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Opinion

Avant Premiere Golpe para Sergio Massa, Elisa Carrió tuitera y las rabietas de Cristina Kirchner

Con Diputados sin sesionar, pierde su jefe. La líder de la Coalición Cívica marca la cancha desde las redes. Y la ex presidenta elude el debate.

Al Gobierno se le planta un motor: Diputados

El Gobierno empezó a volar desde el viernes con un motor menos. La negativa de la oposición a renovar el protocolo de sesiones remotas desactiva la usina a cargo deSergio Massa. La oposición de Juntos por el Cambio –que este lunes hace un reunión de mesa grande con todos sus caciques presentes– condiciona la vuelta a sesionar a que el oficialismo baje de la agenda proyectos odiosos como la reforma judicial, proceso al procurador Eduardo Casal, investigación Vicentin, impuesto a los recontra ricos. Sostiene que ya le dio al Gobierno las leyes de la gobernabilidad –moratoria, quiebras, deuda, presupuesto y hasta ahí llegó nuestro amor–. Si quieren temas no Covid o de gobierno del Estado, que llamen a sesiones presenciales.

Algo tendrá que hacer Massa para conmover al resto del Gobierno y que lo ayuden a encender de nuevo el motor de Diputados, porque esta situación le hace perder casillas en su disputa de fuerzas con Alberto –que maneja la lapicera del Ejecutivo– y Cristina, que logró mantener el protocolo de sesiones remotas, merced a la mayoría de bancas que tiene el peronismo. Si se prolonga esta situación, el Gobierno de tres, sin uno de los motores, pierde sustentabilidad y, además, le hacer perder a Massa su rol dentro del trío. Importa, porque en la reunificación victoriosa del peronismo en 2019 el agente eficiente de la unidad fue el regreso de Massa al peronismo formal. La lealtad a sus compromisos no es la virtud principal de Sergio, alma volátil que no ha podido disipar el dictamen de los focus groups de Durán Barba, que lo calificaban de falluto.

Massa desmarca para compensar debilidades

Claro que le sobra ingenio para desmarcarse en momentos de debilidad, marcando diferencias con amenazas de disidencia, que obligan a sus socios a sostener el pacto o por el negocio o por la ideología. El jefe de los diputados salió a alinearse con Olivos en el rechazo de una ampliación de la Suprema Corte. Nadie ha dicho en el Gobierno que ese sea el proyecto, pero sí desde los oficiantes del Instituto Patria, como Eugenio Zaffaroni. Por si hubiera dudas, desmarcó también de Olivos cuando los periodistas que abrevan en ese aljibe salieron a bajarle el precio de su rol en el arreglo de la deuda. Tiene un equipo de economistas que le trabajan esos temas, le den juego o no, y los inversores quieren entrevistarlo siempre. ¿Cómo lo van a sacar el cuadro de honor? Respondió con el recurso usual de sacarlo del clóset a Martín Redrado para que opine del nuevo turno, el acuerdo con el FMI. Juega sobre seguro porque maneja el dato que tiene el gobierno, a través del embajador en Washington, de que la administración Trump va a respaldar cualquier acuerdo de la Argentina con el Fondo.

Después de todo Massa es Giuliani, por Rudolf, el desatanudos de Trump para las causas judiciales imposibles. Para completar ese desmarque, salió a apoyar otro proyecto de Olivos, la creación de una agencia de Seguridad Metropolitana, una evocación de la que proyectó para todo el país Gustavo Béliz cuando era ministro de Kirchner, como un FBI criollo. Lo hizo de la mano de Sabina Frederic, pero con una carambola nítida. Massa está más cerca, ahora y siempre, de Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, que de Sergio Berni. El peronista presume que el ministro provincial está en carrera como candidato a gobernador para 2023, en contradicción con Axel Kicillof, que querrá su reelección, o de la otra nominada en ese rumbo por el Patria, la marplatense Fernanda Raverta. Por algo la han puesto en la escalera hacia el cielo que es el Anses, que hizo la fortuna de los Massa y los Boudou. Llegaron lejos por ocupar ese cargo. Raverta perdió por 2 puntos la intendencia de Mar del Plata ante el macrista Guillermo Montenegro, en la elección más estrecha en esa ciudad desde 1983. Allí ganó a gobernador María Eugenia Vidal, por sobre Kicillof, por cinco puntos. Raverta parece buen producto para poner en la cancha para remontar las diferencias que preocupan al peronismo en las grandes ciudades de la provincia.

Negri y Pichetto, se ha formado una pareja

Mirando a ese distrito es que la oposición de Juntos por el Cambio prepara unidades de artillería desde varios ángulos. Haber negociado ayudas por $ 11.300 millones para municipios de Buenos Aires fue un alarde de poder. Son $ 6.300 millones, que negociaron en la Provincia a cambio de desbloquearle gastos y endeudamiento a Kicillof, y los $ 5.000 millones del fondo “Ritondo” que soltó el peronismo en la ampliación del presupuesto nacional. De eso tomaron nota no sólo los intendentes de JxC de la provincia (58 sobre un total de 125). Manejan el Senado de La Plata, y regulan el cepo sobre el gobernador. De ahí el merodeo de Pichetto en reuniones con peronistas “republicanos” de varias ciudades. En la semana tuvo “zoom” con los de La Plata y Bahía Blanca. Su rol como auditor le dará más relieve a su actuación. Esta semana debuta en la primera reunión formal de la Auditoría General de la Nación que, discretamente, toma impulso.

En la semana que pasó Mario Negri asumió la secretaría de la comisión Bicameral Revisora de Cuentas, que administra la AGN, en representación de los diputados de su partidos. En la sesión inaugural se cruzó con José Mayans porque pidió que la AGN audite los gastos de este año del Ejecutivo, con fondos autorizados por la emergencia que votó el Congreso. El formoseño lo rechazó con el mismo argumento de los otros auditores, ante un pedido similar de Jesús Rodríguez. Presidente del organismo: la AGN actúa después del gasto y eso queda para el año que viene. En esa comisión se resolvió hacer un plenario de sus miembros con todos los auditores, en donde la oposición insistirá en revisar los gastos de este año. Argumentan que hay antecedentes de haber revisado gastos del año en ejercicio y que las denuncias por compras en el ministerio de Desarrollo Social lo justifican. Es para estilistas de la rosca, pero que Negri y Pichetto salgan en tándem desde la Auditoría es una pieza nueva en el tablero.

Diferenciaciones sutiles en la oposición

El ex senador perfila una candidatura que tendrá que compatibilizar con la que ya camina Vidal para encabezar, por lo menos, la lista de diputados nacionales. Miran algunos, además, hacia Exaltación de la Cruz, por pininos de diferenciación de la Coalición Cívica. Elisa Carrió sigue sin aparecer por zoom; hasta ahora se maneja, como Cristina, por tuits y videos. Pero rechazó la reforma judicial y denunció al Gobierno por impedir reuniones familiares, algo que califica como un delito gravísimo (habló de traición a la patria). Se desmarcó del resto de la alianza JxC al abstenerse en el voto en general de la prórroga del presupuesto.

El argumento fue que esa norma, a la que apoyaron mayoritariamente oficialismo y oposición, justifica una emisión de moneda más allá de lo sustentable, y mantiene la cesión de poderes del Congreso al Ejecutivo, que Carrió siempre criticó. Esas diferenciaciones alimentan fantasías de alguna candidatura de Lilita en la provincia de Buenos Aires, que también tendrá que concertar con Vidal y, si se anota, con Pichetto. ¿Los tres en una lista en la Provincia? Polvo de estrellas, como aquella de Néstor, Scioli y Massa, un sobredosis que en aquel año 2009 no soportó el escenario y se vino abajo frente a Francisco de Narváez.

La reforma judicial divide también hacia adentro

Su debilidad por tener la cámara desactivada le complica también al conjunto: Cristina tiene dificultades de manejo del Senado, adonde la oposición le tiene bloqueado los 2/3 de los votos para temas estructurales, y su desmanejo de la propia tropa le significó un resultado de 40 a 30 en una votación emblemática como fue la sanción de la ley del teletrabajo, que se negó a discutir en el recinto. Si se tiene en cuenta la mayoría del peronismo en la cámara, esa ley podría haber salido 9 a 1, como venía de Diputados, apoyada también por la oposición. Un festival de la torpeza política. A Alberto le navega con dificultades la lanchita: se enreda en una reforma judicial que le divide a sus asesores más íntimos como Gustavo Béliz y Vilma Ibarra, que toman distancia de los extremos del Instituto Patria. También lo distancia del sindicato de los judiciales, cuyo cacique Julio Piumato dijo que la fusión de juzgados federales y nacionales de la CABA es una forma de flexibilización laboral. No puede disipar la idea de que se trata todo de un cañonazo a la justicia, para paralizar jueces y desactivar los juicios a exfuncionarios el peronismo.

Olivos insiste en que esa reforma busca proteger el interés público, pero los clientes de esos temas –la burguesía urbana que no vota peronismo– lo lee como un proyecto destinado a proteger el interés individual de algunos. No se termina de entender bien el empecinamiento de Alberto en empujar proyectos que sólo le interesan a un público letrado y urbano que no vota al peronismo. El voto del oficialismo es fiel a sus dirigentes y a sus consignas con cualquier formato judicial, y no se conmueve si a sus personeros los busca o no la justicia. Cristina se desmarca con reuniones con las organizaciones sociales del tridente cayetano –el que reporta al Papa Francisco– y que sí gravitan en sectores del pobrerío del Conurbano, que nunca deja de votar al peronismo. No le basta a Alberto, para compensar estos acercamientos, que dé a conocer un agradecimiento al Santo Padre por la ayuda en el cierre con los bonistas, como si fuera un fondo de inversión. Está demostrado que en la Argentina la trama judicial no roza a la política. Por eso Cristina es vicepresidente, encadenada a varios procesos en marcha con ratificación en varias instancias. Si no fuera así, Macri no hubiera podido ganar en 2015 porque también está procesado por las escuchas. Ni uno ni otro pierde ni gana un voto por esas causas judiciales. Las usan muchos para desacreditar e insultar, pero son inocuas en materia política.

Liderazgos: el poder no tiene nada que ver con la violencia

Estos ajustes hacia adentro tienen su costo. Esta semana el Senado está en condiciones de sesionar para aprobar Moratoria –en la cual la oposición repetirá el rechazo del art. 11° (la cláusula Cristóbal, que le permite entrar al perdón el grupo Indalo)– y pliegos de embajadores. Pero vuelan facturas por el aire. Cristina tiene prometido que hará sesiones de Labor Parlamentaria, en las que ella descenderá de los cielos a sentarse a discutir temario con José Mayans, Luis Naidenoff, Juan Carlos Romero y otros jefes de bloque. Lo tiene comprometido en el nuevo protocolo. No lo cumplió en la última sesión. Apeló al atajo de llamar a sesión “especial” en la que el oficialismo impone temario. En realidad, ella sólo se sienta con amigos –y en persona, como los dirigentes de las organizaciones sociales que ven en ella a un referente para su ambicioso Plan San Martín–. Para el resto, tuiter. Algunos ven en ese gesto cierta altanería o, en todo caso, narcisismo. Otros creen que ella teme sostener debates con otros dirigentes sin la protección de la formalidad institucional.

La experiencia de discusiones con Julio Cobos –después de la 125– o Mauricio Macri –cuando perdió las elecciones de 2015– relatan rabietas que no le conviene repetir. Prefiere el trato “Parrilli”, del cual han quedado registrados testimonios resbaladizos en llamadas telefónicas que se hicieron públicas. Detrás de ese ánimo hay un modelo de jefatura con fuerza, y a veces violencia verbal, que exhibe falta de poder. El poder no tiene nada que ver con la violencia. “La violencia divide. El poder congrega –dice el filósofo coreano Byung-Chul Han, leyendo a Hegel–. Un liderazgo con poder buscar al otro y concilia, no castiga, no insulta, no agravia. A la presencia efectiva de la violencia –explica– siempre precede un retirada del poder. También es falso, en igual medida, que el poder excluya a la libertad” (Hegel y el poder: Un ensayo sobre la amabilidad [2005], Bs. As., Editorial Herder, 2020).

Entramos en zona de vetos

De paso, hay facturas del oficialismo. Esta semana vence el plazo para promulgar o vetar la ley de fibrosis quística que Alberto y Cristina sacaron del debate en el Senado por razones de marketing, contra la opinión del ministro Ginés y del bloque peronista. Costaría, según Carlos Caserio –senador oficialista–. unos USD 420 millones al año. Podría hacer quebrar a obras sociales y prepagas. Hay en la mesa del Presidente una propuesta de veto del art. 2°, que prohíbe que nadie cambie la indicación que haga un médico sobre un remedio que, según los críticos de la norma, tiene nombre, apellido y cajero. Es cuestión de horas.

El debate hacia adentro puede demorar las sesiones. Además, hay temor porque hay algún personal cuarentenado y no hay, por ahora, quien ice la bandera. Hay más tiempo para observar otra norma que escabulleron al debate, Teletrabajo. El Gobierno impuso una norma para la actividad privada que fue redactada por una empleada pública, la diputada cristinista Vanesa Siley, de los judiciales. Es una actividad en la que no peligran los empleos porque ahí no echan a nadie. Legislan sobre la vida de los otros. Despotismo ilustrado.

Alberto quiere ser Alfonsín, pero lo hacen jugar de Saadi

El peronismo es una fuerza en la cual hay un desdén por el consenso, ante el cual privilegia la autoridad, la vigilancia y, en alguna oportunidades, el miedo y la violencia. Eso le impide avanzar en la construcción de acuerdos, que son necesarios, pero los cierra navegando sin luces. Ocurrió para las leyes de la gobernabilidad del último mes, a cambio de las cuales el Gobierno cedió mucho a pedido de opositores sobre dinero para las universidades, el transporte y los municipios. Lo mismo hizo Kicillof, que puede endeudarse y tiene ampliación de gastos, después de negociar aportes a los municipios. Sin eso la oposición lo tenía maniatado. Ocurrió entre gallos y medianoche del jueves, en dos sesiones relámpago de las dos cámaras legislativas de Buenos Aires. Se desbloqueó una situación congelada desde diciembre pasado. Para el cristinismo, quien negocia es un traidor. Por eso la familia vicepresidencial lo arrinconó por hablar con sindicalistas y empresarios.

Los socios Alberto y Massa se recortan por el formato renovador, que siempre mostró confianza en los acuerdos, desde aquellos que cerró, para su desgracia, Antonio Cafiero con Alfonsín a finales de los años ’80. Lo aplastó el otro peronismo. Alberto querría ser Alfonsín –por eso quizás persiste en la inconveniencia del bigote–. Pero en el Instituto Patria querrían que fuera Saadi. Por eso, Alberto no se hace color en el pelo, como aquel veterano dirigente que lucía una de las “carmelas” más renegridas de la profesión –competía en intensidad con la de Juan Perón– y que lo hizo presidente a Carlos Menem. Otro estilista del pelo y de la política. ¿Vieron lo importante es que se hayan abierto las peluquerías?

Gobiernos débiles, pero una sociedad fuerte

Las desinteligencias buscan blindar a cada tribu del oficialismo, más que ganar adhesiones de afuera, que en la Argentina son inconmovibles. Los resultados electorales muestran que los electores suelen votar siempre en el mismo sentido. Esa fidelidad es una de las bases de la estabilidad política del sistema, que lleva 104 años de ley Saénz Peña –por referenciarse en el hito que fue esa norma, tantas veces modificada pero que mantiene su esencia–. Las familias políticas que representan hoy al voto peronista y no peronista figuran en la grilla de resultados de todas las elecciones libres desde 1916. A esa estabilidad contribuye otro hecho notable y pocas veces destacado: el 80% del voto en la Argentina está sindicado en dos fuerzas que tiene una agenda que propone un sistema igualitario. Se ve en las constantes de la historia argentina, como el alto porcentaje del gasto público a lo largo de las décadas, que tiene como destino pagar el llamado gasto social: sistemas de salud, educación y previsional universales y gratuitos. Son motivo del déficit recurrente y la deuda pública, pero se mantienen a lo largo del tiempo.

Avant Premiere

Golpe para Sergio Massa, Elisa Carrió tuitera y las rabietas de Cristina Kirchner

Con Diputados sin sesionar, pierde su jefe. La líder de la Coalición Cívica marca la cancha desde las redes. Y la ex presidenta elude el debate.

Al Gobierno se le planta un motor: Diputados

El Gobierno empezó a volar desde el viernes con un motor menos. La negativa de la oposición a renovar el protocolo de sesiones remotas desactiva la usina a cargo deSergio Massa. La oposición de Juntos por el Cambio –que este lunes hace un reunión de mesa grande con todos sus caciques presentes– condiciona la vuelta a sesionar a que el oficialismo baje de la agenda proyectos odiosos como la reforma judicial, proceso al procurador Eduardo Casal, investigación Vicentin, impuesto a los recontra ricos. Sostiene que ya le dio al Gobierno las leyes de la gobernabilidad –moratoria, quiebras, deuda, presupuesto y hasta ahí llegó nuestro amor–. Si quieren temas no Covid o de gobierno del Estado, que llamen a sesiones presenciales.

Algo tendrá que hacer Massa para conmover al resto del Gobierno y que lo ayuden a encender de nuevo el motor de Diputados, porque esta situación le hace perder casillas en su disputa de fuerzas con Alberto –que maneja la lapicera del Ejecutivo– y Cristina, que logró mantener el protocolo de sesiones remotas, merced a la mayoría de bancas que tiene el peronismo. Si se prolonga esta situación, el Gobierno de tres, sin uno de los motores, pierde sustentabilidad y, además, le hacer perder a Massa su rol dentro del trío. Importa, porque en la reunificación victoriosa del peronismo en 2019 el agente eficiente de la unidad fue el regreso de Massa al peronismo formal. La lealtad a sus compromisos no es la virtud principal de Sergio, alma volátil que no ha podido disipar el dictamen de los focus groups de Durán Barba, que lo calificaban de falluto.

Massa desmarca para compensar debilidades

Claro que le sobra ingenio para desmarcarse en momentos de debilidad, marcando diferencias con amenazas de disidencia, que obligan a sus socios a sostener el pacto o por el negocio o por la ideología. El jefe de los diputados salió a alinearse con Olivos en el rechazo de una ampliación de la Suprema Corte. Nadie ha dicho en el Gobierno que ese sea el proyecto, pero sí desde los oficiantes del Instituto Patria, como Eugenio Zaffaroni. Por si hubiera dudas, desmarcó también de Olivos cuando los periodistas que abrevan en ese aljibe salieron a bajarle el precio de su rol en el arreglo de la deuda. Tiene un equipo de economistas que le trabajan esos temas, le den juego o no, y los inversores quieren entrevistarlo siempre. ¿Cómo lo van a sacar el cuadro de honor? Respondió con el recurso usual de sacarlo del clóset a Martín Redrado para que opine del nuevo turno, el acuerdo con el FMI. Juega sobre seguro porque maneja el dato que tiene el gobierno, a través del embajador en Washington, de que la administración Trump va a respaldar cualquier acuerdo de la Argentina con el Fondo.

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Negri y Pichetto, se ha formado una pareja

Mirando a ese distrito es que la oposición de Juntos por el Cambio prepara unidades de artillería desde varios ángulos. Haber negociado ayudas por $ 11.300 millones para municipios de Buenos Aires fue un alarde de poder. Son $ 6.300 millones, que negociaron en la Provincia a cambio de desbloquearle gastos y endeudamiento a Kicillof, y los $ 5.000 millones del fondo “Ritondo” que soltó el peronismo en la ampliación del presupuesto nacional. De eso tomaron nota no sólo los intendentes de JxC de la provincia (58 sobre un total de 125). Manejan el Senado de La Plata, y regulan el cepo sobre el gobernador. De ahí el merodeo de Pichetto en reuniones con peronistas “republicanos” de varias ciudades. En la semana tuvo “zoom” con los de La Plata y Bahía Blanca. Su rol como auditor le dará más relieve a su actuación. Esta semana debuta en la primera reunión formal de la Auditoría General de la Nación que, discretamente, toma impulso.

En la semana que pasó Mario Negri asumió la secretaría de la comisión Bicameral Revisora de Cuentas, que administra la AGN, en representación de los diputados de su partidos. En la sesión inaugural se cruzó con José Mayans porque pidió que la AGN audite los gastos de este año del Ejecutivo, con fondos autorizados por la emergencia que votó el Congreso. El formoseño lo rechazó con el mismo argumento de los otros auditores, ante un pedido similar de Jesús Rodríguez. Presidente del organismo: la AGN actúa después del gasto y eso queda para el año que viene. En esa comisión se resolvió hacer un plenario de sus miembros con todos los auditores, en donde la oposición insistirá en revisar los gastos de este año. Argumentan que hay antecedentes de haber revisado gastos del año en ejercicio y que las denuncias por compras en el ministerio de Desarrollo Social lo justifican. Es para estilistas de la rosca, pero que Negri y Pichetto salgan en tándem desde la Auditoría es una pieza nueva en el tablero.

Diferenciaciones sutiles en la oposición

El ex senador perfila una candidatura que tendrá que compatibilizar con la que ya camina Vidal para encabezar, por lo menos, la lista de diputados nacionales. Miran algunos, además, hacia Exaltación de la Cruz, por pininos de diferenciación de la Coalición Cívica. Elisa Carrió sigue sin aparecer por zoom; hasta ahora se maneja, como Cristina, por tuits y videos. Pero rechazó la reforma judicial y denunció al Gobierno por impedir reuniones familiares, algo que califica como un delito gravísimo (habló de traición a la patria). Se desmarcó del resto de la alianza JxC al abstenerse en el voto en general de la prórroga del presupuesto.

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Olivos insiste en que esa reforma busca proteger el interés público, pero los clientes de esos temas –la burguesía urbana que no vota peronismo– lo lee como un proyecto destinado a proteger el interés individual de algunos. No se termina de entender bien el empecinamiento de Alberto en empujar proyectos que sólo le interesan a un público letrado y urbano que no vota al peronismo. El voto del oficialismo es fiel a sus dirigentes y a sus consignas con cualquier formato judicial, y no se conmueve si a sus personeros los busca o no la justicia. Cristina se desmarca con reuniones con las organizaciones sociales del tridente cayetano –el que reporta al Papa Francisco– y que sí gravitan en sectores del pobrerío del Conurbano, que nunca deja de votar al peronismo. No le basta a Alberto, para compensar estos acercamientos, que dé a conocer un agradecimiento al Santo Padre por la ayuda en el cierre con los bonistas, como si fuera un fondo de inversión. Está demostrado que en la Argentina la trama judicial no roza a la política. Por eso Cristina es vicepresidente, encadenada a varios procesos en marcha con ratificación en varias instancias. Si no fuera así, Macri no hubiera podido ganar en 2015 porque también está procesado por las escuchas. Ni uno ni otro pierde ni gana un voto por esas causas judiciales. Las usan muchos para desacreditar e insultar, pero son inocuas en materia política.

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El debate hacia adentro puede demorar las sesiones. Además, hay temor porque hay algún personal cuarentenado y no hay, por ahora, quien ice la bandera. Hay más tiempo para observar otra norma que escabulleron al debate, Teletrabajo. El Gobierno impuso una norma para la actividad privada que fue redactada por una empleada pública, la diputada cristinista Vanesa Siley, de los judiciales. Es una actividad en la que no peligran los empleos porque ahí no echan a nadie. Legislan sobre la vida de los otros. Despotismo ilustrado.

Alberto quiere ser Alfonsín, pero lo hacen jugar de Saadi

El peronismo es una fuerza en la cual hay un desdén por el consenso, ante el cual privilegia la autoridad, la vigilancia y, en alguna oportunidades, el miedo y la violencia. Eso le impide avanzar en la construcción de acuerdos, que son necesarios, pero los cierra navegando sin luces. Ocurrió para las leyes de la gobernabilidad del último mes, a cambio de las cuales el Gobierno cedió mucho a pedido de opositores sobre dinero para las universidades, el transporte y los municipios. Lo mismo hizo Kicillof, que puede endeudarse y tiene ampliación de gastos, después de negociar aportes a los municipios. Sin eso la oposición lo tenía maniatado. Ocurrió entre gallos y medianoche del jueves, en dos sesiones relámpago de las dos cámaras legislativas de Buenos Aires. Se desbloqueó una situación congelada desde diciembre pasado. Para el cristinismo, quien negocia es un traidor. Por eso la familia vicepresidencial lo arrinconó por hablar con sindicalistas y empresarios.

Los socios Alberto y Massa se recortan por el formato renovador, que siempre mostró confianza en los acuerdos, desde aquellos que cerró, para su desgracia, Antonio Cafiero con Alfonsín a finales de los años ’80. Lo aplastó el otro peronismo. Alberto querría ser Alfonsín –por eso quizás persiste en la inconveniencia del bigote–. Pero en el Instituto Patria querrían que fuera Saadi. Por eso, Alberto no se hace color en el pelo, como aquel veterano dirigente que lucía una de las “carmelas” más renegridas de la profesión –competía en intensidad con la de Juan Perón– y que lo hizo presidente a Carlos Menem. Otro estilista del pelo y de la política. ¿Vieron lo importante es que se hayan abierto las peluquerías?

Gobiernos débiles, pero una sociedad fuerte

Las desinteligencias buscan blindar a cada tribu del oficialismo, más que ganar adhesiones de afuera, que en la Argentina son inconmovibles. Los resultados electorales muestran que los electores suelen votar siempre en el mismo sentido. Esa fidelidad es una de las bases de la estabilidad política del sistema, que lleva 104 años de ley Saénz Peña –por referenciarse en el hito que fue esa norma, tantas veces modificada pero que mantiene su esencia–. Las familias políticas que representan hoy al voto peronista y no peronista figuran en la grilla de resultados de todas las elecciones libres desde 1916. A esa estabilidad contribuye otro hecho notable y pocas veces destacado: el 80% del voto en la Argentina está sindicado en dos fuerzas que tiene una agenda que propone un sistema igualitario. Se ve en las constantes de la historia argentina, como el alto porcentaje del gasto público a lo largo de las décadas, que tiene como destino pagar el llamado gasto social: sistemas de salud, educación y previsional universales y gratuitos. Son motivo del déficit recurrente y la deuda pública, pero se mantienen a lo largo del tiempo.

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El otro motivo es porque la Argentina del recurso abundante tiene dinero para pagar eso. Quizá tarde y caro, como ocurre en las renegociaciones onerosas de la deuda. Pero la plata siempre está adentro o afuera del colchón. Entender esto es entender la Argentina. También explica la fortaleza de la sociedad civil frente a un Estado débil y gobiernos aún más débiles. Esto explica que para los gobiernos siempre sea más importante pelear por su gobernabilidad que por sus agendas, que se sujetan siempre a esa gobernabilidad. Ocurre hoy en el vértice del poder: a la coalición peronista le importa más pelear espacios dentro del trío Alberto-Massa-Cristina, que lo que cuestan esas fintas. Si nadie afirma poder por sobre los otros, la debilidad los embarga a todos, y amenaza su principal activo, que es la unidad. Por haber estado unidos ganaron las elecciones. Por dividirse perdieron elecciones desde 2009. El mismo drama de la oposición, que entendió que puede mantener el 40% de las urnas en 2019 en la diferencia de 129 a 125 votos en votaciones clave de Diputados –arts. 7 ° y 8° de la prórroga del Presupuesto que dolariza la deuda–, si se mantiene unida y no discute liderazgos.

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