miércoles , 20 septiembre 2017

¿¡Y si Chile decidiera tomarnos territorios!? ¿Utopía; alucinación…?

Escribe: Miguel Andreis    –       Él es un oficial de alto rango del Ejército. Aún joven. Circunstancialmente compartíamos la mesa. Tiene una visión muy particular sobre lo acontecido en los años de la dictadura. Y no deja de cuestionar al “Terrorismo de estado”. Posición no fácil de hallar entre los uniformados. Sorprende su apertura. No representa al estereotipo de los viejos militares. Sin embargo no fue eso lo que generó cierta inquietud entre los que habitábamos esa charla. Fue lo de Chile que…

Por su profesión específica que acompaña al uniforme, viaja en forma casi permanente a distintas partes del mundo donde se abordan temáticas de su especialidad con militares de otras nacionalidades. Se habló del desmantelamiento de las fuerzas armadas que se viene operando, especialmente después de la Guerra de Malvinas. Sumando Ejército, Marina y Aeronáutica no alcanzarían a los 50 mil hombres que integran las tres fuerzas. No contamos con más de 10 aviones en condiciones de combatir. Armas vetustas de todos los calibres y en la marina la debilidad es notoria. La vieja teoría bajada desde el mismo Estados Unidos sobre la “NO hipótesis de conflicto” y las consideraciones de los sucesivos gobiernos que adhirieron a tales postulados, más la “suspensión” del servicio militar obligatorio, nos fueron dejando las fronteras absolutamente indefensas. La profesionalización de estas fuerzas es indisimuladamente insuficiente frente a cualquier acto bélico que pudiese provenir de otros países. Las posibilidades de mantener una conflagración con Uruguay; Paraguay; Bolivia; Perú; Brasil, etcétera, serían casi inexistentes. No obstante, no dejó de sorprender las minucias del relato de dicho oficial. Narró que en los distintos encuentros que se promueven en diferentes simposios internacionales en charlas con o pares chilenos, una temática se repite. Ellos aseguran que la Patagonia les pertenece. Que está habitada por tantos chilenos como argentinos. Que gran parte de geografía está en manos extranjeras. Que la mayoría de los caminos son pocos intransitables y muy pocos pavimentados. Carentes de escuelas y, si bien el diálogo se da en buenos términos, la convicción de los mismos muy alejada está de toda broma o de sueños expansionistas. “A veces pienso que pasará cuando ellos, hoy jóvenes, lleguen a generales. Se los observa como describiendo objetivos precisos. Más aún, en una ocasión uno de ellos avanzó en un contexto del que era obvio que sus precisiones provenían de una base logística sustancialmente prevista, seguramente bajada de los servicios de inteligencia y muy probablemente, elaborada en las más altas esferas de formación militar del país trasandino. La idea que deslizó a grandes trazos es que ellos tienen pleno conocimiento de la indefensión real de Argentina. Que tomar parte de nuestro territorio no les sería nada complejo”. Suena como alocado el pensar que en estos tiempos, al menos en Latinoamérica, que un país podría invadir a otro sin pagar serias consecuencias. ¿Será tan así?

Lo cierto es que Chile, al menos con Argentina, no tiene nada que ver con las otras naciones que citamos.

Su aversión por nuestro país no es nueva. Aún hoy mantenemos litigios por islas del Sur. Y no es preciso hacer grandes ejercicios de memoria para recordar rápidamente que si no fuese por el Cardenal Antonio Samoré, por el ´78 hubiese corrido sangre en nombre del Canal de Beagle. O aún un hecho más flagrante como el entregar las coordenadas a los ingleses sobre el posicionamiento del Crucero Belgrano, torpedeado posteriormente por las fuerzas de la Tacher fuera de las líneas permitidas, lo que costó cientos de vidas de soldados compatriotas. Una traición que parece que hemos archivado.
Tal vez y es de anhelar que lo dicho por el uniformado chileno solo se trate de una bravuconada que suele poner en superficie el alcohol. Claro, no es el único que piensa de esa manera. Es casi un pensamiento masificado en los hombres de armas. Suena difícil creer que esto se pudiese dar. Tampoco presuponer sobre los tiempos. No obstante, con los chilenos, a quien – personalmente- no siento como hermanos, nada me suena a utopía. Lamentablemente. Bastará recordar que hace pocos años en los libros de textos escolares, en los mapas por ellos elaborados la Patagonia pertenecía a Chile.
El relato del oficial nacional continuó: “El militar del otro lado de la cordillera avanzó en lo que podría ser su gesta. Cruzar, llegar hasta el Río Colorado, que divide a Río Negro y desemboca en mares argentinos, y de allí lanzarse a la toma de provincias como Jujuy, Salta, y otras norteñas. Apoderarse y posteriormente llevar el debate a los organismos internacionales, para más tarde retroceder nuevamente hasta el Río Colorado y de allí prolongar las negociaciones todo el tiempo que haga falta. Toda una definición geopolítica de la estrategia militarista. Es lo que ellos marcan históricamente como de su pertenencia”
No ignoro que este escrito puede sonar a ciencia ficción. A un desfasaje de la racionalidad. Que más de un lector descalifique cada uno de los conceptos aquí transcriptos. Sin embargo, no puedo evitar darle cierta credibilidad a lo contado –sin hablar de tiempos-. También quisiera equivocarme y que esto solo sea una desafortunada expresión sin asidero alguno. Los interrogantes se colorean por sí mismos. Chile, aún sin hipótesis de conflicto, jamás dejó de armarse, apunto tal que después de Brasil fue el país que más dinero invirtió en armamentos. El 5% de lo recaudado con el cobre, (que duplica largamente lo que Argentina cosecha con la soja), se destina a las fuerzas militares. Su carácter expansionista nunca lo perdieron. Ni con el genocida de Pinochet ni con los distintos gobiernos democráticos.
Lo contado recientemente por el alto oficial del Ejército, no lo puedo evitar… me hace ruido.

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