miércoles , 13 diciembre 2017

La “grieta” y la “memoria selectiva”: Las categorías de la muerte

 

Por: JONÁS  (EL PROFETA)  

  1. “LA VIDA DE LOS MUERTOS PERDURA EN LA MEMORIA DE LOS VIVOS”. Esta sublime frase de Cicerón (106 AC-43 AC. Marco Tulio Cicerón. Escritor, orador y político romano), sintetiza una verdad universal. La capacidad retentiva de nuestro cerebro permite tener presente a todos aquellos que conocimos, y que nos precedieron en la transición inevitable. De allí deriva la muchas veces exagerada, frenética y estúpida desesperación por trascender las fronteras de la muerte, mediante hitos y jalones que marquen a las generaciones venideras nuestro corto paso por este mundo. La historia nos enseña que tal morbo, afectó siempre en mayor medida, a dos categorías de humanos: Los políticos y los pudientes. Desde las más humildes menciones en el nombre de una calle o una plaza, hasta las fastuosas tumbas de ricachones, caudillos, reyes, emperadores, tiranos y opresores de toda laya, la historia nos ilustra sobre estas cuasi patológicas ambiciones humanas. Mientras la muerte es la realidad QUE A TODOS NOS IGUALA, los humanos nos empeñamos en utilizarla como una cualidad que nos diferencia.
  2. ARGENTINA 2017. La maldita grieta que nos traspasa como Nación, no podía dejar afuera amargas (y muchas veces infecundas) discusiones sobre el tema. Las secuelas de la represión a las actividades guerrilleras; las derivaciones de la frustración de Malvinas, y las consecuencias de la muerte y posterior ocultamiento del cuerpo del Soldado Carrasco, desencadenaron múltiples disyuntivas de conciencia, que han desgarrado, y siguen desgarrando el tejido social comunitario. Y para peor, muchos “acomodan” su punto de vista en torno a estos temas, a su preconcepción política de coyuntura, sin atisbos de auto crítica, o de comprensión por la postura ajena. Este año ha sido pródigo en hechos que alimentan esta fisura lacerante: La muerte de Santiago Maldonado, el asesinato de 5 hermanos argentinos en Nueva York, la tragedia del ARA San Juan, y hace horas, la muerte de un activista en la zona de Bariloche. Y con cada fallecimiento, se abre un nuevo capítulo de una historia desgarradora.
  3. VILLA MARÍA EN LA HISTORIA. 10-agosto-1974. La presidencia era ejercida por María Estela Martínez de Perón. En ese momento, todas las instituciones políticas (incluyendo los 3 poderes de gobierno) se encontraban funcionando. A las 21:30, seis integrantes del ERP entraron al “Pasatiempo”, hotel alojamientocercano a la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María. Redujeron al personal del hotel y a las parejas que se encontraban en el lugar. El resto de la compañía llegó en autos y camiones. A las 23:30, un total de 60 guerrilleros iniciaron el asalto a la Fábrica, tomando los puestos de vigilancia 1 y 2, gracias a la ayuda de un conscripto simpatizante de la guerrilla. Las escuadras del grupo de recolección se desplegaron hacia las tres compañías del lugar, para copar sus salas de armamento. Por el puesto de vigilancia 1 ingresaron varios vehículos del ERP para recoger el botín, cargando aproximadamente 100 fusiles FAL, 10 ametralladoras Madsen, 4 MAG, 60 subfusiles PAM-M3A1 y cajones de munición, entre otros armamentos,. Otro grupo asaltó el Casino de Oficiales; allí fue apresado y secuestrado el subdirector de la fábrica, Mayor Argentino del Valle Larrabure. Luego, los guerrilleros se retiraron por caminos vecinales
  4. GUERRILLEROS VS POLICÍA. Dos móviles policiales de Villa María se habían aproximado al hotel “Pasatiempo”, PENSANDO QUE SE TRATABA DE SIMPLES LADRONES, tras haber sido puestos en conocimiento de “sucesos extraños”, por una pareja que logró escapar. Los guerrilleros los recibieron a tiros. En cuanto a víctimas, hubo 4 militares, dos policías y un guerrillero heridos. Y un policía y dos guerrilleros muertos. El 23 de agosto de 1975 fue encontrado el cadáver de Larrabure.
  5. MUERTE Y ANONIMATO. A pesar del tiempo transcurrido, tengo muy presente las miles de imágenes que pasaron por mi cabeza al leer las crónicas de entonces. Y con total sinceridad, si bien todas eran impactantes, una de ellas me llegó con especial fuerza: La del policía muerto en el impensado enfrentamiento. Nunca vi su rostro en ninguna foto. No conozco su nombre, ni su edad al tiempo de morir, ni qué familia luego velaría sus restos. Tampoco supe si las autoridades civiles o policiales honraron en especial su nombre. Ese (para mí), anónimo policía, ocupa un lugar en mi memoria. Cada vez que recuerdo el episodio arriba descripto, me llega una imagen borrosa, difusa, de un argentino que murió en el cumplimiento de su deber. Posiblemente su nombre apenas podrá estar inscripto en una simple lápida, en algún lugar que quizás pocos puedan ubicar. Quizás no fue un héroe. Pero de una cosa estoy seguro. No fue ningún cobarde. Y la vida de ese policía desconocido, quizás completamente ignorado, PERDURA, Y PERDURARÁ EN MÍ, porque mi memoria, hace años, dejó de ser SELECTIVA.

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