Opinion

Club de la corrupción de villa maria NOTA #4/ JOSÉ NASELLI | Cambalache Siglo XXI: La degradación de la toga

Foto: Radio Centro

Escribe: José Naselli    – CAMBALACHE SIGLO 21

LA DEGRADACIÓN DE LA TOGA

¿QUÉ ES LA “TOGA”? Literalmente, la TOGA fue una vestimenta distintiva de la Antigua Roma, consistente en una larga tela que se enrollaba alrededor del cuerpo, sobre el resto del ropaje usual. Era el distintivo de cónsules, senadores, sacerdotes, y por supuesto, de los PRETORES, que era el nombre que entonces recibían los jueces. Simbólicamente, hoy representa los valores morales e intelectuales a los que deben ajustarse los magistrados, esto es, seriedad, decoro, mesura, compostura, dignidad, recato. prudencia, capacidad de evaluación, pensamiento crítico, respeto y potestad. La toga, ES EL TRAJE DE AUTORIDAD DE LOS JUECES. En nuestro país los jueces no visten toga. Pero desde un lenguaje figurado, podemos decir que están revestidos de una TOGA IMAGINARIA que es representativa de los valores éticos propios de tan alta dignidad.

LOS JUECES NO SON DIOSES. Como todo ser humano, están sujetos a los condicionamientos, imperfecciones y limitaciones propias de la materialidad de lo físico. Pero como personas, deben sublimar tales aspectos, y elevarse sobre el resto de los mortales, en función de la alta responsabilidad de sus decisiones, de cara a la sociedad que los ha ungido como dispensadores de JUSTICIA. Un juez que claudica, por la razón que fuere, e inclina la balanza en función de otros intereses, que no sean DAR A CADA UNO LO SUYO, está DEGRADANDO LA TOGA que lo abriga, (además de degradarse ante sí mismo y ante la sociedad a la cual deberá servir). Todo delito conlleva un detrimento moral inevitable. Pero el prevaricato, el cohecho, el retardo y la denegación de justicia, y en general toda decisión derivada de un ejercicio torcido de la función judicial, conlleva un componente de inmoralidad realmente abominable. Y se agrava aún más cuando se resuelve en función de los intereses o designios del PODER POLITICO DE TURNO.

EL SILENCIO QUE CONDENA. Hace un tiempo, desde las generosas páginas de “EL REGIONAL”, expresé lo siguiente: “Durante las últimas administraciones comunales, se quebró con absoluta impunidad el ordenamiento legislativo municipal. Se canalizaron fondos “a través del ENINDER” escapando a todo control institucional. Se denunciaron sobreprecios en la obra pública. Se falsificaron firmas para forzar cesiones de derechos licitatorios a favor de terceros AMIGOS DEL PODER. Se violó el texto contractual de un convenio para forzar el desvío de fondos. Se ocultó sistemáticamente la aplicación concreta del flujo de dinero para la construcción de viviendas sociales. Se invirtieron millones en propaganda institucional en épocas de VEDA ELECTORAL. Jamás se respondieron los pedidos de informes. Se utilizó el dinero de los vecinos ELUDIENDO LAS RENDICIONES DE CUENTAS. Se contrató ilegalmente el alquiler de un inmueble en la Ciudad de Córdoba con el FALSO PRETEXTO de instalar allí una repartición comunal. Se utilizó el erario público para el mantenimiento del COMITÉ CAPITALINO de un candidato a gobernador. DESAPARECIERON LAS DECLARACIONES JURADAS DE UN INTENDENTE BAJO INVESTIGACIÓN JUDICIAL. Esas y otras irregularidades llevadas a la justicia, o fueron cajoneadas o rápidamente archivadas, u objeto de un SIMULACRO DE INVESTIGACIÓN epidérmica y superficial”.

     “La claudicación de algunos, es lo que permite que los responsables de estas perversidades, sigan gastando los siempre mullidos y redituables sillones del poder, o nos sorprendan ejerciendo como CATEDRÁTICOS DE LA MORAL CIUDADANA, a la sombra de una administración que sigue bloqueando sistemáticamente toda investigación o información al respecto”.

SERÁ JUSTICIA. El estruendoso y cobarde silencio de los que no se dieron por aludidos, me hizo recordar la última estrofa del “Cambalache”: Para esos jueces que degradaron la toga, “…ES LO MISMO EL QUE LABURA, NOCHE Y DÍA COMO UN BUEY, EL QUE VIVE DE LOS OTROS, EL QUE MATA, EL QUE CURA, O ESTÁ FUERA DE LA LEY”. Y aunque se sientan a salvo de la vindicta pública, en algún otro tiempo y en algún otro espacio, un Tribunal cuyos fallos son inapelables, HARÁ JUSTICIA.    

JOSÉ NASELLI – EX TRIBUNO – VECINO 

  

 

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