lunes , 19 febrero 2018
Foto: El Regional

Puente Vélez Sarsfield… Crónica de un derrumbe anunciado…

Escribe: Miguel Andreis   –    El sábado por la mañana desde los micrófonos de FM Centro un periodista replicaba la preocupación de un ingeniero quien indicaba que la caída del emblemático y centenario puente Dalmacio Vélez Sarsfield, podía transformarse en una realidad. En horas de la noche la alerta se convirtió en un crujido de voz gutural como un grito de auxilio. Se partió al medio. Era la tercera vez que la desidia lo dejó luchando con unas aguas, casi calmas, pero olvidados de la mantención.  Otro emblema histórico de la ciudad que los gobernantes venían desdeñando desde hacía décadas. De nada valió que se lo declarara “Patrimonio Histórico municipal”. Apenas un cartel.

Factor de crecimiento

Esa mole de hierro que cumplió tan importante función entre ambas villas había sido traído desde Italia  por Domingo Faustino Sarmiento a finales de 1870. Fueron dos los adquiridos por el ex Presidente a un precio simbólico. En el lejano país hacía más de un siglo que estaban en actividad por lo que decidieron instalar dos nuevos. Para nosotros se trataba de una imprescindible necesidad. Arribaron absolutamente desarmados  vía ferrocarril. No fue destinado al lugar original ya que sus dimensiones en cuanto a longitud no daban. Por entonces el Tercero no solamente era mucho más caudaloso sino visiblemente más ancho.

En 1881, luego de debatir las autoridades de entonces sobre su instalación, se determina el lugar, que es el actual. Vinieron ingenieros pontoneros de Córdoba y también del orden nacional. Atrás habían quedado el puente de madera de Antonio Santolín  por el que debía pagarse peaje, o las chalupas o chalanas del suizo Stouche que pasaban la mercadería y el correo de un lado a otro o las canoas “Furia” y “Sapo” que transportaban a la gente de una orilla a otra.

Si algo tuvo esta estructura de hierro fue la constante y consecuente falta de mantenimiento de ambas ciudades. Los gobernantes por falta de conocimientos o de medios nunca le dieron la atención elemental. El paso de pesados carros y las inundaciones con significativos volúmenes de aguas se fueron comiendo las bases, absolutamente insuficientes, observaciones de  los mismos profesionales en la materia. Tal vez no se tuvo la suficiente conciencia de la importancia que tenía el mismo.

Pasan unas décadas y en 1927 un  gran caudal hídrico, afloja los cimientos y el coloso de hierro se arrodilla. Se partía en el medio. Un enorme incordio para ambas villas. Una de las promesas en su desandar proselitista, el Turco Salomón Deiver propone que de llegar al sillón de Viñas volvería operativo al Dalmacio Vélez. Y carente de recursos, con enorme ahínco y mayores convicciones, convocando a la ciudadanía, lo volvió a poner de pie. Cumplió su promesa. El trabajo les llevó 15 años. Pero el puente retornaba a ser el punto de conexión entre Villa María y Villa Nueva.

Historia poco conocida

A mediados de los años sesenta cuando se estaban construyendo los monobloques de la Costanera, un desafío inmobiliario de enorme relevancia para la ciudad que, justo es decirlo, el Banco Hipotecario Nacional había otorgado los fondos para el levantamiento de cinco complejos, pero ante el temor de la gestión gobernante de que los mismos no tuvieran demandantes solo levantaron dos. Es por entonces que el Arquitecto Aldo Invernizzi –según consta en nuestro poder en una nota que le hiciéramos por los noventa-, observa el peligroso descalzamiento del puente y piden ayuda a la empresa constructora que estaba atareada en los monobloques y es así como luego de refuerzos y nuevas bases, evitan que el pesado armazón fuese arrastrado por las aguas.

Años más tarde, fines del 80- parte del 90,  deben instalar unos gálibos – rieles que delimitaban la altura- para evitar el tránsito pesado, es que la parte que se asentaba en la orilla de Villa Nueva estaba casi en el aire. Llevó algunos años en ponerlo en condiciones.

Otro puente

Luego llegó el actual moderno e imponente por donde se transita, Gestión de Eduardo Accastello (2013) con fondos que llegaron desde la Nación. Cuyo costo real aún se ignora. Lo denominaron, para no varear, con el nombre de Juan Domingo Perón. En la oportunidad de la inauguración entre otros se encontraba el vicepresidente Amado Boudou. Lo que no se dice es que para su levantamiento se cerró un brazo del río – tiene dos canales, una por cada orilla- lo que terminó de desestructurar las bases del viejo. Curiosamente ni el gobernante aludido ni ninguno de sus especialistas en la materia, ni los de Vialidad Nacional; ni los que vinieron a levantar la obra repararon en algo tan elemental, como que no sufriera más deterioros de los que ya tenía el antiguo puente.

En un escrito que anda circulando por las redes sociales el mismo ex mandatario, Accastello, dice en sus párrafos, que construyó nuevamente otro puente después de 80. Y es verdad. Y está bien –lo de los costos va por otro carril-, ahora, don Luis Eduardo que levanten un puente no quiere decir que hayan descuidado de la manera que hicieron con un patrimonio histórico. Ahí está. Roto y a la espera… Las consecuencias están a la vista.

No olvidar

El Gobierno de Martín Gill ha comunicado a la ciudadanía que junto a Vialidad Provincial echarán manos a su reconstrucción. Esperemos que eso se transforme en una realidad y a corto plazo. Preguntamos a los actuales funcionarios ¿Nadie pensó que cargarle con más de 500 motos al viejo puente, como una salida al estacionamiento de dichos rodados para la fiesta del Anfi, era echarle algo así como 50 toneladas? No es preciso echar culpas o marcar responsabilidades, el desafío de los que estuvieron, de los que están, y de la oposición es sumarse para volverlo a ponerlo de pie… De lo contrario no habremos entendido lo que significa un emblema de obras transformada en patrimonios históricos. Ese mastodonte de hierro encierra una gran parte de la historia de cada uno de los ciudadanos de ambas villas.  Premisa que no debemos olvidar.

 

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