miércoles , 23 mayo 2018
Admiral Graf Spee

JOSÉ NASELLI | Crónicas secretas de la 2° Guerra Mundial, nuestro Córdoba ¡invadida!

 

Foto: Radio Centro

Escribe: JOSÉ NASELLI –  Imágenes de la infancia. En un ya lejano noviembre de 1937, en el Barrio Alberdi de la Ciudad de Córdoba, abrí mis ojos a la vida. Mi casa natal lindaba con la hoy derruida Cervecería Córdoba, donde trabajaba mi padre. A unas 5 cuadras, sobre la entonces “calle” Colón, vivían mi abuelo paterno, y varios tíos. La cercanía invitaba a las visitas asiduas. Para “acortar” camino, nos llegábamos hasta la margen del entonces “Río Primero” (a la altura de la “Isla de los Patos”) y alcanzábamos la Colón a través de una cañada conocida como “El Aguaducho”, desagüe natural de las aguas llovedizas. Hoy. entubado y urbanizado, se lo conoce como Paseo de la Reforma.

UNOS TIPOS ALTOS Y RUBIOS. En la esquina de Santa Rosa, y Aguaducho, se levantaba un hermoso chalet, inmenso, coronado con tejas rojas y rodeado por un vasto parque, separado del canal por un simple tejido de alambre. Conservo vívida la reiterada imagen del parque, poblado por jóvenes que, o bien jugaban algún picadito futbolero, o simplemente se entretenían observando. Con el tiempo, me llamó la atención el pelo rojizo, a veces amarillento, de muchos de ellos. Y el reiterado comentario de mis padres que, al pasar por allí, los aludían como “LOS MARINEROS DEL GRAF SPEE”.

LA GUERRA. También recuerdo las primeras explicaciones de mis padres, respecto a la presencia de esos “altos y rubios”. En setiembre de 1939 había estallado la Segunda Guerra Mundial”. Estos jóvenes eran parte de la tripulación de un acorazado alemán (el Admiral Graf Spee), asignado para patrullar las aguas del Índico y del Atlántico, y obstruir el tráfico de los cargueros que abastecían a las fuerzas inglesas. El destino quiso que, en soledad, enfrentara en dura batalla a varios navíos ingleses. Ocurrió el 13 de diciembre de 1939, en el estuario del Río de la Plata, frente a Montevideo. Con serias averías, el buque alemán se dirigió al puerto uruguayo. El gobierno oriental, fuertemente influenciado por el inglés, dispuso que el barco debía abandonar el puerto en 72 horas, insuficientes para efectuar las reparaciones. Por ello su capitán (Hans Langsdorff) optó por llevar el acorazado fuera de la rada montevideana y luego de transferir la tripulación a barcazas argentinas, ante la azorada vista de más de 20,000 personas agolpadas en el puerto, (que palpitaban la reanudación de la batalla), dinamitó y destruyó su propio barco. Así, capitán y tripulación (1.055 personas) fueron trasladados a Buenos Aires. Dos días después, Langsdorff se suicidó. En Uruguay quedaron 36 muertos y varios heridos. El gobierno argentino decidió “internar” a los alemanes, hasta el fin de la guerra, en varias ciudades. A Córdoba le correspondieron 250 ex tripulantes. No sé si todos, o sólo parte, fueron alojados en el chalet de calle Santa Rosa.

LOS AVATARES DEL DESTINO. Las condiciones de “internación”, de hecho, estuvieron lejos de ser rigurosas. Frente a mi casa se encontraba el predio del Club Cervecería Córdoba. Los fines de semana, su cancha de básquet se convertía en pista de baile. Los nuevos vecinos, “altos y rubios”, departían alrededor de mesas bien provistas de la mejor cerveza. Y se convertían en alumnos aventajados de los cursos sobre tangos y milongas dictados por las “profesoras” de la barriada “celeste”. Muchos “internados” formalizaron matrimonio y tuvieron hijos con nuestras cordobesitas. Otros, (finalizada la contienda), fueron repatriados, pero retornaron voluntariamente y se establecieron aquí para siempre. Villa General Belgrano y La Cumbrecita conocen bien estas historias.

MOSTRANDO LA HILACHA. Marzo de 1945. Con 7 años cumplidos me animaba a caminar solito el Aguaducho. Un día, al pasar junto al “chalet” quedé paralizado por la sorpresa y el susto. Camuflados en la vegetación esquinera, distingo a varios soldados cuerpo a tierra, y los ominosos reflejos de una ametralladora y otras armas apuntando a la entrada principal. El otrora bullicioso parque estaba desierto y mudo. Cuando, excitado, le conté a mis padres, la explicación llegó instantánea. Argentina, (neutral durante todo el conflicto) había cedido a las presiones de Estados Unidos e Inglaterra. El 27 de marzo de 1945, cuando Alemania estaba a punto de capitular, nuestro gobierno LE DECLARÓ LA GUERRA. Así, luego de casi 6 años de pacífica convivencia, los amigables “altos y rubios”, se habían convertidos en nuestros ENEMIGOS E INVASORES. La burda fantochada diplomática continuó hasta que, 40 días después, se rindió Alemania. ARGENTINA HABÍA GANADO LA GUERRA. El Presidente (de facto) era Edelmiro Farrell. ¿quién era entonces su Ministro de Guerra? Se llamaba JUAN DOMINGO PERÓN.

JOSÉ B. NASELLI EX TRIBUNO – VECINO

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