Sábado , 22 Julio 2017
Ilustración: Libre Expresión

JOSÉ NASELLI | Una enfermedad llamada “Grieta”

1.- EL RESQUEBRAJAMIENTO DEL TEJIDO SOCIAL. Se lee, oye, o pronuncia con frecuencia un vocablo que mas allá de su significado meramente literal, cobra un fuerte sentido político. Nos referimos a la llamada “GRIETA”.

Esa palabra presenta abundante sinonimia: Alrededor de 35 vocablos pueden reemplazarla (fisura, fractura, quiebra, falla, brecha, separación, etc. etc.) Pero en la Argentina de hoy, cuando hablamos de enfrentamientos, oposiciones y pugnas políticas, la expresión que funciona como una “auto definición” es “la grieta”.

Con ella queremos significar un enorme resquebrajamiento, rasgadura del tejido social en dos compartimientos casi estancos, impenetrables e incomunicados.

En realidad, estas situaciones son una alteración patológica de la vida comunitaria, que ha marcado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos, y no existe lugar del orbe que en algún momento no haya resultado afectado. Es una verdadera ENFERMEDAD SOCIAL, que puede revestir distintos grados de desarrollo y morbo, y cuya manifestación mas grave la encontramos en las guerras fratricidas, llamadas también “civiles”, en las que se dirimen cruelmente, disputas entre los hijos de una misma patria o nacionalidad.

2.- LOS ENEMIGOS INTERIORES: Utilizando expresiones de Saint Exupéry, la grieta separa (y enfrenta) a un enemigo “interior”. Es casi luchar “contra uno mismo”. Se desafían entre sí habitantes de una misma región, o vecindario, o entre los integrantes de una misma familia, padres contra hijos y hermanos contra hermanos.

La grieta deriva de una malsana y absurda SIMPLIFICACIÓN de nuestras concepciones de lo bueno y de lo malo. Una de las reducciones más comunes es la de ubicarnos como de “izquierda” o de “derecha”. La tradición argentina recuerda a unitarios y federales. Fui testigo cuando el país se dividió por la “enseñanza libre” y la “enseñanza laica”. Y en esos años cincuenta apareció otra necia simplificación: PERONISTAS O GORILAS. Siguiendo al historiador Antony Beevor, estas antinomias terminan convirtiendo a los hermanos en extraños sin rostro, a los sindicalistas y a los patrones en enemigos de clase, y las nociones tradicionales de afinidad de grupo y de comunidad local quedan abolidas de golpe.

3.- LA SEPULTURA DE LA “OBJETIVIDAD”. Nada destruye con mayor rapidez un espacio político – social determinado, que la estrategia del miedo y la retórica de la amenaza. Se forja un ciclo de odios y recelos mutuos sazonados con la cizaña de declaraciones irresponsables. Escuchamos a Jefes de Estado amenazar con la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente). Las partes enfrentadas ven, cada una de ellas, una realidad distinta. La que le devuelven los lentes y cristales a través de los cuales observan y que, evidentemente son distintos a las ópticas que utilizan “los de enfrente”. Esta grieta o rasgadura esteriliza, anula, las mejores y más nobles fuerzas de una comunidad, como son las de la convivencia y el esfuerzo para el progreso y la felicidad Cada hecho se interpreta subjetivamente, conforme la opinión personal (generalmente muy superficial) del que juzga. Y siempre aparece la controversia sobre la cadena de causalidades que condujo a determinada situación (de quién fue la culpa de que sucediera tal o cual cosa).

4.- UNA TERAPIA SANADORA. Es casi un lugar común decir que la primera víctima de una guerra ES LA VERDAD. La grieta es una pugna entre quienes analizan una realidad, divorciados de LA VERDAD. Si la concebimos como una enfermedad, debemos pensar sus terapias Una de las más efectivas consiste en la EXIGENCIA PERMANENTE para que el gobernante, haga de la transparencia, no una grandilocuente expresión tribunera, sino un hecho perceptible de honestidad

¿Cómo se genera una grieta? La respuesta es compleja, pero advertimos que uno de sus orígenes es la corrupción, que apareja pérdida de confianza en la política y en los políticos. Una manera positiva de salvar la grieta, es que el gobernante comprenda que los dineros del pueblo, NO SON DE SU PROPIEDAD. Un gestor honesto es aquel que responde pronta y respetuosamente los pedidos de informes, que rinde cuentas detalladas y documentadas de los gastos de gestión y QUE NO MIENTE sobre el destino final de los mismos. De lo contrario, es lícito y razonable que tal gestor sea sospechado de corrupto. PORQUE UNA GESTIÓN LIMPIA Y DECENTE NO TIENE INCONVENIENTES EN PROPORCIONAR UNA INFORMACIÓN CRISTALINA.

La corrupción es el virus más temible que corroe el tejido social y lo expone a los desgarramientos y las grietas. Es el camino más directo a otras tragedias sociales. Y aunque la justicia humana (y por ende imperfecta) no lo alcance, el corrupto deberá cargar en su conciencia, para siempre, el reproche ético que, con toda seguridad,  la historia le tiene reservado.

JOSÉ B. NASELLI    EX TRIBUNO    VECINO

 

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