Opinion

JOSÉ NASELLI | Una grieta ancestral (Cuarta y última parte)

Escribe: Dr. José Naselli   –    RESUMEN DE LO PUBLICADO. FRANCISCO PASQUALI, padre de familia ejemplar, trabajaba en el corralón de materiales del negocio de Ramos Generales, propiedad de encumbrados terratenientes de ONCATIVO. Con más de 20 años de antigüedad laboral, en 1945, fue despedido sin indemnización, por manifestarse en favor de quién se insinuaba como próximo presidente, (Juan Perón). El temor cerval de la clase adinerada. por quien prometía devolver a los trabajadores su dignidad, provocó el despido. Diez años después (febrero de 1955), BENEDICTO NASELLI, que 30 años atrás había ingresado como operario mecánico en la hoy desaparecida Cervecería Córdoba, se desempeñaba como Capataz General de una plantilla de 250 trabajadores. Hijo de inmigrantes, conocía perfectamente lo que significaba la pobreza y las carencias familiares. Se lo reconocía como una especie de puente humano entre la patronal y los operarios. Pero algo iba a enturbiar la hasta entonces pacífica convivencia.

ATRAPADO SIN SALIDA.  También hemos relatado que, corriendo los años 50, la relación SINDICAL PATRONAL en la cervecería, había entrado en crisis. La intención del gobierno de Perón de liquidar judicialmente la fábrica, y entregarla en propiedad al Sindicato Cervecero, motivó a los delegados gremiales de planta, para desatar una escalada conflictiva, alentada desde la central sindical. Aunque la casi totalidad de los obreros permanecieron siempre al margen, los planteos sindicales se incrementaron, generalmente por motivos nimios o inventados. Y el primer escalón del reclamo, era el Capataz General. Esta situación se tornó insostenible para alguien que era en realidad un EMPLEADO con jerarquía, pero empleado al fin. Era sabido que la actitud de los 4 o 5 popes sindicales de comenzar sus reclamos ante el Capataz, devenía de una INQUINA PARTICULAR. Benedicto Naselli, que jamás había pisado un comité ni estaba afiliado a ninguna fuerza política, era conocido por sus simpatías con el radicalismo, y sus nostálgicos recuerdos de Irigoyen y Sabattini. En esos tiempos, ser radical, equivalía a ser visto como UN CIUDADANO DE SEGUNDA, una especie de “enemigo del pueblo”. Según la óptica autoritaria y fascista de la dirigencia peronista de entonces, quién deslizaba públicamente alguna crítica al gobierno, era considerado poco menos que un traidor a la patria.

¡A LA CALLE!!! Una mañana de febrero de 1955, llegó a la cervecería una comitiva encabezada por un diputado nacional, acompañado por la fuerza pública, exhibiendo una orden judicial. Los propietarios fueron expulsados, y las funciones directivas y gerenciales, pasaron a ser desempeñadas por la comisión interna del sindicato cervecero. En menos de una hora, los hijos de Enrique Meyer, que había erigido la planta industrial en 1917, debieron retirar sus efectos personales y abandonar el edificio. Automáticamente, los sindicalistas ocuparon el directorio. ¿Cuál fue la primera medida de gestión? Llamaron al capataz general, y le comunicaron su despido. Benedicto Naselli escuchó en resignado silencio la sentencia, y se encaminó a su casa. A la tarde, en pleno duelo familiar, llegó un telegrama ratificando el despido. ¿Causa? No se especificaba ninguna. ¿Indemnización? Tampoco. Con 52 años de edad, él, su esposa y sus hijos, quedaron literal y materialmente en la calle.

CARA Y CRUZ, Y así arribamos al final de dos historias de vida de dos argentinos que nacieron en los albores del siglo XX. En un paralelo no tan extraño, ambos eran hijos de inmigrantes, y desde niños, fueron signados por la pobreza honrada de quienes trataron de superarse mediante el trabajo sacrificado y la devoción a sus respectivas familias. Ambos, ya en plena madurez, debieron pasar por las angustias del desahucio laboral y sus dramáticas consecuencias personales y familiares. Las causas reales del despido de ambos son también dramáticamente paralelas. FRANCISCO perdió su trabajo por manifestar sus simpatías por Perón, quien se perfilaba como el “redentor” del proletariado. BENEDICTO fue víctima de los sentimientos de revancha y represalia de los adoradores de aquel “redentor”. En un lenguaje liso y llano, Francisco perdió su empleo por manifestarse peronista. Benedicto, por su filiación radical. Han pasado entre 60 y 70 años. La grieta que entonces se insinuaba, dividiendo personas, familias e instituciones, hoy transcurre cada vez más ancha y profunda. Ya podemos hablar de DOS ARGENTINAS que parecen irreconciliables. La historia nos enseña que estas grietas terminan EN TRAGEDIA, LUTO Y MUERTE. La revolución rusa, la guerra civil española, el desmembramiento de la ex Yugoeslavia, con su saldo aterrador de miseria y muerte, fueron la culminación de grietas similares a la nuestra. ¿ACASO VAMOS YA POR EL MISMO CAMINO?

EPÍLOGO. Los personajes de esta historia vivieron largos años, muy cercanos a la centuria. Ambos se fueron a un mundo mejor en paz, y rodeados por el cariño de sus hijos y sus nietos. Y ambos tuvieron en común algo más que la presente historia. Porque Francisco Pasquali fue el padre de mi esposa, Susana.  Y Benedicto Naselli fue mi propio padre.

JOSÉ NASELLI       EX TRIBUNO      VECINO

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