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Sociedad

Cómo hacen los adultos mayores para sobrellevar el largo aislamiento

La cuarentena puso a prueba a todos sin importar la edad. Algunos se reacomodaron más que otros, pero no hay quién no haya modificado su día a día en tiempos de pandemia.

El uso exagerado de las redes, el miedo a lo desconocido y los problemas económicos son como ese chiflete que se cuela por debajo de la puerta y no hay burlete que lo frene. Ni hablar de aquellos que forman parte del tan mencionado “grupo de riesgo”.

Desde que comenzaron a llegar las noticias del exterior con las primeras informaciones sobre el Covid-19, todas las miradas se concentraron en los adultos mayores.

“Si a mí me agarra, puedo ‘partir’. Y no es que le tenga miedo a partir, sino que tengo ganas de vivir, tengo tanto para hacer. Me quiero cuidar”, dice Roberto Fedrizzi.

La vida que se extraña

Roberto tiene 74 años, pero le gusta decir que está “transitando los 75”. Vive solo, tiene cinco hijos y muchos “nietes” que malcriar. Pese a su edad, Roberto usa el lenguaje inclusivo y cuenta que está al tanto de todas las luchas de género. Cuando joven lavó los pañales de sus hijos porque desde siempre supo que la mujer no debía estar relegada a los quehaceres domésticos.

La pandemia lo golpeó en la nuca, le quitó sus salidas de los sábados hasta la madrugada y la visita incesante de hijos, nietos y hermanos. Esas son las cosas que más extraña.

Antes del coronavirus, Roberto se levantaba temprano (costumbre que le quedó de su trabajo en la Municipalidad) y, a las 8, más tardar 8.30, estaba haciendo ejercicios o pileta en un gimnasio al que iba, más que nada a hacer sociales con gente joven.

“Por lo general, me relaciono con gente que no es de mi edad, porque no se puede charlar solamente de achaques o de medicamentos”, dice con humor.

Las tardes se le pasaban volando entre visitas, la tele y la lectura de artículos interesantes en internet. Es más, dice que antes el día no le alcanzaba para todos sus proyectos.

Luego vino el aislamiento y Roberto asumió que no podría ir al teatro por mucho tiempo y que iba a tener que mantener sus vínculos vía WhatsApp.

“Fue un bajón realmente esto de la cuarentena. Después de haber construido una serie de actividades cotidianas, de repente tener que anular todo eso me afectó. Tal es así que ahora tengo problemas de estómago, algo que nunca había tenido antes, y es por el estrés”, dice.

Ahora que se flexibilizó todo, Roberto está más preocupado que antes e incluso cuenta que a veces discute cuando sale. “Hoy tengo más temor que en un principio, siento que no nos cuidan. Cuando salgo y veo gente sin barbijo o que se lo saca porque no puede respirar o hablar, pienso ¡quédense en su casa! Yo salgo porque necesito ir a comprar. Quiero que me cuiden”, dice.

Consultado sobre qué hace en esos momento, Roberto cuenta que les señala sus faltas y algunos se han enojado tanto que lo han llegado a insultar. Pero él, como hace con todo, se lo toma con humor. “Yo les digo:’Ustedes no son de riesgo, por favor, cuídenme a mí. Yo me lo pongo para cuidar al resto y los otros no hacen lo mismo”, reniega.

Dice que a su edad la falta de contacto personal es una de las cosas que más consecuencias le trae: “Ahora lo único que nos queda es usar el WhatsApp, pero abandonar el contacto físico, no poder reírnos ni salir en grupo fue tremendo para mí, fue un bajón total. Luego todo se fue reconstituyendo y nos fuimos acostumbrando”.

Pese a todo, se lo escucha optimista y enganchado con su nueva vida. Y aunque ya casi no recibe visitas, está rodeado de sus plantas y toma clases de teatro virtual en el Cepram, junto con otras 20 personas que sobrellevan el aislamiento a puro trabajo expresivo.

Los más resistentes

Consultado sobre la inmensa capacidad de sobreponerse que se advierte en los grupos de adultos mayores, el coordinador del Cepram, Andrés Urrutia, dice que si bien ellos son los más afectados por las restricciones, también son los que tienen más capacidad de resistencia.

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La pandemia nos hizo daño porque nos alejó

Para poner un ejemplo, cita un estudio reciente de la UBA, en el que el especialista en tercera edad Ricardo Iacub determinó que entre las personas mayores hay más estabilidad emocional con la pandemia que lo que se esperaba.

“Esto se debe a lo que se llama ‘la paradoja del bienestar’, porque a veces un mayor sufre pérdida, disminución de los ingresos, y muchas veces no se deprimen. Es justamente porque tienen más recursos para sostenerse en esas pérdidas, mucho más que los jóvenes. Paradójicamente, encuentran bienestar. Cuando uno es joven, tiene más posibilidades de ganancia; y a medida que uno madura, eso se va invirtiendo. Las metas de las personas mayores son de conservación”, dice Urrutia.

El especialista asegura que es muy difícil hacer una previsión sobre cómo vamos a salir de esta situación, pero está convencido de que quedarán marcas: “En las personas mayores va a haber una fuerte revalorización del encuentro porque ellos saben lo que han perdido”.

La calidad del vínculo

Algo similar plantea Beatriz Matalloni, jubilada docente, quien en esta nueva etapa de distanciamiento ha llegado a tomar mates con su vecina sentada cada una en su vereda y a los gritos, porque se rehúsa a perder el encuentro.

Antes era una cuidadora activa de sus nietos y tenía muchos grupos de amigos que quedaron de la infancia, el trabajo y el barrio. Iba al teatro –al igual que Roberto– con sus compañeros del Cepram.

Jubilarse fue un golpe que, sumado a su viudez, le hizo reacomodar los retazos de su vida. Y antes de la llegada de la cuarentena, tenía una rutina llena de actividades.

Cuenta entre risas que se dio cuenta de cuánto había cambiado su vida cuando advirtió que el tanque de nafta del auto estaba repleto. “Es que no salí más a ningún lado”, dice y aclara que ahora se tuvo que poner las pilas con las redes sociales.

Sobre cómo se las arregla, dice que un poco la ayudan los profesores de teatro, otro poco los hijos y finalmente los nietos, que aunque sean niños “la tienen reclara”. Todo es virtual porque desde que largó el drama del coronavirus una parte de sus nietos quedaron con su mamá en otra provincia, y ella ahora no hace más que extrañarlos.

Consultado sobre cómo se compensa la falta de calidad en los encuentros, Urrutia dice: “Todos están ansiosos por volver a retomar sus vínculos, pero hoy está amenazada la posibilidad de la supervivencia. No porque ellos estén enfermos, sino porque se pueden enfermar y ese fantasma es real. Muchas personas mayores tienen muy claro que quieren cuidar la vida que tienen”.

Aclara que no se puede generalizar, pero aquellos que tenían desde antes “vínculos más amorosos” ahora los van a percibir con más fuerza porque “las fuentes de apoyo se notan más en las crisis”.

Entre las cosas positivas que Beatriz encontró dentro de esta “nueva normalidad”, están  los vínculos que se reforzaron en el grupo de teatro virtual, al que ella define como “osado” y “atrevido” porque “se anima a enfrentar la cuarentena” a pura risa.

Para poner un ejemplo, cuenta que armaron un video al que titularon “El jardincito del Cepram”, en el que se saludan y festejan los cumpleaños hasta el mes de julio, como se hace en un jardín de infantes. El chiste no tiene remate y ellos lo saben.

“Se trata de buscarse”

La situación de Rosalía Manzanelli, de 66 años, tiene otros ribetes. Es psicóloga jubilada y tiene una discapacidad motriz que de ninguna manera la define. Sin embargo, dice que justamente por su situación a ella la cuarentena la golpeó mucho menos.

“Mi limitación física hace que acepte esta situación más fácilmente que otras personas. Soy viuda, no tengo hijos, no tengo nietos, y eso ayuda un poco a que no sufra tanto la ausencia”.

Consultada sobre cómo sobrelleva los miedos y las dificultades que trajo la pandemia, Beatriz cuenta que tomó la decisión de no contaminarse con tantos mensajes contradictorios: “Trato de estar informada, pero si hay algo que me perturba, yo lo evito. Tengo que tener muchos cuidados con mi salud mental”.

Beatriz opina que no es sano que los adultos mayores se “torturen” con tanta información, que muchas veces es lanzada de manera irresponsable por intereses políticos.

De todas formas, Rosalía ha experimentado cambios favorables en su salud durante el último tiempo, que atribuye a la expresión que pudo desarrollar en teatro, lo que la ha llevado a intensificar su rehabilitación y repensar su vida.

“Me permitió darme cuenta de que puedo vivir sin un montón de otras cosas, como un restaurante, un auto o una ropa nueva. Ahora leo más que antes y escucho más música. Creo que se trata de volver a pensarse, de buscarse. Hay días que quiero que todo vuelva a ser como antes, pero justamente nosotros, que pertenecemos al grupo vulnerable, vamos a ser los últimos en salir”, reflexiona.

Para cerrar, Urrutia dice: “Muchas investigaciones indican que cuando las personas percibimos que el tiempo que tenemos para adelante es menor, se es más selectivo con los afectos y nos vinculamos de manera menos neurótica, evitando el conflicto. Apuntamos a vínculos que nos generen más calidez y más bienestar emocional”.

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