sábado , 18 noviembre 2017

Justicia, una deuda interminable

¿Llegó el fin de la impunidad como proclaman algunos a boca de jarro? ¿La Justicia argentina ha comenzado a despertar como decretan otros? ¿El Poder Judicial empieza a oxigenarse y a ser independiente en serio de una vez por todas? Más allá de la maratón de detenciones a contrarreloj de ex altos funcionarios kirchneristas, los palacios judiciales tienen aún mucho para demostrar que se están sacando las telarañas de encima y que ya no resultan tan susceptibles a las garras del poder político o económico.

Escribe: Germán Giacchero

La Justicia argentina, sobre todo la federal, se parece mucho a esos nenes terribles que se han portado mal y empiezan a hacer buena letra de repente para que le levanten la penitencia o no les den un castigo mayor. Porque más allá de la prehistórica lentitud para resolver casos calientes y causas urgentes, la repentina toma de conciencia de su función representada por la aceleración de procesos contra exfuncionarios que ocuparon altos cargos en el gobierno kirchnerista arroja al menos un manto de dudas.

No porque De Vido, Boudou & Cía. no merezcan calzarse el traje a rayas y acabar tras las rejas por corrupción y otros delitos, como le pasaría a cualquier ciudadano común en su lugar, con el agravante de haber sido funcionarios públicos. Más bien, porque el efecto contagio de la embestida contra medio gabinete K levanta polvareda sobre las verdaderas intenciones de los hombres de Justicia o al menos sobre las causas reales que llevaron a este desenlace que pocos años atrás resultaba impensado, pero hoy sacude hasta la puerta de la mismísima expresidenta de la Nación.

Ocurre que, desde siempre, la corporación judicial ha sido permeable a las presiones del poder político de turno como a los intereses en juego del poder económico. En esas arenas movedizas, donde ve condicionada su independencia, el Poder Judicial intenta realizar su propio juego y hacer valer su supuesta conducta imparcial a duras penas.

La catarata de detenciones esperables, pero sorpresivas en ocasiones, con imágenes para la posteridad como un ex vicepresidente esposado de madrugada, descalzo y despeinado, no hace más que validar la imagen de una Justicia tardía, oportunista y con el guiño de un ojo, en vez de mantener ambos tapados como metáfora de su integridad.

¿Renace o recae?

Aunque resulte satisfactorio para el gobierno nacional y para casi media Argentina, este contexto no pareciera evidenciar una bocanada de aire fresco o un renacer de la libertad en la Justicia de nuestro país, como pudiera suponerse. Tampoco garantiza el fin de la impunidad, aunque las condenas futuras pudieran resultar ejemplificadoras y sentar precedentes para los jerarcas políticos que sean lanzados al banquillo en el futuro.

La conducta errática de nuestros funcionarios judiciales de todos los niveles, su complicidad o connivencia con sus pares políticos o empresariales, el abrazo de ideologías partidarias en forma explícita atentan contra las aspiraciones, deseos e ilusiones de quienes ven que la Justicia ahora goza de mayor libertad para actuar o que ha comenzado a despertar para hacer las cosas bien de una vez por todas.

¿Cuántos funcionarios del gobierno nacional fueron procesados y juzgados durante la década de poderío K? ¿O acaso no estaban estos mismos tipos que hoy aparecen en todas las portadas mediáticas cometiendo los delitos por todos harto conocidos? ¿O acaso la pasividad  o inactividad judicial no fue garantizada por algunos jueces acólitos al gobierno y otros temerosos de su porvenir si sacaban el pie del plato? ¿O no tuvo la gestión kirchnerista un brazo judicial con los letrados de Justicia Legítima y otros que garantizaban la impunidad por acción u omisión?

Deuda interna

Tras varios meses en espera y tensa calma para observar los movimientos del gobierno de Macri, los palacios judiciales que en principio se mostraban poco activos, comenzaron a actuar y se inició el frenético desfile kirchnerista por tribunales. En estas decisiones, que incluyeron algunas desprolijidades legales, no resultan ajenas las críticas desplegadas desde Casa Rosada y cierta avanzada del macrismo contra la Justicia. El impulso de algunas reformas en la arquitectura judicial ha provocado cortocircuitos y cierto temor por lo que podría venir.

Y, por ahora, la Justicia se muestra condescendiente y mirando hacia otro lado con el poder central. Mientras el juez Lijo desempolvó una causa contra Boudou adormecida en un cajón durante 5 años, otra denuncia contra el actual ministro Aranguren por haber beneficiado en la compra de gas a Chile a Shell, la empresa de la que era accionista y que encabezó durante años, duerme en un escritorio del juez Luis Rodríguez. Al ritmo de trabajo que viene demostrando la Justicia Federal y vistos los antecedentes, habrá que seguir esperando.

Aranguren junto con otro ministro de Macri, Caputo, se encuentra envuelto en el escándalo denominado Paradise Papers, que reveló su participación en sociedades off-shore. En el caso de Aranguren, una de esas sociedades oscuras y cuestionadas que administró ganó 13 licitaciones para suministrar 650.000 metros cúbicos de gasoil al Estado por 240 millones de dólares. Todo eso, mientras Aranguren actuaba como funcionario nacional.

Si es cierto que hay un reverdecer de la Justicia, algún juez debería tomarse la molestia de investigar y actuar en consecuencia en este caso, como en tantos otros. De lo contrario, nada habrá cambiado y todo seguirá como antes. Con una Justicia injusta, lenta, oportunista, parcial, interesada, sensible a la voz de mando de turno y alejada de las necesidades y expectativas ciudadanas.

Pero, sobre todo, la Justicia continuará siendo una deuda interminable para todos los argentinos.

Fuente: Semanario El Regional

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