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Salud

6 cambios en nuestra forma de comer que vinieron con la pandemia

El estallido de coronavirus y la cuarentena modificaron algunos hábitos a la hora de alimentarnos. Cuáles y por qué.

Primero fue el desconcierto. Cuando el Covid-19 hizo escala en la Argentina, había poca información sobre el virus. Era marzo, aprendíamos a diluir alcohol en agua, el barbijo no era de uso obligatorio y nadie imaginaba que la cuarentena impuesta para frenar el impacto de la pandemia duraría 185 días.

Con más o menos restricciones, pero imposibilitados de reunirnos con otros en una casa, todos en el país vimos cómo se iban por la ventana otoño e invierno. En este tiempo, nos amigamos como pudimos con aquel desconcierto inicial.

La pandemia nos cambió la vida (oh, qué novedad) de un día para el otro. Afectó las rutinas, las estructuras, los vínculos. Si la relación con los alimentos está íntimamente relacionada con nuestras emociones, todavía no bajamos de la montaña rusa a la que nos subió el virus.

Canalizamos la angustia, la ansiedad y el estrés comiendo. Pero, tranquilos, tranquilas: salvo que el peso afecte la salud, esta nota no cuestiona a nadie que haya “engordado”.

El aislamiento y el distanciamiento social nos puso a prueba. Entre otras cuestiones nos invitó a preguntarnos qué comemos y de dónde viene lo que comemos.

Googleamos recetas o volvimos a los machetes de madres y abuelas para tomar el poder de la cocina: nada más saludable que lo casero. Compramos bolsones de frutas y verduras por Internet y, de paso, tranquilizamos la conciencia apoyando a pequeños productores. Abandonamos la costumbre de comer al paso o chequeamos qué hay en la heladera antes de pedir delivery: Pudimos sentarnos a la mesaun ritual opacado por el vértigo “de la vida de antes”.

Algunos son hábitos nuevos y otros no tanto, pero es probable que muchos perduren postpandemia. Buen provecho y ¡salud!

1. Qué comemos

Cuando todavía no nos habíamos acostumbrado a que la cantidad de contagiados superara las cinco cifras, el pan nuestro de cada día se amasó en casa bajo el nombre de “masa madre”, un fermento de harina y agua sin levaduras. También hubo postre: inspirados en el polémico reality Bake Off.

 

2. De dónde viene lo que comemos

Esta es otra pregunta que se puso sobre la mesa en cuarentena. ¿Es lo mismo la pasta de paquete que la amasada con nuestras manos? ¿Es lo mismo comprar fruta y verdura en el híper, en la verdulería de la esquina o en el chino? ¿Es más caro, más barato? ¿Por qué?

Lo que explotó en cuarentena fueron los bolsones de frutas y verduras de estación. Encargados con anticipación, se buscan en los “nodos”, que pueden ser almacenes o dietéticas del barrio. El bolsón de 8 kilos de producción agroecológica cuesta entre 700 y 800 pesos.

3. Volver a cocinar

Uno de los videos más vistos de Paulina Cocina dura 14 minutos y se trata de un paso a paso para hacer calditos caseros. Está en YouTube y ostenta 1,2 millones de reproducciones. Paulina no es chef pero nos enseña a cocinar con lo que hay a mano. Y es un boom.

Bueno, los calditos. Debe haber más, pero digamos que disponemos de dos opciones. Una es la que acostumbramos: comprar en el súper la cajita que viene con unos rectangulitos de sodio envueltos en papel plateado.

La otra es meter en una olla con agua toda la verdura que quedó relegada en la heladera (o comprar una bandejita para sopa), agregar sal en cantidad y poner al fuego hasta que se convierta en una pasta. El sabor es el mismo, la diferencia es que el caldito casero no será un “ultraprocesado”, ese tipo de alimentos que tienen un montón de ingredientes que no son naturales. Esa es el propuesta de Paulina.

4. Compra virtual y delivery

Quien no contaba con el servicio, se vio obligado a ofrecerlo. Las restricciones para circular hicieron que se naturalizara la entrega a domicilio de alimentos. El mercado se abrió: pescaderías y carnicerías, dietéticas y hasta las tradicionales fábricas de pastas tienen delivery. Lo mismo corre para los alimentos elaborados.

Y aquí otro datomuchos cocineros amateurs preparan en sus casas comida para despachar. En la Argentina, donde cualquier hobby se convierte rápidamente en emprendimiento, hay personas que encontraron una salida laboral en la comercialización de comida casera. Claro que no son comercios habilitados para la venta de alimentos, pero están, existen, y los consumimos.

5. Apostar al pequeño productor

Julia Bottaro tiene 24 años, estudia Artes de la Escritura y el año pasado se recibió de Técnica en Gastronomía. Junto a su pareja, Branko, de 29 años y también gastronómico, crearon Traza, una línea de conservas . Ofrecen berenjenas en escabeche, pickles, chucrut y mermeladas. La marca es sustentable, desde la materia prima hasta los envases.

6. Comer consciente

Una obviedad: el encierro hizo que estemos más cerca de la comida y lejos del ejercicio. Una encuesta de la Sociedad Argentina de Nutrición indica que 6 de cada 10 argentinos subieron de peso. En tiempos donde hacemos lo que podemos, sumar restricciones podría ser demasiado. Además, se sabe, la dietas sin control tienen efectos contraproducentes a largo plazo.

 

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