JOSÉ NASELLI | Historias de aquí y de allá, de los Apeninos a los Andes

PRIMER DÍA DE CLASES. Marzo de 1947. Reencuentro de condiscípulos, en los patios del Colegio Salesiano de Córdoba. Todo era bullicio y alegría. Comenzábamos el 5º grado (hoy 6º), de la primaria. Mientras esperábamos el llamado de la campana, observábamos una veintena de chicos, ajenos al jolgorio. Juntos, serios, callados, concentrados en quien sabe profundos pensamientos. Luego supe que eran ITALIANOS. Y algo los distinguía del resto: La vestimenta. Todos lucíamos pantalones cortos. Pero los de los italianos lucían ridículamente cortos. Alguien, sugirió que estaban pasando apremios económicos. Otro los bautizó como “pantalones de 3 x 5”. Años después supe que tenían plena conciencia de que sus mini pantalones los condenaban a ser mirados como una especie zoológica distinta. El tañido de la campana puso fin a las especulaciones, formamos frente a las aulas, los maestros pasaron lista, y entonces supe que seis “italianitos” compartirían mi clase. Todos, con el tiempo, se integraron al resto, fueron buenos compañeros, brillantísimos alumnos y las diferencias de idiomas y costumbres quedaron atrás.

UNA AMISTAD PERDURABLE. Con dos de los “tanitos”, forjé una gran amistad: Los hermanos FRANCO y PIERGIORGIO, con quienes compartí los dos últimos grados de la primaria y los dos primeros de la secundaria. Nos unía la pasión por la música. Franco, tocaba el violín. Su hermano (a quien llamábamos Pedro) el acordeón. Ambos llegaron a formar parte de un conjunto musical juvenil, conducido por el maestro Eduardo Baravalle, prestigioso director de una orquesta típica de la Córdoba de aquellos años.

LA VUELTA AL HOGAR. Un día me anoticio que los padres de mis ya íntimos amigos, habían decidido retornar a Italia. Volvían a la ciudad de TRENTO, al norte de la península. Fue una triste noticia para mí. Pero cuando la amistad es grande y sincera, las distancias se acortan. Los contactos epistolares se facilitaron con la aparición de las nuevas tecnologías. Con el tiempo, Franco se recibió de ingeniero, y dirigió emprendimientos relativos a la construcción de medios de elevación en los Alpes Dolomíticos. Pedro (hace un mes apenas que Dios lo llamó a su lado), resultó un arquitecto destacado, que dejó realizaciones perdurables y magníficas en diversas obras de arquitectura de Trento. Pero lo que siempre constituyó un misterio para mí, fue la razón por la cual decidieron volver a Italia. Pensaba en cuestiones vinculadas a la economía familiar. Más de medio siglo después, fui invitado por Franco a la fiesta de casamiento de uno de sus hijos. Allá nos llegamos con mi esposa. Además de pasar días felices e inolvidables, para mi sorpresa, me fue develado el misterio.

LA MALDICIÓN DE LAS GRIETAS. El 10 de junio de 1940 Italia ingresó a la Segunda Guerra Mundial. Las consecuencias de esa fatídica decisión, tomada por el dictador fascista Benito Mussolini, fueron sencillamente, desastrosas. La derrota definitiva en mayo de 1945 dejó un país abatido por el apocalipsis. Italia padecía horrores por la muerte de miles de jóvenes en lejanos frentes de batalla, la secuela de otros miles de mutilados, su economía quebrada y su territorio ocupado. Y lo que era quizás peor: Su entramado social hendido por una PROFUNDA GRIETA IDEOLÓGICA alimentada desde dentro y desde fuera. En 1946, un referéndum selló el fin de la monarquía, y la nueva constitución republicana significaba que el futuro gobierno surgiría de elecciones. Luego de más de 20 años de dictadura, las opiniones se polarizaron entre dos opciones netamente diferenciadas. Por un lado, la DEMOCRACIA CRISTIANA, favorecida por una de las potencias ocupantes, los EEUU. Enfrente, los entonces poderosos partidos marxistas, esto es, el SOCIALISMO y el COMUNISMO, respaldados por otra de las potencias vencedoras, la URSS. Y si bien el resultado de las elecciones era incierto, no cabía ninguna duda que, de ganar los partidos estalinistas, UNA CORTINA DE HIERRO cercaría el país, sometiéndolo al mismo régimen de naciones esclavas del este europeo, como Hungría, Polonia, Checoeslovaquia, los países Bálticos y parte de Alemania. La enorme grieta ideológica, no presagiaba nada bueno para el futuro. Fue entonces que los padres de Franco y Piergiorgio decidieron prevenirse y anticiparse a un posible cierre de fronteras. Con el tiempo, el triunfo electoral de la Democracia Cristiana primero, y la inserción del país, en el llamado “europeísmo”, después, los fantasmas se desvanecieron, y la “vuelta a casa” se impuso.

¿QUO VADIS ARGENTINA? Hoy, cuando compruebo a diario que mi propio país está surcado por una grieta tan amarga como profunda, no puedo menos que meditar sobre las consecuencias de esta situación que lejos de atenuarse, pareciera se ahonda cada día más. Cuando el maquiavelismo más aberrante se ha apoderado de los partidos políticos, las organizaciones sindicales, los gremios empresariales. los cenáculos del saber y de la cultura, y hasta se especula con la QUIEBRA ECONÓMICA DEL PAÍS Y SU CONSECUENTE FRACTURA INSTITUCIONAL, como un medio para recuperar espacios de poder signados por la corrupción y la decadencia moral, no dejo de inquietarme. Conocemos unos seis mil años de la historia del mundo, y pareciera que, de tal experiencia, NO HEMOS APRENDIDO ABSOLUTAMENTE NADA.

JOSE NASELLI – EX TRIBUNO – VECINO   

 

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