la escuela para la sociedad, y al mismo tiempo, hace visible problemáticas ya existentes. “Se desplegó un trabajo inmenso que hay que revisar, volver a repasar, analizar y fundamentalmente ‘capitalizar’ por todo el saber pedagógico que se construyó en esa otra forma de hacer escuela”, remarca.

Por otro lado, el Covid-19 dejó en evidencia todo lo que se puede hacer y todo lo que no se hace a tiempo. Como dice Bocchio, en la escuela pública el trabajo siempre es contra el tiempo porque las escuelas “raramente están listas ediliciamente para recibir a los estudiantes”.

“La pandemia vino a mostrar que el acceso a internet y a dispositivos electrónicos es un lujo para los sectores populares y que gracias al compromiso de muchos docentes se está sosteniendo la escolaridad vía WhatsApp”, indica la investigadora, y advierte que el retraso en el acceso a las nuevas tecnologías es anterior al virus.

”Las desigualdades son espantosas y la pandemia las hizo visibles. Necesitamos volver a las aulas porque es el lugar donde reside la fórmula para la mejora en educación secundaria. El acceso a internet y a dispositivos que habiliten su uso pedagógico es un derecho vulnerado”, opina Bocchio.

Fuente : La Voz
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