Opinion

JOSÉ NASELLI | Una encuesta de hace XX siglos: ¿Jesús o Barrabás?

Foto: Radio Centro

Escribe: José Naselli    –       SOMETIDO A JUICIO. Hace unos dos mil años, en una región de la Judea que lucía, entonces, como una provincia dependiente del vasto Imperio Romano, un predicador de la Verdad Revelada anunciaba a sus seguidores el momento del sacrificio supremo: “…ha llegado ya la hora en que seré entregado en manos de los pecadores. El que me hará traición está cerca…”. Y llegada una partida de esbirros, “lo ataron y con malos modos lo llevaron a Anás y de allí a Caifás, el cual aquel año era pontífice de los Judíos”. “Todos los que estaban reunidos en casa de Caifás, buscaban acusaciones para condenarlo ä muerte. Mas, echando de ver el pontífice que carecían de fundamento todas estas imputaciones, dijo a Jesús: Te conjuro en nombre de Dios que me digas si tú eres el Cristo, el hijo de Dios. Jesús contestó: Tú lo has dicho; lo soy. Y me veréis sentado a la diestra de Dios venir sobre las nubes. Al oír estas palabras Caifás se rasgó los vestidos y exclamó: Ha blasfemado; ¿Qué os parece? Todos contestaron: Reo es de muerte”

DE LA JUSTICIA PROVINCIAL A LA FEDERAL. “Aunque Caifás pronunciara sentencia de muerte contra Jesús; sin embargo, como ya no tenían el poder supremo los Judíos, no podía ejecutarse si no recibía confirmación de Poncio Pilatos, enviado por los Romanos ä gobernar la Judea. Conducido por este motivo Jesús ante Pilatos, fue acusado como alborotador de la plebe, y también de que impedía pagar el tributo al César y pretendía hacerse rey de los Judíos”. “Entre tanto las turbas instaban para que se le condenase a muerte. Pero, conociendo Pilatos que era inocente, le quiso salvar; y como era costumbre poner por Pascua en libertad ä un reo condenado ä muerte, propuso al pueblo que escogiera entre Cristo y un asesino, llamado Barrabás. Creía Pilatos que salvarían ä Jesús; más el pueblo instigado por los Sacerdotes y los Fariseos, pidió a gritos que se pusiera en libertad a Barrabás. Entonces dijo Pilatos: ¿Qué haré con Jesús Nazareno? y todos gritaron: Sea crucificado, sea crucificado. ¿Qué mal ha hecho? preguntó Pilatos. El Pueblo frenético repitió: Sea crucificado.

EL JUEZ QUE SE LAVÓ LAS MANOS. A estas instancias repuso Pilatos: ¿Queréis que crucifique a vuestro rey? Respondieron: No tenemos más rey que el César. Él replicó: Tomadlo, pues, vosotros; yo no hallo en él culpa alguna. A estas observaciones replicaron más furiosos: No tenemos poder para darle muerte, pero según nuestra ley debe morir. Si tú lo pones en libertad, eres enemigo del César; puesto que, haciéndose rey, se rebela contra el César. Viendo Pilatos la inutilidad de sus esfuerzos para librarlo de la muerte, pues crecía la rabia y el furor del populacho, hízose traer agua, y, en presencia de la multitud, lavóse las manos haciendo la siguiente protesta: Soy inocente de la sangre de este Justo, arreglaos allá vosotros. Todo el pueblo en masa, cegado por el furor, frenéticamente gritó: La sangre de éste caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Jesús fue, pues, entregado por Pilatos en manos de los verdugos, los cuales le hicieron sufrir toda suerte de tormentos y después le vistieron sus hábitos y pusieron sobre sus hombros una pesada cruz.

VEINTE SIGLOS NO SON NADA. Este brevísimo relato fragmentario de la pasión y muerte de Jesús (trascripta TEXTUALMENTE de un libro de Historia Sagrada escrito por un sacerdote hoy venerado como santo en los altares), nos revela que, desde siempre, personas a las que se les confería el altísimo honor de hacer justicia, SE DESHONRABAN A SÍ MISMAS, Y DESHONRABAN LA INSTITUCIÓN QUE LOS COBIJABA, tomando decisiones que contrariaban incluso sus propias convicciones tanto como jueces como personas. El fácil recurso de algunos magistrados, de declararse incompetentes para resolver (Caifás), o la actitud de “lavarse las manos” (Pilatos) hoy resulta algo común y corriente. Hace unos días leí una frase que merece reflexión: “LOS JUECES TAMBIÉN LEEN LAS ENCUESTAS”. Para un lector desprevenido, la reacción de la multitud equivalía a toda una encuesta de popularidad, o como se dice ahora, DE IMAGEN. Además, LA INFLUENCIA DE LOS PODEROSOS SOBRE LOS JUECES, era evidente. Ya que cuando Jesús se proclamaba Rey (aunque aclaraba que su reino no era de este mundo), sin duda que los que gobernaban, temían perder sus sillones de gobierno, e influían en los jueces para que prevaricaran en sus decisiones. Volviendo al presente, SABEMOS QUE LA INMENSA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN CUMPLE CON LA LEY. PERO QUE LOS PODEROSOS, PROTEGIDOS POR LA CORAZA DE UNA IMPUNIDAD SIN LÍMITES, EVADEN SUS OBLIGACIONES, YA SEAN TRIBUTARIAS O INSTITUCIONALES. MÁS QUE UNA IDEA, YA ES UNA CERTEZA. Y VILLA MARÍA NO ES UNA EXCEPCIÓN.

UNA REFLEXIÒN FINAL. Han pasado dos mil años. De Barrabás, el gran ganador de aquella elección, y de los jueces que lo liberaron, apenas queda una casi olvidada memoria histórica. Jesús y su mensaje, siguen vivos Y LO SEGUIRÁN POR SIEMPRE.

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