Opinion

Reflexión y prudencia

¿LA HISTORIA SE REPITE? Es probable que hayamos escuchado muchas veces esta frase, que ocupa un lugar destacado en los intríngulis existenciales de filósofos, sociólogos e historiadores. Carlos Marx atribuye a Hegel haber acuñado la idea de que los hechos históricos tienden a repetirse al menos dos veces. La primera vez como TRAGEDIA, y la segunda, como FARSA o COMEDIA. Y este tipo de situaciones puede aplicarse a la HISTORIA PROPIA DE LAS NACIONES Y PERSONAS. Es lo que se ha dado en denominar el “DÊJÁ VU”, esto es, lo que los sicólogos definen como una SENSACIÓN, de haber experimentado antes, una vivencia actual. Es un sentimiento angustiante, porque nunca estamos seguros si se trata de un mero RECUERDO más bien confuso, de nuestro propio pasado, o la reiteración de situaciones reales y paralelas.

EL CASO “DREYFUS”. En 1894, el capitán del ejército francés Alfred Dreyfus (1859-1935), de origen judío, fue condenado por un tribunal militar, a prisión perpetua, a cumplir en el penal de la Isla del Diablo de la Guayana Francesa.  Se le atribuía el ignominioso delito de traición a la patria, por haber entregado documentos secretos a los alemanes. La opinión pública TAMBIÉN CONDENÓ A DREYFUS, influida por sentimientos nacionalistas y antisemitas. Sin embargo, su familia, convencida de su inocencia, comenzó una lucha casi sin perspectivas, para revertir la sentencia. Y para ello recurrieron a un periodista (Bernard Lazare) que comenzó a investigar por su cuenta. En realidad, la cúpula militar francesa sabía que Dreyfus era INOCENTE, y que el verdadero traidor era Ferdinand Walsin Esterhazy, comandante del ejército y portador de un apellido de prosapia en la sociedad francesa. La reacción del Estado Mayor francés fue la de sacar a Esterhazy de Francia y enviarlo a un oscuro destino en el norte de África.

CONTRA TODA ESPERANZA. Un hermano de Dreyfus se atrevió a presentar una denuncia contra Esterhazy, ante el mismo Ministerio de Guerra, pero el verdadero traidor fue absuelto y retornó a Francia en medio de aplausos y aclamaciones. Sin embargo, el ya famoso escritor Emile Zola publica un manifiesto dirigido al Presidente de Francia denominado “YO ACUSO”, un extenso alegato que llevó a muchos intelectuales a cambiar su opinión respecto a Dreyfus. Todo ello provocó un proceso de ESCISIÓN en la sociedad francesa (hoy le llamaríamos GRIETA) con efusión de disturbios, destrucción y muertos. En 1898 el Tribunal Supremo, reabrió el caso, pero en el colmo de la arbitrariedad, condenó nuevamente a Dreyfus a 10 años de trabajos forzados, admitiendo la existencia de “circunstancias atenuantes”. Días después, el Presidente Loubet concedió un indulto que permitió el regreso a Francia del íntegro y honorable oficial, aunque con su salud quebrantada. Tuvieron que pasar otros largos 8 años para que una Corte de Casación reconociera su INOCENCIA, lo que significó su rehabilitación como oficial. Dreyfus sirvió a Francia durante la Gran Guerra (1914-1918), falleciendo en 1935.

LA FALACIA DE LOS “ISMOS”. Este caso dejó al descubierto los devaneos de una sociedad que se deja llevar por el dictado de los sentidos antes que el dictado de la razón. Hubo de todo. Una cúpula militar encubrió a un renegado y crucificó a un íntegro ciudadano, con tal de salvar el supuesto prestigio de una casta. Una opinión pública veleidosa que seguía las directrices de los titiriteros de turno. JUECES VENALES Y CORRUPTOS QUE SE INCLINARON POR LA IMPUNIDAD DEL TRAIDOR Y LA CONDENA AL INOCENTE. Prejuicios de clase, de raza y de ideologías. El falso concepto del honor, que lleva a que el “espíritu de cuerpo” prevalezca sobre la verdad y la justicia. Y, sobre todo, la falsa dicotomía o división de las opiniones, SEGÚN SEA EL LADO DE LA GRIETA EN EL CUAL ESTAMOS ENCARAMADOS.

LA HORA DE LA REFLEXIÓN. La ACCIÓN, sin REFLEXIÓN, generalmente conduce a un país al abismo. No es un proceso súbito, puede demorar décadas en eclosionar. Al ubicarnos en cualquiera de los lados de la grieta, estamos renunciando a una lectura correcta del acontecer. Es como si nos hubiéramos calzado unos lentes que todo lo deforman, o todo lo magnifican, o todo lo minimizan. El “affaire” Dreyfus es nada más que uno de los tantos ejemplos de la maldad que anida en muchas comunidades humanas, a nivel de dirigentes. Es el modelo de la PERVERSIDAD de aquellos que, por la mantención de sus privilegios y prerrogativas, se manejan con la malignidad de esos jueces que condenaron A SABIENDAS a un inocente, y otorgaron impunidad a un CORRUPTO, en beneficio de supuestos valores patrióticos, políticos, religiosos o simplemente humanos. Bajo la máscara de una sociedad civilizada, regresamos a las épocas más primitivas. LA HORA DE LA REFLEXIÓN Y DE LA PRUDENCIA HA LLEGADO. ES LO ÚNICO QUE PUEDE DETENER A LA ARGENTINA, EN SU CAMINO AL ABISMO.

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