Opinion

JOSÉ NASELLI | Campañas electorales y corrupción: Fraude y proselitismo

UN ESCÁNDALO QUE CRECE. Las denuncias sobre el financiamiento irregular de la campaña de Cambiemos en la Pcia de Buenos Aires para las últimas elecciones, ha desnudado uno de los aspectos más escandalosos de las tramas maquiavélicas dirigida a ganar elecciones. La investigación judicial, recién ha sido abierta. Pero las ramificaciones mediáticas son más veloces que el paso de caracol de los jueces. La remoción de quien fuera tesorera de los fondos en la campaña, y las promesas de pronto envío de proyectos legislativos dirigidos a transparentar el sistema de financiamiento de los partidos, no han podido atemperar el debate sobre estas cuestiones tan viejas como la historia, pero tan nuevas como el sol que aparece día tras día. Las sospechas de campañas electorales financiadas con dineros provenientes del NARCOTRÁFICO, de grupos empresariales inescrupulosos o sectores ideológicos extra nacionales, están volviendo al tapete. Palabras como Petrobras y Odebrecht están sonando nuevamente. Como la saga de los dólares de las valijas de ANTONINI WILSON, de las que nadie se hace cargo hoy. Pero de algo podemos estar seguros: LA UTILIZACIÓN DE LOS DINEROS PÚBLICOS PARA LA PROMOCIÓN DE CANDIDATURAS ELECTORALES, ES UN ACTO MORALMENTE REPUDIABLE, que convierte a quienes incurren en tal práctica. en simples DELINCUENTES. El credo democrático resulta incompatible con la falta de transparencia en la financiación de las campañas. Y quienes recurren a tan deleznable práctica, merecen que les caiga todo el peso de la ley. Lamentablemente, en muchos casos, LA CORRUPCIÓN ESTÁ ASOCIADA A LA IMPUNIDAD, cuando los jueces inclinan su cerviz frente a los poderosos.

UN SILENCIO QUE AGOBIA. Han pasado ya unos 4 años, desde que trascendió de que el Municipio de Villa María instalaría en la Ciudad de Córdoba, una “REPARTICIÓN MUNICIPAL”. A tales fines, el ex intendente Eduardo Accastello y su entonces Jefe de Gabinete José Carignano, firmaron un oneroso contrato de locación por un inmueble ubicado en pleno centro cordobés. Por una rara coincidencia (las casualidades no se dan sólo en las películas), esta acción coincidía con el comienzo de una campaña electoral dirigida a consagrar un nuevo gobernador de nuestra querida provincia, y el Sr. Accastello era uno de los candidatos a tan preciado sillón. No vamos a reiterar aquí detalles de la contratación y su posterior tratamiento en el Tribunal de Cuentas, pero JAMÁS (repito por si alguien no entiende bien el castellano) ·JAMÁS, ni el Sr. Accastello, y menos el Sr Carignano, respondieron a la requisitoria de los Tribunos para que aclararan lo siguiente: ¿Qué repartición, concretamente, iba a funcionar en el edificio alquilado? Tampoco ese dato fue aportado por quien ejercía la Presidencia del Tribunal. Y mucho menos por quienes tenían otras funciones de gobierno, como varios de los actuales concejales del justicialismo. Y mucho menos por la entonces Secretaria de Economía Contadora Verónica Navarro, de cuya repartición provenían las incontables órdenes de pago que durante meses y años se emitieron para pagar los gastos de instalación y funcionamiento de la “REPARTICIÓN” anunciada. Incluso, con el auspicio del mismo gobierno comunal, se montó una INAUGURACIÓN de la ignota “repartición”, incluyendo vehículos de traslado fletados por el Municipio. Si se consultan las fotos de los periódicos de la época, se distingue nítidamente EN PRIMERA FILA, a nuestro actual intendente Dr. Martín Gill.  Como yo no fui invitado, me quedé con las ganas de saber QUE DIABLOS SE INAUGURABA. Calculo que debía ser algo muy importante, dado que todos los villamarienses habíamos puesto varios millones de pesos para dotar a esa misteriosa “repartición” de muebles, cuadros, computadoras, personal, etc. etc. Traté de enterarme por los diarios, que además de las fotos, reseñaban discursos muy elocuentes, PERO EN NINGUNO DE ELLOS SE ALUDIA A LA FUNCIÓN CONCRETA de esa casa municipal. Por boca de algunos afortunados, logré enterarme de que, si alguien visitaba dicha casa, se le proporcionaba abundante información sobre la extraordinaria TRANSFORMACIÓN que había experimentado Villa María, gracias a la gestión del entonces candidato Eduardo Accastello. Pero todavía me esperaban otras desilusiones. Unos meses luego de asumir el Dr. Martín Gill, me entero por la prensa que se había decidido CERRAR la casa cordobesa, lo que implicaba, necesariamente, rescindir por anticipado el contrato de locación, A PURA PÉRDIDA Y CON GRAVE PERJUICIO DE LAS ARCAS COMUNALES. Pero ni el Dr. Gill, ni su Jefe de gabinete Dr. Muñoz, ni su Secretario de Gobierno, Sr. Sachetto (tan locuaz este último en algunas oportunidades) abrieron la boca para dar una mínima razón de esa circunstancia. El “GOBIERNO ABIERTO” mantuvo (y sigue manteniendo) la BOCA CERRADA. Como también callan los dirigentes del Justicialismo local, que fueron en su momento, en mayor o menor grado, partícipes de estos acontecimientos. Hoy pareciera que la ESTRATEGIA DEL SILENCIO está dando sus frutos, y este gravísimo episodio de la historia de la ciudad quedará arrumbado en el baúl de las cosas olvidadas. Pero por suerte, hay una JUSTICIA DISTINTA que no se puede comprar ni convencer. Es una justicia que trasciende las miserias humanas. Y su sentencia resultó INAPELABLE. Fue la sentencia del SONORO CACHETAZO DE LA URNAS cuyos ecos perdurarán por siempre.

JOSÉ NASELLI – EX TRIBUNO – VECINO

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