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Opinion

Alberto y ¿el abrazo del oso para Schiaretti?

Aunque ahora está prohibido por el distanciamiento social que exige la pandemia de Covid-19, el abrazo es un gesto afectuoso en cualquier cultura. Pero en política también se conoce el abrazo del oso, que tiene otro significado: esa aparente demostración de afecto puede encerrar una trampa.

Esta es la duda que no pocos peronistas cordobeses se hacen por estos días, sobre el evidente acercamiento del presidente Alberto Fernández con el gobernador Juan Schiaretti, en el peor momento de la ola de contagios de coronavirus y camino a una de las crisis económicas más profundas de la historia.

Si bien las estadísticas diarias de la pandemia no dejan mucho espacio para mirar hacia el futuro inmediato, en la Casa Rosada advierten que las consecuencias económicas del Covid-19 pueden ser tan devastadoras como las que impactan en la salud.

En este escenario, el presidente Alberto Fernández le encomendó al ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, que inicie un diálogo con los gobernadores.

El objetivo es ir pergeñando un programa de gestión para los próximos meses, que lleva el pomposo título de “Plan Federal Pospandemia”.

Todo indica que cuando ceda el pánico por “el bicho traicionero”, como Schiaretti calificó al coronavirus, el Presidente quiere poner en marcha algo que prometió durante la campaña y que hasta ahora no pudo aplicar: gobernar con los mandatarios provinciales.

Problemas de caja

Schiaretti, como todos sus colegas gobernadores, no tiene otra alternativa que alinearse detrás de la complicada meta que plantea el presidente Alberto Fernández.

Salvo Capital Federal, el resto de los distritos depende de la caja nacional –de la emisión monetaria del Banco Central, si buscamos ser más precisos– para cumplir con los compromisos básicos: pagar salarios.

Schiaretti sabe que este acercamiento con el poder central también conlleva riesgos políticos. Los planes del Gobierno nacional no siempre están en sintonía con lo que sostiene el gobernador. El caso Vicentin fue un claro ejemplo.

Hay algunas iniciativas que se cocinan en la Casa Rosada que generan ruido en el Centro Cívico, más allá del hermetismo que Schiaretti trata de imprimirle a su relación con el Presidente.

El denominado “impuesto a los ricos” y la moratoria para deudores que impulsa la Afip –y que parece un traje a medida para el empresario cristinista Cristóbal López– son temas que probablemente le generen algún costo político al gobernador de Córdoba.

Schiaretti no tiene margen para resistir un pedido desde la Rosada sobre esos temas.

En Córdoba, algunos opositores ya se frotan las manos y preparan mensajes críticos que dejen pegado al schiarettismo con esas iniciativas, que llevan el sello de Cristina Fernández.

Despegarse

Schiaretti preferiría estar alejado de cualquier medida que surja del cristinismo.

Ya se convenció de que le será difícil marcar diferencias con el Gobierno nacional. Algunos temas, como los que tienen que ver con la economía y el Poder Judicial, se mueven al ritmo que marca la influyente vicepresidenta.

Además de comprometer a los gobernadores con la gestión nacional en el futuro inmediato, desde la quinta presidencial de Olivos también difunden datos que hablan del apoyo financiero de la Nación a las provincias.

En el caso de Córdoba, aseguran que en los últimos cuatro meses enviaron casi 40 mil millones de pesos por fuera del reparto obligatorio de la coparticipación federal.

Por lo bajo, los funcionarios schiarettistas argumentan que esta asistencia es menor al hueco financiero que generó la pandemia, pero no pueden levantar la voz. En privado, no ocultan que le temen al abrazo político de oso del Presidente.

Fuente : La Voz

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