Opinion

JOSÉ NASELLI | Cuando la patria verdaderamente estuvo en peligro ¡El desacatado!

Escribe: José Naselli   –  LA HISTORIA OLVIDADA. El período que comenzó el 1º de julio de 1974, cuando María Estela Martínez de Perón, (conocida como Isabelita) asume la Presidencia, y que se prolongó hasta el fatídico golpe de estado del 24 de marzo de 1976, es uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia. La notoria incapacidad política de quién llegara al más alto sitial gubernativo, por el mero albur de haber integrado la fórmula electoral Perón-Perón, se reflejó en hechos y actos aberrantes que sumieron al país en un caos de tal magnitud, que operaron como “bandeja de plata” para justificar a quienes luego tomarían el poder, en función de un llamado Proceso de Reorganización Nacional, Los sucesos del BIENIO “ISABELIANO” han sido cuidadosamente ocultados o disimulados por los posteriores  gobiernos “justicialistas”. El 2 de junio de 1975 asumió como Ministro de Economía Celestino Rodrigo. Días después nos despertamos con la noticia de que el peso se había devaluado un 150% en relación al dólar; las tarifas de los servicios públicos y transporte aumentaron un promedio del 100%; el precio de los combustibles hasta en un 180%; y se anunció el futuro aumento de los salarios en dos pasos, uno del 38% y otro del 40%. El resultado en la economía fue inmediato: la inflación se descontroló, alcanzando al 21% sólo en el mes de junio; en los dos meses siguientes, alcanzaría el 35% y el 24% mensuales.

EL HILO SE CORTA POR… Durante los primeros días del “RODRIGAZO”, la economía quedó virtualmente paralizada. En Villa María, la gente se arrimaba hasta la llamada “Ruta Pesada” para asistir a un espectáculo increíble. El tránsito de camiones y autos particulares había desaparecido. Luego, poco a poco, la vida volvió a una rutina más normal, pero el “día a día” se había tornado dificultoso. Y una de las consecuencias más inmediatas y dolorosas, fue la OLA DE DESPIDOS que abatió al país. Los telegramas dando por terminada la relación laboral eran pan de todos los días. Una especie de “sálvese quien pueda” entre patronos y obreros. Y por supuesto, en cada caso, el hilo se cortaba por lo más delgado.

EL DEPARTAMENTO DE TRABAJO. En ese entonces funcionaba, al 1500 de calle Mendoza, una delegación del Departamento Provincial del Trabajo. Su DELEGADO, en Villa María, era, lógicamente, persona de PROFUNDO CUÑO JUSTICIALISTA, lo mismo que su ASESOR LETRADO. Las oficinas desbordaron de decenas de obreros y abogados promoviendo el trámite de “conciliación”, que obligaba al patrón a concurrir a una “audiencia” a la que asistía acompañado, por supuesto, por otro abogado. Al poco tiempo reinaba el caos. Apenas dos empleadas estaban autorizadas a labrar las actas de las audiencias. Y ninguna de ellas se destacaba por su dactilografía. Así, una audiencia que podía sustanciarse en 20 minutos, insumía más de una hora. Pero eso no era todo. Se citaba para la misma hora, a 4 o 5 audiencias, cuando apenas se podían tomar dos a la vez. Así perdí varias mañanas completas.

GENIO Y FIGURA… Fue en una de esas exasperantes esperas en que se me ocurrió elevar una queja pública: Escribí una corta nota “denunciando” el despelote organizativo de la oficina laboral, por la ausencia de racionalidad en los horarios de audiencia, y la falta de idoneidad funcional de sus empleados. Y por supuesto, RESPONSABILIZANDO DE ELLOS AL DELEGADO A CARGO. Al día siguiente la nota lucía, destacada, en las páginas del matutino.

ARRÉSTEME SARGENTO… Pasaron pocos días cuando, llegando a Tribunales, me cruzo con un Secretario de uno de los Juzgados de Instrucción que me saluda con esta frase: “Quédate tranquilo, José, que no pasa nada”. Pero ¿De qué me tenía que quedar tranquilo? No recordaba haber asesinado a nadie. El mismo Secretario me cuenta que quien era entonces Asesor Letrado del Departamento de Trabajo había presentado una DENUNCIA PENAL en mi contra, suscrita a su vez por el DELEGADO, por considerar que la nota publicada en el matutino de la Ciudad, configuraba DELITO DE DESACATO. Pero leído el texto de la denuncia por el Juez, la había desestimado “in limine”, ya que mis expresiones no constituían delito alguno.

COSECHARÁS LO QUE HAS SEMBRADO. Han pasado casi 45 años de este suceso, y seguramente sus protagonistas no tendrán recuerdo de ello. Pero en estos días en que desde uno de los bordes de la grieta se escucha la frase repetida en forma mecánica, de que la patria se encuentra en peligro, me pregunto: ¿Quiénes REALEMENTE pusieron en peligro a la patria? LA SOBERBIA DE QUIEN DESDE LO ALTO DE UN TABURETE BUROCRÁTICO FUE INCAPAZ DE RECONOCER SU INCOMPETENCIA, ES EL BOTÓN DE MUESTRA DE UNA ÉPICA HOMÉRICA Y FASCISTA QUE HA DESTRUÍDO NUESTRO PAÍS. Leo en las crónicas de entonces, que una salida democrática hubiera sido la renuncia de “LA SEÑORA” Isabelita, para que quienes le seguían en la lista sucesoria oxigenaran la situación política y probablemente SE HUBIERA EVITADO EL GOLPE DE ESTADO Y SUS TERRIBLES CONSECUENCIAS. Pero la TERQUEDAD es mala consejera. Y la terquedad es hija de la SOBERBIA. Y POR ALGO LA SOBERBIA ES CONSIDERADA UN PECADO CAPITAL.

 

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